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El color del desastre

Fernando Irala

El color del desastre

Política

Diciembre 20, 2020 22:43 hrs.
Política Nacional › México Ciudad de México
Fernando Irala › tabloiderevista.com

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Nueve meses después de que fue dispuesto el confinamiento nacional a causa del coronavirus, y sin que se haya controlado en ningún momento la pandemia en nuestro país, de manera tardía y a regañadientes las autoridades metropolitanas han anunciado el retorno al semáforo rojo en la capital de la República y en el estado de México.
Hace por lo menos un mes que se produjo el punto de inflexión por el que contagios y fallecimientos se dispararon nuevamente en la región, pero la respuesta no fue aplicar de inmediato las prevenciones que la misma autoridad había diseñado, sino apostar una vez más a la buena suerte frente a la calamidad epidémica.
Desde el inicio, en México ha privado la necedad de minimizar la desgracia y de no reconocer la realidad que se ha impuesto con la contundencia del dolor y la muerte de una cifra incontable de familias afectadas.
Así, hemos pasado de escuchar al mediar el año el esbozo del escenario más catastrófico, que nos llevaría a la cifra de sesenta mil muertos, a llegar por estos días a la duplicación de tan terrible acumulación de muertos, más de 120 mil en los datos oficiales, puestos bajo sospecha de estar muy por debajo de los números reales.
Por lo pronto en la ciudad de México y sus alrededores viviremos los días navideños y de fin de año más tristes de los que tengamos memoria, con un panorama sanitario de hospitales saturados, personal médico extenuado, insuficiencia de equipo, de medicamentos, de tanques de oxígeno.
No termina ahí la historia. La prometida vacuna no acaba de llegar y la premura con la que ha sido producida, aprobada e iniciada su distribución abre una luz de esperanza, pero aún no hay nada seguro, y son más las dudas que las certidumbres generadas por fármacos insuficientemente experimentados.
Entre desatinos gubernamentales, imprudencia de quienes no guardan las elementales medidas de seguridad –empezando por el cubrebocas— y la recurrente virulencia del contagio, nos esperan todavía varios meses de espera y riesgo.
Sólo queda cuidarse, reducir el trato social a lo indispensable, y afrontar con prudencia e inteligencia esta época terrible que nos ha tocado en suerte.


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