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EN LAS NUBES

Del despiporre intelectual 11 (once)

Carlos Ravelo Galindo

Del despiporre intelectual 11 (once)

Cultura

Junio 24, 2021 22:06 hrs.
Cultura Nacional › México Ciudad de México
Carlos Ravelo Galindo › Club Primera Plana

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En referencia al día de San Juan el Bautista y el agua debemos reconocer, que el clima a nuestro alrededor, cambia de un día a otro, de un minuto a otro.
Sin avisarnos por escrito.
Tal parece que nos bañan con piedad o sin ella, las Nubes que nos hacen inclemente nuestro día cuando estamos afuera, pero también nos influye cuando estamos adentro.
Es algo con lo que la humanidad siempre ha tenido que lidiar.
Prepárate. Paraguas, gabardina, zapatos. Y calma. Mucha calma.
Debemos considerar que las inundaciones, se deben a nuestro descuido con la basura.
Y no culpar, como de todo a las autoridades.
Estas Nubes, las nuestras, contribuyen a calmar los ánimos.
El humorismo de Ledezma, sin embargo, baja de tono en otras ocasiones, sin perder su inevitable matiz satírico
-Muchacho, lleva este apunte
a Don Blas el de ’La Selva ’,
y dile que lo devuelva
después de que lo trasunte.

-Ya entiendo: llevo a Don Blas
este papel y le digo
que lo devuelva conmigo
después de untárselo atrás.

Fue también un malabarista ortográfico, como lo demuestra la correspondencia que se suscitó entre él y Ramón del Valle, cuando este otro ingenioso humorista le envió la siguiente cuarteta laudatoria:

A Samuel (Luis G. Ledezma)

Samuel (coma) voto a tal
que tus versos todos juntos
son magníficos (dos puntos)
muy buenos (punto final)

A Ramón Valle

Leí con (admiración)
y al ver tu rima preciosa
(coma) me dije Ramón
(punto y como) pero son
buenos mis versos o es cosa
de sueño (interrogación)

La respuesta no me callé
El autor de aquella letra
(otro punto y como) Valle
(nueva coma) así lo impetra
Este vate de mal talle
Tonto (coma) rudo (etcétera)

De los disparates gusto
con mis versos repulsivos
y (entre paréntesis) justo
son duros como incisivos
(otra coma) causan susto
y charla (puntos suspensivos)

Con que así diga el autor
del ingenioso cartel
que encuentra de halagador
cuando emborrona papel
tan rústico trovador
como el estulto.

De Antonio Plaza.
Ningún poeta mexicano, incluidos Manuel Acuña, Amado Nervo y Ramón López Velarde (para citar sólo a los que más se han acercado a la veneración popular), logró adentrarse en la sensibilidad del pueblo, convirtiéndose en cantor de sus grandezas y miserias, de sus virtudes y sus vicios, de sus altanerías y de sus frustraciones como Antonio Plaza.
Ninguna voz poética más viril que la suya para zaherir al poderoso, para maldecir al perverso y defender al humilde.
Su verdad, como acertadamente ha observado Rubén M Campos, quema como gota candente de plomo sobre carne viva.
Su poesía, corrosiva y caustica, solda o amputa, absuelve o condena, según el grado del mal en cada organismo y en cada espíritu, sin que el poeta se preocupe del efecto, lo que le ganó el amor al pueblo.
En muchas ocasiones hemos oído a un obrero, aun chofer de taxi, a un fígaro de barriada, a una mariposilla irredenta o a un militar inválido y desencantado de sus servicios a la patria, declamar de memoria Antonio Plaza, algunas veces sin conocer sin conocer siquiera la procedencia de los versos.
Y que el pueblo prohíje la voz de un poeta, que la haga la suya y que como tal la transmita a los demás, es un fenómeno que se ha producido en la historia de la literatura mexicana en honor de muy pocos: Sor Juana, El Negrito Poeta, Guillermo Prieto, Luis G. Ledezma, y en la actualidad Renato Leduc.
Pero no solamente la poesía de Antonio Plaza, sino también su vastísima producción festiva, son ya hijas del sentimiento popular.
La selección que de él presentamos, por lo consiguiente, de lo menos que puede dejarnos satisfechos es de su novedad:

Una autobiografía Heroica

El éxito no fue malo
tuvo siempre sus olores
y volví pisando flores
con una pata de palo.

Epigramas

Dijo la niña Isabel:
cuando con Juan se midió:
-No somos iguales: él
tiene un dedo más que yo.
Mariquita, ella tan viva,
una noche resbaló,
y aunque cayó boca arriba
el vientre se le inflamó.

Y ¿cómo es el diablo, madre?
Dime, para entretenernos.
-Es viejo, feo y con cuernos.
-No sigas: ese es mi padre.

Iban a matar a un chivo
y Cenobio lo evitó.
su mujer le preguntó:
¿Para qué lo quieres vivo
cuando es inútil así?

El dijo entonces: ’Señora,
lo que hago por él ahora
mañana lo harán por mí.

Doña Manuelita Ocio
un pleito tiene enredado;
pero no encuentra abogado
que le mueva su negocio.

Lindos pies te han dado Dios
Bien mereces otros dos.

Hicieron guarda de aduana
marítima a Juan Castillo,
y a poco su bella hermana
resultó con un chiquillo.

Él, muy enojado, pronto
quiso matar al trofeo;
Pero ella le dijo: ¡Tonto!
¿Quieres perder el empleo?

Ya no ejerce el doctor Lario:
¡eso si es humanitario!

Algunos epitafios

Isabelita Meneses,
siendo tan pobre y tan bella,
al cielo se fue doncella
pues murió a los quince meses.

La hermosa doña Ventura
descansa aquí boca arriba,
porque cuando estaba viva
le gustaba esa postura.

El chapucero Canuto
Hace un año aquí llegó
Pagó a la tierra tributo….
-Fue lo único que pagó.

El Burócrata Dorantes
Aquí reposa, como antes.
craveloygalindo@gmail.com


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