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Opinión

Carranza ante los negociadores de Niagara Falls

Rodolfo Villarreal Ríos

Carranza ante los negociadores de Niagara Falls

Periodismo

Junio 18, 2021 20:11 hrs.
Periodismo Nacional › México Coahuila
Rodolfo Villarreal Ríos › guerrerohabla.com

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Era la primavera de 1914 y teníamos de ’visita’ a los marines estadounidenses. Ante ello, surgieron quienes buscaron intervenir como mediadores para resolver el conflicto del cual Victoriano Huerta sacaba raja apelando al nacionalismo mexicano ante la presencia nada grata de los estadounidenses en Veracruz. Ya sabemos cómo algunos, cuando carecen de recursos reales para ofrecer soluciones a sus pueblos, apelan a envolverse en el lábaro patrio y sorprender a quienes ponen poco cuidado al análisis frío. Al presidente Woodrow Wilson le fallaron los cálculos y, queriendo castigar a quien poco apreciaba, terminó por ayudarlo. Pero, consideraciones aparte, la realidad era que las tropas del país vecino estaban por estos lares y, ante ello, un embajador y dos ministros de tres países sudamericanos decidieron que podían ayudar a enderezar el entuerto y procedieron en consecuencia. En ese contexto, los representantes ante el gobierno de los EUA, Rómulo Sebastián Naón, de Argentina (A), Domicio Da Gama, de Brasil (B), y Eduardo Suárez Mújica, de Chile (C), se presentaron ante Wilson y le ofrecieron sus servicios como mediadores para encontrar una solución al conflicto. El mandatario estadounidense estuvo conforme con la proposición y aquí inicia el relato.
El 28 de abril, los integrantes de lo que se conocería como el grupo ABC, comunicaron al Jefe del Ejército Constitucionalista, Venustiano Carranza Garza, la noticia y le expresaban su esperanza de que aceptara ’sus buenos oficios que esperaban coincidieran con su sentido de patriotismo y estaban confiados en iniciar las negociaciones posteriormente.’ En respuesta el revolucionario coahuilense respondió que les agradecía en principio ’sus buenos oficios…con la intención de entrar más tarde en los detalles de las negociaciones.’ Ante esto, los diplomáticos sudamericanos creyeron que les otorgaban carta blanca para dictar disposiciones sobre los acontecimientos en México y, el 30 de abril, replicaban a Carranza indicándole que como las tres partes involucradas en el conflicto estaban de acuerdo en su intervención, ’seria muy conveniente que de inmediato se detuvieran las hostilidades y cualquier acción militar entre las partes contendientes…’ Y, seguramente, alzaron sus copas celebrando cuando raudos eran para eso de deshacer conflictos, pero hacer interpretaciones a la ligera no siempre lleva a conclusiones correctas. En esas estaban cuando les llega la contrarréplica de Carranza.
Don Venustiano no era muy dado a que otros tomaran decisiones en su nombre, así que, el 30 de abril, les indicó: ’debo decirles que el conflicto internacional entre Estados Unidos y México, provocado deliberadamente por Huerta, no está relacionado con nuestra lucha civil por la libertad y el derecho, y no considero justo, ni conveniente para mi país detener las hostilidades y la acción militar, ya que la suspensión que proponen solamente le sería útil a Huerta. La guerra civil en México entre el usurpador, Huerta, y el ejército a mi mando, es decir el integrado por los ciudadanos, debe continuar hasta restablecer cuanto antes el régimen Constitucional ahora interrumpido, y obtener la paz verdadera…’ Les solicitaba lo disculparan, pero no podía aceptar ese armisticio dado que antes que nada estaba velar por los intereses de su país. No obstante, la claridad el mensaje, los miembros del ABC parecieron ignorarlo o se creyeron muy ’vivos.’
El 3 de mayo, volvieron a dirigirse a Carranza indicándole que ’había arribado el momento que deberían de proceder con las negociaciones formales y, por lo tanto, era necesario que cada una de las partes designe una comisión que la represente para reunirse con los mediadores y discutir la base del acuerdo…una vez efectuada la designación de representantes o delegados, indicaremos inmediatamente la hora y lugar para la inauguración de las conferencias…’ Como respuesta inmediata, les mencionó que si bien, en principio, aceptó sus buenos oficios, les pedía que definieran exactamente cuales estos y, en función de ello, decidiría si nombraba o no delegados que acudieran esas conferencias. Trascurrieron tres semanas sin que los integrantes del ABC se dignaran dar respuesta. Eso, no les impidió reunirse, a partir del 18 de mayo de 1914, en Niagara Falls con los representantes de Huerta, Emilio Rabasa Estebanell (abuelo de quien fuera secretario de relaciones exteriores durante el gobierno del presidente Luis Echeverría Álvarez), Agustín Rodríguez, Luis Elguero; y los del gobierno estadounidense, el Juez, Joseph Rucker Lamar y el antiguo ’Solicitor General,’ Frederick William Lehman. Ante eso, Carranza decidió enviarles, a través de su operador en los EUA, Rafael Epifanio Zubarán Capmany, un comunicado.
Si bien el contenido del escrito que Carranza Garza mandó a Zubarán instruyéndolo se dirigiera a los negociadores alcanzaba tonos de reclamo directo, al momento de preparar la versión final, el segundo puso la modulación diplomática. En donde Carranza reclamaba estar enterado que habían iniciado las negociones sin la presencia de representantes constitucionalistas, Zubarán mencionaba que aun cuando Carranza no había recibido una respuesta oficial a su comunicado del 3 de mayo, ’el Jefe Constitucionalista se ha enterado que desde hace tiempo iniciaron las negociaciones, con los representantes de Huerta tomando parte en ellas, y lamenta ya que el conflicto entre México y Estados Unidos sea discutido, y al parecer así continuara, sin que se tome en consideración a la causa constitucionalista que es la que cuenta con el apoyo de la mayoría de los habitantes y de las fuerzas armadas de la República Mexicana.’ En donde Carranza indicaba: ’les advierto que el conflicto entre México y los Estados Unidos no podrá resolverse en esas reuniones sin la participación de los representantes del Primer Jefe del Ejército Constitucionalista., Zubarán escribía: ’el Jefe del Ejército Constitucionalista, con todo el respeto y la consideración a Sus Excelencias, se ve obligado a decir que juzga que el conflicto arriba referido no debe ser objeto de negociaciones en las conferencias de mediación, si no están presentes los representantes del Primer Jefe del Ejército Constitucionalista.’ Pero el cuidado en el lenguaje no atemperó la soberbia de los mediadores quienes en su respuesta imponían condiciones. Señalaban que ’no serían bienvenidos a las conferencias los representantes de las partes interesadas si no consintieran someter a la consideración y al consejo de los mediadores las diferencias que los dividen, con el fin de buscar la solución del conflicto en un clima de paz y conciliación.’ Al recibir esto, don Venustiano casi estalla y en consecuencia instruyó a Zubarán para que les pidiera que definieran, en una nota explicativa, de manera clara que era lo que trataban de decirle en el escrito previo. Ante ello, para quienes acostumbran a comprar aquello de que Carranza era un viejo soberbio que no permitía se discutieran sus órdenes, veamos lo que Zubarán le respondió.
Le indicó que, en los EUA, la opinión pública ya se empezaba a expresar hostilidad hacia el grupo constitucionalista acusándolo de que al no dar una respuesta pronta era una muestra de que no obraba de buena fe. Si se les solicitaba una explicación, lo único que se lograría sería provocar una reacción negativa en la prensa y los círculos gubernamentales estadounidenses. Por ello, le recomendaba que, en términos diplomáticos, se les indicara cuan conveniente era tener representantes del constitucionalismo, a la vez que se les mencione que se reserva el derecho de enviarlos en caso de que los mediadores piensen que ellos pueden discutir los problemas internos de México. Actuando con el cerebro y no con los dictados del hígado, como debe de hacerlo todo aquel quien se precie de encabezar una nación, Carranza atendió las sugerencias de su colaborador y emitió la respuesta. Tras de agradecer los esfuerzos de los miembros del ABC, aun cuando él no los llamó en esa forma es válido identificarlos así, les indicó que nombraba como sus representantes a Fernando Iglesias Calderón, Luis Cabrera Lobato y José Vasconcelos este último aun no adornaba su nombre anteponiendo sus virtudes de gigolo, cobarde, sinarquista, nazi, mientras escondía su animadversión hacia los hombres del norte a quienes consideraba punto menos que salvajes, algo que para algunos allá por los rumbos del pueblo, aun en estos días, les inspira a realizar homenajes perenes a sujeto tan deleznable, pero volvamos a la postura del ABC.
El trio creyó que, al nombrar representantes, Carranza les delegó facultades para que determinaran lo que quisieran con respecto al futuro de México y, en consecuencia, le respondieron estar convencidos de que ’ la organización de un gobierno capaz de lograr la pacificación de México podría obtenerse de la manera más rápida y consistente por medio de un entendimiento directo entre los representantes de los dos grandes facciones que ahora luchan, y que juntas indudablemente constituyen la máxima expresión de la voluntad de la Nación Mexicana. Por lo tanto, obteniendo un arreglo patriótico entre tales representantes, se someterá a la mediación como base para el arreglo de los otros puntos en discusión con el Gobierno de los Estados Unidos.’ Ante ello, Zubarán recibió instrucciones de responder que aun cuando se apreciaba mucho la propuesta, antes de dar una respuesta definitiva, el Primer Jefe requería consultar con los generales miembros del Ejército Constitucionalista.
Acto seguido, Carranza envió copia del comunicado del ABC a los generales Francisco Villa, Cándido Aguilar Vargas, Salvador Alvarado Rubio, Luis G. Caballero Lazo, Eulalio Gutiérrez Ortiz, Jesús Carranza Garza, Domingo Arrieta León, Mariano Arrieta León, Pánfilo Natera García, Plutarco Elías Calles Campuzano, Alberto Carrera Torres y Fidel Ávila Chacón. Se les indicaba que consultaran la propuesta con cada uno de los generales bajo su mando y, en función de ello, emitieran la opinión respectiva. Una vez que fueron recibidas las opiniones al respecto, Carranza instruyó, el 10 de julio, a Zubarán para que respondiera que ’no enviaría a sus delegados a reunirse con los representantes de Huerta y discutir con ellos el establecimiento de un gobierno provisional en México. El señor Carranza desea que, también, haga saber a Vuestras Excelencias las razones que le motivan para declinar tal invitación, y que son las siguientes: [Carranza] considera que, dado que el carácter del gobierno de Huerta es fundamentalmente ilegítimo, [ante ello] es estrictamente indispensable para la consolidación de la paz en México que no se abandone la línea de conducta seguida… La Revolución actuaría de manera inconsistente si el general Huerta o cualquier gobierno autoproclamado o derivado de él pudiera tomarse como factor para la solución de nuestros problemas nacionales o internacionales... A juicio del Ejército Constitucionalista, el llamado gobierno del general Huerta lleva a cabo una violación permanente y continua de las leyes constitucionales mexicanas, la cual debe cesar…el único medio legitimo para lograr que la lucha finalice…y se logre la paz... es que el general Huerta, todos los que le hubieran dado su apoyo y cualquier otro régimen que pueda pretender derivar de él alguna autoridad supuesta, deben someterse incondicionalmente a la Revolución.’ La respuesta oficial llegó a los miembros del ABC el 16 de julio, para entonces, solamente tenía el carácter de simbólica.
Un día antes el miércoles 15 de julio de 1914, el usurpador Huerta había presentado su renuncia. Ya no le quedaba nada en el tanque, las fuerzas del constitucionalismo, encabezadas por Villa, le habían roto el espinazo en Zacatecas. Al mismo tiempo, los negociadores huertistas poco pudieron sacar de las negociaciones. La actitud de Carranza de no permitir que foráneos, por más hermanos latinoamericanos que fueran y estuvieran provistos de todas las buenas intenciones, intervinieran en asuntos que deberían de ser resueltos por los mexicanos en una u otra forma. Al final, los acuerdos de Niagara Falls tuvieron simplemente un carácter enunciativo y permitieron que, acompañado de sus secuaces, Huerta saliera del país para continuar con sus rezos (no olvidemos que era un católico devoto a quien la curia apoyó en su felonía), la ingesta de alcohol y la inhala de humos alucinógenos. Al final de cuentas, la testarudez de Venustiano Carranza Garza como en la mayoría de las ocasiones, excepto una, le produjo resultados positivos. Su actitud es una muestra de que nuestros problemas deben de ser solventados por nosotros mismos. Esperar que de afuera vengan a remover lo que nos estorba crea más problemas que soluciones. Para tenerlo presente siempre. vimarisch53@hotmail.com
Añadido (21.24.79) El pasado 5 de junio se conmemoró el vigésimo aniversario de que la antigua subsecretaria de pesca se convirtió en la Comisión Nacional de Pesca y Acuacultura (Conapesca). Sin embargo, nadie recordó a quienes plenos de convicciones armaron todo con apoyos mínimos y la oposición soterrada de varios. Hay quien conoce toda la historia al detalle, sin que nadie se la platicara, pero carece de permiso para relatarla. Ello, no le impide rememorar a quienes estuvieron al frente de la creación de la Conapesca encabezados por Jerónimo Ramos Sáenz Pardo quien lo hizo en base a pura capacidad intelectual, voluntad inquebrantable y liderazgo. A su lado, Juan Carlos Zamorano Morfin implantaba una política de inspección y vigilancia nueva para lo cual escaseaban recursos, los cuales muchas veces salieron de su bolsillo, pero le sobraban redaños; Rubén Ocaña Soler negociaba los apoyos para el sector; Alfredo Herrera Mesina luchaba porque la actividad acuícola no sufriera las consecuencias de la transición: Rolando Fernández Trujillo multiplicó esfuerzos para que las obras de infraestructura no se detuvieran; Rubén Islas Fuentes contenía los embates de quienes querían respuesta inmediata a todo; José Luis Guerra Raya consolidaba el proceso de ordenamiento pesquero iniciado seis años antes; Gabriela Herrera y Cairo Yarahuán daba a conocer todo lo positivo que se realizaba; Octavio Salazar Guzmán, Ramiro Sagrero Suárez y Manuel Alberto Pedroza Carmona administraban correctamente los pesos que llegaban a cuentagotas. En la línea primera de batalla, se encontraban funcionarios probados con calificación de excelencia en eso de la lealtad, eficiencia y eficacia, Martín Careaga Hernández, Guillermo Muñoz Montes de Oca, Juan Antonio Duarte Ongay, Martha Aurea Estrada Jiménez y María del Carmen Ramírez Bravo; Raúl Villaseñor Talavera elaboraba con destreza las normas y lineamientos técnicos; Sandra López de Betancourt y Leticia Veloz Zenteno dedicaban sus empeños para que la oficina principal y la capitalina marcharan correctamente; Algún día, cuando se lo autoricen, ese memorioso, quien desde la primera línea vivió todo aquello, les narrara como se dieron las cosas. Por lo pronto, simplemente bosqueja el recuerdo…


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