Acapulco de mis amores

BAJO FUEGO

José Antonio Rivera Rosales

BAJO FUEGO

Política

Junio 30, 2019 16:33 hrs.
Política Nacional › México Guerrero
José Antonio Rivera Rosales › codice21.com.mx

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En septiembre de 2018 esta columna auguraba que, contrario a lo que prometía Andrés Manuel López Obrador, la violencia de ningún modo disminuiría debido a la alternancia en el poder.

Escribíamos entonces: ’En cosa de meses Andrés Manuel López Obrador comenzará a darse cuenta de que no habrá pacificación en México, como lo esperaba. Por lo menos, no en el corto plazo.
’La pacificación del país no es un asunto de voluntarismo político: es una cuestión compleja que debe ser tratada como una grave problemática de seguridad nacional, ni siquiera de seguridad pública.

’Para comenzar, los foros de pacificación han mostrado que las víctimas, que son decenas de miles de familias, jamás estarán de acuerdo en otorgarle el perdón a sus victimarios. Primero se imponen la verdad, la justicia y garantías de no repetición, antes que perdón u olvido.
’¿Y por qué decimos que no habrá pacificación?

’Por la sencilla razón de que los criminales jamás abandonarán la ilegalidad, porque en la ilegalidad reside su negocio.
’Esa cándida visión propalada por personajes del próximo gobierno -entre ellos Loretta Ortiz, una de las principales asesoras de López Obrador en el tema de la pacificación- de que los grupos criminales acatarán el ofrecimiento de perdón del nuevo gobierno, a cambio de reinsertarse en la vida legal, es francamente una postura que linda con la estupidez.

’Para quien no ha entendido lo anterior -tal parece que muchos de los próximos funcionarios no tienen ni idea de lo que significa tal supuesto-, habrá que puntualizar que las formaciones criminales aprovechan siempre cualquier nicho de ilegalidad, por más pequeño que sea, por la sencilla razón de que para ellos constituye una veta de ganancias.’

Por desgracia, a varios meses de distancia los hechos actuales nos dan la razón.

Entre diciembre y mayo, los primeros seis meses de gobierno de López Obrador, un total de 17 mil personas han sido ultimadas tanto por las formaciones criminales como por otras motivaciones que terminan en lo mismo: en la muerte de ciudadanos mexicanos.

De acuerdo con cifras oficiales, en territorio nacional se cometieron en diciembre 2 mil 877 asesinatos; en enero, 2 mil 857; en febrero, 2 mil 804; en marzo, 2 mil 845; en abril, 2 mil 724 y en mayo último 2 mil 903, lo que arroja un gran total de 17 mil 010 homicidios en los primeros seis meses de gobierno de AMLO.

Esto significa que la cifra de homicidios dolosos no sólo se mantiene sino que muestra un ligero incremento que desdice las cuentas alegres que pretenden hacer tanto las autoridades federales como las estatales de Guerrero.

En diferentes aspectos de la vida pública el esfuerzo del gobierno de López Obrador se ha enfocado principalmente en el combate a la corrupción, lo que -como es de esperarse- ha sacudido las estructuras del estado criminal que padecimos durante muchos años, aunque con resultados todavía muy endebles.

Tenemos, pues, un gobierno bien intencionado pero con resultados bastante mediocres (véase, como botón de muestra, el fracaso en el reparto del fertilizante para los campesinos de Guerrero).

Vistas así las cosas, ¿qué es lo que pretenden celebrar los morenistas al cumplirse el primer año del triunfo de López Obrador?

Lo único que vemos en el horizonte es la consolidación de una kakistocracia (el gobierno de los peores) que con bastante seguridad nos llevará hacia un estadio de desarrollo ’plutocrático, demagógico y autoritario, basado en la idiotización mediática de grandes masas electorales’, según lo define el filósofo italiano Michelangelo Bovero. Esta definición se parece en mucho a un estado fascista, aunque esperamos que tal no sea el rumbo que adopte el gobierno de López Obrador.
En fin, tanto para los funcionarios de gobierno como para una gran masa de la población, la gran esperanza de combate a la criminalidad es la Guardia Nacional (GN) que oficialmente entra en funciones esta semana aunque constituye una extensión del Ejército Mexicano que, como sabemos, en diez años no ha podido sofocar la ola de violencia que agobia a los mexicanos.

Con todo, muchos estratos de la comunidad siguen viendo a la GN como una gran posibilidad de pacificar al país, principalmente en zonas como Guerrero donde los grupos criminales -que ya no son cárteles sino pandillas armadas- se han superado en crueldad y sadismo.

En este ambiente de incertidumbre y temor resultan especialmente vulnerables e indefensas las jóvenes adolescentes que son blanco de estos bandidos, quienes actúan protegidos bajo un manto de silencio prohijado por la autoridad que, hasta el momento, no ha informado a la ciudadanía si en el estado de Guerrero operan bandas de tratantes de personas que se dedican a depredar a las jóvenes, quienes viven todo el tiempo con miedo de transitar por las calles de Acapulco.

En esta delicada tarea gubernamental -la responsabilidad de perseguir el delito e informar a la sociedad- tiene un papel crucial el fiscal Jorge Zuriel, a quien parecen gustarle los reflectores aunque sigue actuando con demasiada opacidad, excepción hecha en los casos en los que se ha anotado un éxito rotundo con la captura de algunas de las peligrosas bandas delincuenciales. Ojalá el fiscal pronto abandone el limbo en el que vive.
Según estadísticas oficiales, igual que sucede en el ámbito del gobierno federal, la incidencia delictiva en el puerto de Acapulco se mantiene en una tasa de 70-74 homicidios por mes, igual que acontecía durante el nefasto periodo de Evodio Velazquez, quien por cierto debiera estar recluido en prisión en lugar de hacer proselitismo en el sector campesino del municipio con un fungicida prohibido en 40 países por su alta toxicidad.

Como quiera que sea, esta incidencia delictiva al alza -que ha mostrado flujos y reflujos pero sin abandonar su tendencia ascendente- es la que el criminal gobierno anterior dejó como legado a la actual alcaldesa Adela Román, quien está obligada a cumplir con su principal compromiso, hecho público la noche misma de su triunfo electoral: ’Pacificar el puerto de Acapulco’.

¿Acaso lo ha logrado? De ninguna manera. Habremos de regresar sobre este tema.

PD.- Debido a cuestiones de salud estuvimos ausentes unas semanas. Con esta entrega reanudamos nuestras colaboraciones.


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