La Crónica de hoy

De policías y estrategias

Elino Villanueva González

De policías y estrategias

Periodismo

Octubre 25, 2017 21:35 hrs.
Periodismo Estados › México Guerrero
Elino Villanueva González › guerrerohabla.com

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Nada altera la tranquilidad soberbia de la capital del buen pozole y el mejor mezcal, a eso de las seis de la tarde. Al menos nada que tenga que ver con policías o con situaciones de riesgo, así como andamos de ciscados. Y es que suman ya muchas las coberturas del Croniquero en materia de operaciones policíacas en sus más de treinta y cinco años de reportero. Incontables las circunstancias peligrosísimas en las que se ha metido, por voluntad propia, por casualidad o por instrucciones expresas de sus jefes y editores en los medios para los cuales ha trabajado en ese tiempo, de las cuales ha salido más o menos bien librado, gracias a la providencia del Supremo y a sus propias precauciones… o sus miedos. Percances harto complejos en eso de la actuación de policías locales, estatales o federales o agentes especiales, en esa convicción patriótica que distingue a nuestras corporaciones por salvaguardar vidas y bienes de los ciudadanos. Todo en calma en la explanada de la surtidora de gas doméstico allá por los rumbos del crucero a Chichihualco, al norte, donde dos operadores atienden con esmero a la media docena de solicitantes del servicio, entre ellos una dama. Hay como siete cilindros acomodados en fila india esperando a ser rellenados del imprescindible combustible en las estufas de las cocinas de los domicilios. Nada. Miel sobre hojuelas. Hasta el calor ha bajado porque el sol, camino de ocultarse, está medio cubierto por unas cuantas nubes, en mágico paisaje. Pero no todo se acomoda a los deseos colectivos de remanso. De pronto, desde el sur, en la lateral de la autopista limitada ahora a un solo carril por barras rojas, y por un enjambre de obreros que con banderolas fosforescentes advierten del peligro a los automovilistas, admirable acción preventiva, aparece la patrulla 02 de la Policía Auxiliar Estatal. Ya era mucho terminar el día con tanta paz. Todos entran en alerta. No lleva las torretas ni las sirenas encendidas la Ford 250 azul oscuro, se tiene que reconocer. Pero así como andan las cosas en una de las tres ciudades más peligrosas del país, según las estadísticas, la mínima señal dispara la adrenalina y pone en alerta a cualquiera. Vienen cuatro agentes colgados con una mano de la estructura de fierro arriba de la caja, y con la otra en el fusil en ristre. Otros dos ocupan los asientos delanteros de la cabina. Bajan los primeros cuatro, bien capacitados, según se deja ver, por la forma meticulosa en que se apean, y toman sus posiciones a los respectivos puntos cardinales. Desciende el que viaja de copiloto, en extremo precavido, volteando hacia los lados, hay que suponer que inspeccionando el terreno, atisbando el mínimo detalle de peligro. Nadie que se mueve, no vaya a ser, pero es de suponer que todos, incluso, por supuesto, el Croniquero, buscan de reojo un eventual refugio en caso de que se suelten los guamazos, por decir lo menos. Todos a la expectativa del operador, que sigue arriba, al volante. Milésimas de segundos que hacen percibir una contingencia, pero que también infunden la confianza en que nuestros impuestos están trabajando en estrategias de seguridad pública perfectamente planeadas, con inteligencia y pulcritud. No por nada el Gobierno que nos representa se ha gastado ¡dieciocho mil millones de pesos! en el año 2016 en estos resortes, unos 40 mil millones de pesos en tres años. Una especie de ingenua solidaridad colectiva hace pensar que, en lugar de estar en peligro, estamos plenamente seguros en el sitio. Por fin baja el conductor, grandote, parece que mascando un chicle. Se asegura con la mirada de que todos sus compañeros ocupen sus posiciones al acecho, como marcan los protocolos. Camina hacia la parte trasera de la camioneta, da la vuelta hacia el área de servicio y los ciudadanos pueden entonces apreciar el motivo de la operación. El hombre carga colgado a cuatro dedos en su mano derecha un precioso cilindro de gas, pequeñito y redondo, curiosísimo, de unos tres kilos, de marca Flamineta, que con firmeza y sin titubeos coloca al final de la fila de los otros que esperan a ser reabastecidos. ¡Ufff! Menos mal, respira el Croniquero, respiran todos. La movilización policíaca de esta tarde en la abastecedora de gas allá por los rumbos del crucero a Chichihualco nada tenía que ver con algún enfrentamiento a tiros. Los ciudadanos podemos seguir tranquilos disfrutando de la tarde preciosa del miércoles que casi termina, camino del jueves de pozole. Respeta la fila el agente y protegido por sus compañeros espera al relleno del cilindro chaparrito. Dura poco el servicio, obvio es. No se sabe si en su fuero interior los testigos calculan el costo de la operación: salario de los seis agentes, mantenimiento de la patrulla, combustible… ¿viáticos? Resuelta la emergencia, los agentes abordan estratégicamente la unidad y se encaminan hacia el retorno. Allá van, enjundiosos. Allá vienen, raudos. Se desvían, ya en el otro carril, a la derecha, por los rumbos del panteón nuevo, hacia sus instalaciones. La misión ha sido cumplida con notable éxito. Sí, pues.

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