Lectura Política
Noé Mondragón Norato
Los responsables del quebranto financiero en el puerto de Acapulco, reconocido por la alcaldesa electa del Morena, Adela Román Ocampo, tienen nombres y apellidos. Pero con el paso del tiempo las complicidades y la impunidad en la función pública, los han exonerado de toda culpa. De todo atropello financiero. De todo cinismo y burla hacia los gobernados. Porque esa es la abominable cultura del sistema político mexicano: la aplicación del borrón y cuenta nueva. Negociar en lo oscurito cantidades y resguardos personales. Y que los adeudos pasen a la siguiente administración municipal. Es en cierto modo, una estrategia perversa de los gobernadores en turno. Porque ponen a prueba al edil entrante para observar cómo resuelve los problemas del municipio, cargando sobre sus hombros con un enorme déficit financiero. Y lo atacan o defienden según su partido, su circunstancia y su nivel de sometimiento político. Así, Acapulco no solo es el segundo espacio más importante en las relaciones de poder locales y hasta trampolín para catapultarse a la candidatura al gobierno estatal, sino también el termómetro político que mide capacidades, movilidad, operación política y gestión. Basta con ubicar algunos puntos de ese conflicto.
AMNESIA DE RESPONSABLES.- Uno de los alcaldes que logró componer regularmente, la aplicación del presupuesto municipal en Acapulco, fue Zeferino Torreblanca Galindo. Y eso le permitió arribar y convertirse sin tanto problema, en el primer gobernador de la alternancia perredista en Guerrero. Sin embargo, la debacle comenzó a fraguarse después. Se lee así: 1.- El perredista Alberto López Rosas, no hizo bien la tarea. Comenzó a incrementar la deuda del ayuntamiento. La corrupción nunca fue contenida. Para cuando salió de la alcaldía, no logró la candidatura a Senador que ganó la tribu de Armando Chavarría, un personaje que empujó a ese escaño legislativo al próximo desempleado político, David Jiménez Rumbo. Sus escasos resultados se midieron con la raquítica votación obtenida en la elección de octubre de 2005, por el sucesor perredista, Félix Salgado Macedonio, quien también dejó crecer tres grandes conflictos en el puerto: la nula obra pública, el disparo de la inseguridad y el incremento de la deuda interna. Pero en el gobierno estatal perredista, Zeferino Torreblanca hizo cómoque no vio nada. No por justicia, sino para llevar la fiesta en paz. Hoy Félix gozará de fuero como Senador del Morena. Y se ilusiona con la idea de repetir eventualmente y por tercera vez, como candidato a gobernador. Pero su pasado en la función pública lo hunde. 2.- El que de planose dio vuelo con las arcas municipales, fue el exedil y senador plurinominal electo del PRI, Manuel Añorve Baños. El empresario Luis Walton Aburto -sucesor de Añorve-, denunció en medios locales y nacionales, un quebranto financiero en la alcaldía, por más de 2 mil millones de pesos. Como Añorve contendió por el gobierno estatal en la elección de enero de 2011, fue fácil endosarle esos recursos a su campaña electoral. El punto es que el propio Walton no revirtió ese déficit financiero. Al contrario: lo incrementó hasta dejarlo en los 2 mil 500 millones de pesos para cuando salió de esa alcaldía. No pasó nada. Ninguno de los dos fue llamado a cuentas. Porque no hubo auditoria que los alcanzara. Y le heredaron ese boquete al actual edil perredista, Evodio Velázquez Aguirre. 3.- El actual edil heredará el mismo déficit dejado por Walton: 2 mil 500 millones de pesos. Y asume haberreducido la deuda de 500 millones de pesos en un 15 por ciento. La presidenta electa Adela Román, lo avalará. O lo desmentirá. Pero si el gobernador Astudillo, desea ver subsanados todos esos déficits financieros acumulados, tendría que comenzar por llamar a cuentas tanto a Luis Walton como a Manuel Añorve, sus aliados políticos. Y Morena y López Obrador, a Félix Salgado y Alberto López Rosas. Ninguno de ellos lo hará. Porque a pesar de AMLO, el mapa político de las complicidades permanecerá vigente.
HOJEADAS DE PÁGINAS…La designación de Pablo Amílcar Sandoval Ballesteros, como coordinador de los diputados locales del Morena, y eventualmente, de la Junta de Coordinación Política del Congreso local, ya estaba cantada. Y quien debe estar nervioso por la elocuente dificultad en el cabildeo legislativo, es el propio mandatario estatal. La película del cambio está por estrenarse. A ver si es cierto.