¿Qué haré mañana?

Conciencia de clase

Carlos Carral Hernández

Conciencia de clase

Salud

Septiembre 30, 2020 19:36 hrs.
Salud Nacional › México Estado de México
Carlos Carral Hernández › Divergencias Informativa

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¿A quién le puede importar lo que yo haré el día de mañana o lo que hará cualquier otra persona?, definitivamente a nadie, de hecho poco interés tengo en lo que harán con su vida los demás mañana, pasado mañana o cualquier otro día, esto no es nada nuevo, la pregunta importantes es sí a cada uno de nosotros nos importa lo que haremos mañana o dentro de una semana, parece que no, nuevamente la contingencia sanitaria nos ha mostrado lo defectible de nuestra sociedad -nótese que no dije perfectible-, pareciera que todos los días trabajamos con mucho empeño en hacernos la vida individual y colectiva los más pesada posible.

Desde que comenzó el tema del COVID he publicado aproximadamente 10 esquelas, solo de personas que fallecieron y que conocí cuando menos un poco, la mitad murieron de coronavirus, la otra mitad de causas diversas, el asunto es que como me decía un conocido: ’está muy cabrón, se está muriendo mucha gente’, aunque lo cierto es que tal vez el nivel de fallecimientos es similar en la contingencia y antes de ella, solo que ahora las muertes son más sensibles, nos hemos hecho más conscientes de nuestro entorno.

¿Cuánto tiempo nos queda de vida a cada uno?, si de por sí es incierto, con la pandemia lo es aún más, no sabemos si somos los siguientes en la lista, no sabemos el tiempo exacto que nos queda por delante, creo que en estos meses hemos entendido lo incierto de vivir, casi no existen personas que no digan ’no lo puedo creer, estuve hace una semana con esa persona y ahora no está más’.

La incertidumbre nos lleva inevitablemente a enfrentarnos con la realidad individual del ¿qué estoy haciendo con esta vida?, pero también con la social del ¿vale la pena dedicarle toda nuestra vida a generar riqueza?, la que por cierto en la mayoría de los casos no se queda en nuestras manos. Cada quién tendrá la respuesta a cada una de estas preguntas, cada quién sabe cuál es su objetivo último, en cuántos vasos de agua se está ahogando innecesariamente y desde luego cuál quiere que sea su legado en el plano social.

Aunque no hemos tenido la oportunidad de hacerlo en este espacio, en otros que también colaboramos, hemos señalado en el pasado que esa extrema individualidad, la inmediatez y la ignorancia en la que nos hemos auto-situado, son en muchos factores que son causas de esta pandemia que estamos viviendo y sus efectos, tanto económicos como emocionales y psicológicos, la gran interrogante es si lograremos superarlos.

Pienso que en efecto desde hace unos meses somos más conscientes de lo que estamos viviendo, nos empezamos a hacer varias preguntas sobre lo que estamos haciendo individual y socialmente, el asunto es que no tenemos las herramientas para dar un volantazo al camino en el que aún nos encontramos, es decir, no sabemos qué hacer, qué cambiar y lo peor, la situación económica nos lleva a seguir en el mismo camino, renunciando a parte de nuestra dignidad, aceptando muchas situaciones con la falsa promesa de una olla de otro al final del arcoíris, un arcoíris que en la realidad no existe.

Siguiendo la lógica de la teoría que ensalza el culto a la individualidad, diremos que si definimos lo que vale en realidad la pena en nuestra vida, que seguramente versa en poner en su justa dimensión al trabajo y a nuestros seres queridos para empezar, definir lo que consideramos felicidad en verdad y la forma en cómo la alcanzaremos, creo que podremos hablar que nos pondremos en el camino para empezar a sanar a esta sociedad, algo que nos hace falta con urgencia.

Para muchos no está ocurriendo nada extraordinario, la contingencia sanitaria es solo un reajuste del mismo sistema, el que no solo es el correcto, sino el único posible; para otros tantos que vemos con mucha rareza lo que está ocurriendo, es el detonante de una profunda reflexión que nos debe llevar a darle valor a cosas que permitimos quedaran en segundo plano y que sabemos deberían ser una prioridad para cada persona y hasta para el gobierno.

Cuando la política era una rama de la filosofía y no una ciencia, se hablaba de la felicidad y las virtudes, y las casi infinitas posibilidades de poder definirlas y darles contenido, cuando se convirtió en ciencia, lamentablemente lo importante fue saber solo cuánto dinero se podría acumular y cómo se podía optimizar para mantener el orden y el supuesto progreso, aunque eso no hiciera feliz a la mayoría.

carralhernandez@gmail.com

Delegado Presidente de la Delegación Valle de México del
Colegio de Abogados del Estado de México A.C.


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