Cambio de opinión presidencial

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Cambio de opinión presidencial

Armando Ríos Ruiz

Cambio de opinión presidencial

Política

Septiembre 07, 2022 21:58 hrs.
Política Nacional › México Ciudad de México
Armando Ríos Ruiz › tabloiderevista.com

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La declaración del Presidente, hecha en su mañanera a la periodista de Proceso, Dalia Escobar, obliga necesariamente a plantearnos varias preguntas que nos ubican en el pasado, cuando quien buscaba la Primera Magistratura exigía a las autoridades en turno retirar al Ejército de las calles y ahora no ha dudado en enviar una iniciativa al Congreso, para que sus incondicionales la aprobaran en sentido inverso, sin chistar, en la madrugada del sábado pasado.

La pregunta fue así: ’En algún momento, usted presidente, mencionaba incluso, en campaña, que de llegar a la Presidencia haría que regresaran las Fuerzas Armadas, el Ejército, a los cuarteles y que eso le llevaría los primeros seis meses de su Gobierno, ¿cambió usted de opinión?

La respuesta: ’Sí, sí, sí cambié de opinión ya viendo el problema que me heredaron. ¿Cómo enfrentar el problema de la inseguridad?’ ¡Como si de veras ya lo hubiera enfrentado!

Pero semejante contestación se escucha deschavetada. Una mera salida fácil, Cero convincente o la aceptación de una realidad que no corresponde con lo que a gritos exigía en su momento, para ganar la confianza de los mexicanos y lo que más ansiaba, los votos suficientes para llegar al máximo escalón político a exhibir sus incongruencias que todos los días se repiten.

De entrada, la respuesta contiene lo de siempre: la funesta herencia del pasado. No es capaz de pensar siquiera que, para el caso, también heredó la Presidencia. En ninguna ley está contenido el precepto de que quien llegue a ese cargo puede construir una presidencia nueva, con base en los caprichos y en las ocurrencias que hoy abundan. Una a la medida de las locuras modernas que se exhiben desde Palacio Nacional todos los días.

Sin embargo, esa parece la intención. Trastocar el espacio de mando, desde donde se permita hacer y deshacer a voluntad. Como si otros presidentes no hubieran heredado problemas.
No es posible que no haya observado en su vida, que en todas las presidencias del mundo se heredan conflictos que toca resolver a quien hereda el puesto, porque no es posible eternizarse en ellos.

Se antoja preguntar: ¿en qué momento perdió la brújula?
¿Por qué antes demandaba la retirada del Ejército de las calles y su vuelta a los cuarteles? ¿Se trata de algo que ya tenía en mente y disfrazaba de rechazo, para ganar la confianza de los ciudadanos? ¿Descubrió apenas que lo necesita para otros fines, como ocurrió con las fuerzas armadas, que despreció hasta el insulto y ahora no deja de llenarlas de prebendas? ¿Quiere llegar a las últimas consecuencias para conservar el poder, sin importar la traición a sus propias ideas?

Más preguntas: ¿desea contar con dos ejércitos en las elecciones de 2024 que le preocupan, para que realicen labores desde frentes diferentes: el del crimen organizado y el de la Secretaría de la Defensa?

¿Dejará al primero para amenazar, secuestrar y asesinar a los candidatos enemigos que brillen y al segundo para imponer orden, pero en la ciudadanía que lo respeta, porque tiene miedo a su obediencia ciega al mandato del superior, inclusive de disparar?

¿Dejará al Ejército instruido para rechazar labores de contraataque, ante la sospecha de que grupos desesperados pudieran iniciar actos armados de inconformidad, hartos de los desatinos y locuras presidenciales que no ofrecen ninguna esperanza de cambio real y que, por lo contrario, sólo han servido para aniquilar los derechos que otrora nutrían confianzas, como las de encontrar medicinas a la hora que se necesitaban, por decir lo menos?

Es obvio que en la Presidencia, el Primer Mandatario y otros colaboradores se han reunido para prever todas las actitudes de inconformidad que pudieran despertar las constantes agresiones de que hoy son víctimas diversos grupos que inciden en la vida diaria del país, como los empresarios, la prensa, los ex políticos, −en suma, la poderosa clase media−, denominados hoy fifíes, neoliberales, conservadores. Calificativos que sólo sirven para polarizar a la sociedad.
ariosruiz@gmail.com


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