Catón

Dichos calientes de Aguascalientes

Armando Fuentes Aguirre

Dichos calientes de Aguascalientes

Periodismo

Septiembre 30, 2019 16:43 hrs.
Periodismo Nacional › México Coahuila
Armando Fuentes Aguirre › guerrerohabla.com

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Estuve en Aguascalientes hace tiempo, y me regalaron dos cajas de guayabas, de las mejores de Calvillo. Al emprender el viaje de regreso las hice poner en la sección de carga del avión, uno de los pequeños de aquella línea desaparecida ya, Aerolitoral. Durante todo el vuelo la cabina de la aeronave -así se dice- olió a guayaba. Una señora dijo que ya la traía mareada aquel aroma. Yo me hice tonto, desde luego, a fin de no asumir la responsabilidad de tan intenso olor, como de jardín de Oriente o perfumado harén. Con razón García Márquez habló de ’el olor de la guayaba’. La verdad es que esa fruta huele, huele...

Pero no sólo traje guayabas de Aguascalientes. También traje decires. Los saqué de un anecdotario estudiantil narrado por el doctor Humberto Ruvalcaba. He aquí algunos.

-No hay pendejo que no sea terco.

Eso es muy cierto: señal clara del tarugo es empecinarse en sus tarugadas.

-¡No te dejes, Enriqueta!

Tal frase la dice alguien para animar a otro en una discusión o pleito. Según el doctor Rubalcava esa frase la dijo por primera vez un preparatoriano cuya maestra se llamaba así: Enriqueta. Pidió la profesora a un alumno que le dijera el nombre de una isla del archipiélago de la Sonda. Respondió el escolar: ’Sumatra’. Fue entonces cuando gritó el otro, distraído: ’¡No te dejes, Enriqueta!’. Pensó que se estaban peleando.

-La Cafiaspirina.

Así le decían a una muchacha feíta, porque no afectaba al corazón, igual que ese conocido remedio antigripal.

-En cuestiones de doncellas, sólo Dios y ellas.

Significa que no conviene entrar en investigaciones sobre virgos. Lo sentenció el licenciado Severiano García cuando le pidió a la encargada de la ventanilla de Correos: ’Dos timbres de veinte centavos, por favor, señora’. ’Señorita’ -le reclamó ella. ’Yo no vine a investigar virginidades -replicó don Severiano-. A mí mis timbres’. Así nacen los dichos.

-¡Vamos a ver si es verdad que a Chepa le vaporiza!

Lo dice un valentón cuando otro le hace frente. Es lo mismo que decir: ’Vamos a ver de qué cuero salen más correas’.

-Si ese alacrán me picara San Jorge sería un cabrón.

Usa ese dicharacho el que confía en afrontar un peligro sin recibir ningún daño. San Jorge, que combatió contra el dragón, es santo patrono de los animales, y sirve para protegernos de aquéllos que nos amenazan: serpientes, tarántulas, arañas venenosas, etcétera. En los campamentos, cuando por la noche nos tendíamos sobre el vivo suelo para dormir, rezábamos la invocación que dice: ’San Jorge bendito, amarra a tus animalitos’.

-La codicia mata al hombre, y el Calomel a los chatos.

Este dicho vulgarón alude a cierto pernicioso insecto que se adquiría por vecindad venérea. Se combatía el tal insecto con Calomel, también llamado ’pomada del soldado’. Cierto mílite estaba en la botica cuando llegó una mujer de la vida galante y pidió un peso de pomada del soldado. Se sintió aludido el militar, y le dijo muy enojado al boticario: ’Y a mí déme dos pesos de pomada de la puta’.


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