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Amuletos no funcionan

Armando Ríos Ruiz

Amuletos no funcionan

Política

Febrero 07, 2021 18:32 hrs.
Política Nacional › México Ciudad de México
Armando Ríos Ruiz › tabloiderevista.com

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• El virus ya comprobó que elige sin distinción. A pobres y a ricos. A pudientes y a desvalidos.

Dos detalles forzaron al presidente López Obrador a presentar un vídeo, con la intención de hacer ver a los mexicanos que está enfermo, pero no tanto. Que el virus lo contaminó, pero que es fuerte como un roble. Que está encerrado para curarse, pero trabaja como siempre. No se ha doblado:
El tuit de su vocero Jesús Ramírez: ’Convocamos a medios de comunicación y a la ciudadanía a evitar difundir versiones sobre la salud del Presidente. Hay versiones de mala fe y desinformación con intenciones políticas que buscan dañar la imagen del mandatario. ¡No a la infodemia!’.

La información en las redes sociales planteaba que no era el virus, sino un derrame cerebral que ponía al mandatario en un estado de preocupación mucho más alarmante, por la situación imperiosa de presentar renuncia en cuanto sus facultades se lo permitieran y de nombrarle sustituto.

En el primer caso, los periodistas serios contestaron sin dilación, con la única respuesta: si no deseaba especulaciones, entonces que alguien se encargara de informar con veracidad sobre el estado de salud del Ejecutivo. Las contestaciones fueron tantas y en el mismo sentido, que después de unos días circuló en las redes sociales el vídeo.

En el segundo caso, la gente no creyó a ciegas la afirmación de la embolia. Pero preocupaba la incertidumbre.
Se tornaba necesario acabar con la rumorología esparcida en todos lados. Alguien debió aconsejar al Presidente grabar un vídeo, para hacer ver que estaba enfermo como él mismo anunció cuando realizaba una gira de trabajo. Pero bien, en términos generales.
’Recupera poco a poco su vigor y su salud.

Está evolucionando bien’, afirmaría López-Gatell. ’Está muy bien.
Con síntomas ligeros’, secundaría Olga Sánchez Cordero. Más de medio México se ha convencido de que cada palabra que proviene de los actuales funcionarios contiene una dosis alta de mentira. De ahí que se soltaran rumores de diferente índole.

Con todo y la sonrisa, la palabra lenta, como siempre, la aparente serenidad, en el mencionado vídeo se ve que camina con trabajos. Que le cuesta mover los pies y que casi al final del mensaje se ase de una silla, como quien se aferra a un tronco en el agua para no ahogarse. Ahí estuvo buen rato mientras prometía lo de siempre: transformar y acabar con la corrupción.
En su aparición agradeció las muestras de solidaridad, de buenos deseos de pronta recuperación a mandatarios del mundo, a empresarios, a obreros, a académicos y a otros, incluidos chairos y fifís. Sin embargo, no hubo una palabra de reconocimiento a los miembros de la prensa seria, la que hace opinión, que también se adhirieron a la derrama de buenos deseos.

Nuevamente, las palabras se le revierten. Igual que critica el pasado para justificar sus fallas; que tiró por la borda los avances de un aeropuerto para construir uno más caro; que recrimina la corrupción cuando la tiene en casa, en el mensaje habla de la unión de los mexicanos, cuando es el promotor de su división.

El virus ya comprobó que elige sin distinción. A pobres y a ricos. A pudientes y a desvalidos. Demostró que los amuletos no funcionan. Ni en manos del Presidente.


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