Opinión

El médico de Huerta y su asociación con la curia

Rodolfo Villarreal Ríos

El médico de Huerta y su asociación con la curia

Periodismo

Febrero 21, 2020 22:09 hrs.
Periodismo Nacional › México Coahuila
Rodolfo Villarreal Ríos › guerrerohabla.com

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Un día como hoy, 22 de febrero, hace 107 años, se cometió uno de los actos más deleznables que se registran en la historia de México. Por órdenes de un católico devoto, Victoriano Huerta, se ejecutó el asesinato del presidente Francisco Ygnacio Madero González y el vicepresidente José María Pino Suarez. Hasta nuestros días prevalece la polémica entre los historiadores acerca de hasta donde estuvieron involucrados los miembros de la curia católica en dicha acción. Hace un par de semanas, en este espacio, les comentábamos sobre las apetencias de poder político que fueron expuestas publicamente entre los miembros de la alta jerarquía católica cuando su ’criatura,’ el Partido Católico Nacional, obtuvo un número significativo de triunfos en las elecciones de 1912. En ese contexto, hay un personaje que tuvo un papel preponderante en el proceso que llevó al chacal Huerta a la usurpación y durante el ejercicio de esta, su nombre era Aureliano Urrutia Sandoval, médico de profesión.
La figura de Urrutia sigue siendo controvertida hasta nuestros días. Todos lo identificamos como aquel que cercenó la lengua al senador chiapaneco, Belisario Domínguez. Al respecto, una de sus nietas, Cristina Urrutia escribió un libro ’Aureliano Urrutia; del crimen político al exilio.’ (2012) en el cual refuta dicha versión y destaca que fue un médico prominente. Si bien esto último es conocido ampliamente, ello no lo releva de los actos en que estuvo involucrado. Ni modo que vayan a negar su cercanía con el chacal, o refutar la proximidad que mantenía con los miembros de la alta jerarquía eclesiástica católica o decir que no estuvo ahí a la hora de la asonada en contra del presidente Madero González. Todo ello, sería el fardo pesado que cargaría, así haya otorgado cientos de asistencias médicas con calidad, hasta que falleció, en 1975, con más de 100 años a cuestas. Para dar una revisión a la forma como este ciudadano, originario de Xochimilco, estuvo involucrado en aquellos eventos, daremos un recorrido a lo que Carlo de Fornaro publicó en 1915 bajo el título ’Carranza and Mexico.’ Con toda certeza usted, lector amable, habrá de preguntarse: ¿Quien este Fornaro del que nunca hemos escuchado?
La razón le asistirá por lo cual nos permitimos proporcionarle un bosquejo breve acerca de este personaje quien nació en Calcuta, India. Era descendiente de una familia italiana antigua y en su linaje genealógico se tropezaba con Rodrigo Lanzol y Borja, también conocido como Rodrigo Borgia o el papa Alejandro VI. Fornaro creció en Italia y Suiza y fue educado en la Real Academia de Munich. En su actividad profesional se destacó como artista, humorista, escritor y editor. Llegó a México en 1906 en donde durante más de tres años publicó un periódico. En 1909, escribió el libro ’Díaz Czar of Mexico. With an open letter to Theodore Roosevelt,’ Como resultado enfrentó una demanda por difamación criminal, siendo enviado durante un año a reflexionar en una prisión de New York. Ello, no lo desanimó en su interés por lo que acaecía en nuestro país y cuando el presidente Carranza Garza delineaba los trazos de lo que habría de ser el Estado Mexicano moderno, Fornaro tomó la pluma para narrar en ’Carranza and Mexico’ lo que había visto y observaba en ese proceso. En esta ocasión, nos concentraremos lo que escribió respecto al papel que desempeño Aureliano Urrutia en la asonada, respaldada por sahumerios y bendiciones, en contra del presidente Madero González.
Como preámbulo a lo que vendría, Fornaro narra un evento acaecido en 1908 cuando el pintor, Gerardo Murillo, conocido como el Dr. Atl, fue al sanatorio de Urrutia, quien era su compadre, para que le practicara una operación. Ahí, encontró a Huerta a quien no conocía. Posteriormente, varias fueron las veces en que los tres coincidieron y Murillo se hizo merecedor a la confianza de los otros dos. Uno de esos días, mientras hablaban de política, Urrutia mencionó que los capaces con ambición deberían de estar listos en caso de que el presidente Díaz Mori falleciera. En medio de ello, Urrutia le dijo a Huerta: ’general usted tiene madera de presidenciable, es capaz y valiente, además de controlar a la mitad del ejército. ¿Porque no empieza a prepararse? Con los ojos entrecerrados Huerta observó a sus interlocutores y con cara circunspecta, tras una pausa larga les dijo: ’Es difícil, pero no imposible.’ El galeno ya había dejado sembrada la semilla que le redituaría beneficios.
Si bien Fornaro asegura que fue la iglesia católica quien impuso a Francisco León de la Barra y Quijano como presidente provisional tras la renuncia del presidente Díaz Mori, cabe mencionar que dicho nombramiento fue consensado entre las fuerzas políticas que se iban y las que llegaban. Lo que si no es factible negar es el hecho de que en el gabinete del presidente Madero González había algunos quienes se hicieron como ’si la virgen les hablara’ y las reformas que el coahuilense trataba de implantar nada tuvieran que ver con ellos. Asimismo, Fornaro menciona como los clérigos andaban aquellos días muy activos política y financieramente. Asimismo, apunta que contribuyeron con algo más que bendiciones a la caída de Madero, lo hicieron, dice Fornaro, con millones de dólares que distribuyeron entre los jefes del ejército. Al respecto, cabe indicar que respecto a cuanto fue el monto aportado, por esas almas pías, ha sido motivo de controversia entre los historiadores.
Acerca de como se dieron los entretelones de la asonada, Fornaro incorpora a su narrativa la figura de Aureliano Urrutia Sandoval. Este personaje formado en colegios jesuitas, previo a su incursión en las aulas de la carrera de medicina, es señalado en la narrativa como el agente intermediario entre la curia y la asonada. Según Fornaro, Urrutia fue el instigador y conspirador principal encargado de seleccionar a Huerta como la herramienta más conveniente para la Iglesia. Este fulano, además de ser católico, era un tipo sin escrúpulos y con una ambición amplia quien utilizó, bueno ambos se usaron, a la iglesia católica como escalón. Recibió millones de dólares del clero, de los terratenientes y de los extranjeros, como banqueros, mineros, petroleros y varios más. Sin pestañear, Fornaro escribió que, durante la usurpación, ’… el Dr. Urrutia fue Mefisto y el Iago de Huerta.’ Durante la Decena Trágica, Urrutia estuvo yendo y viniendo constantemente entre la casa del obispo de México y las oficinas de Huerta. Eso le traería una recompensa posterior.
Pero como ya sabemos que cuando los ambiciosos se apoderan de algo mediante malas artes, pues poco les dura el amor y empiezan a ver como se deshace el uno del otro o viceversa. Así, en cuanto Huerta se instaló, los miembros del alto clero católico empezaron a notar que su ’chamaco’ les había salido muy impopular. Ante ello, no estaban dispuestos a dejar que otro fuera a arrebatarles lo que tanto les costó recuperar. Pusieron manos a la obra y comenzaron a planear el asesinato de Huerta o bien como lo tumbaban de la silla para colocar otro de igual catadura, pero que luciera menos fiero, en su lugar. Hasta ese punto, Huerta desconocía la poca estima que le tenían sus apoyadores. Tal vez por eso, Huerta confiaba en el Urrutia más que ningún otro hombre en México, excepto el general Aureliano Blanquet, aquel quien dirigió el escuadrón de fusilamiento de Maximiliano, y nombró al médico como ministro del interior, lo cual hizo que sobre sus hombros recayera la responsabilidad del asesinato de decenas, es decir, cientos, de enemigos políticos del régimen de Huerta. En dicha tarea, el oriundo de Xochimilco tuvo el apoyo de varios miembros distinguidos de la curia católica. Entre ellos destacaban: el arzobispo de México, José Mora y Del Río (el mismo quien años después, previa autorización del Papa Pío XI, diera el banderazo de salida a la reyerta inútil conocida como la cristiada); el arzobispo de Michoacán, Jenaro Méndez Del ríos, (aquel quien en Roma convenció a Pio IX para que autorizara que sus feligreses fueran a matar a quienes no compartían su interpretación de la doctrina); el arzobispo de Oaxaca, Eulogio Gregorio Gillow y Zavalza (el compañero de seminario y amigo del presidente Díaz Mori a quien convenció de que permitiera a la curia volver a enriquecerse); y, José Ramón Ibarra y González, Arzobispo de Puebla (organizador de la primera peregrinación diocesana al Tepeyac y fundador de los Misioneros del Espíritu Santo). Mientras estos cuatro clérigos y varios más apoyaron a Urrutia en la tarea encomendada, Huerta no tuvo objeción alguna. En ese contexto, vale la pena reproducir el contenido de algunos comunicados, citados por Fornaro, entre el medico en funciones de ministro del interior del usurpador y un tercio de estas almas pías, en los cuales se muestra que para nada jugaban el papel de neutrales en aquellos tiempos.
El 9 de julio de 1913, Urrutia envió una cara a Mora y Del Río en el cual le expresaba, ’su agradecimiento por la buena asistencia que ha estado prestando al gobierno en el restablecimiento de la paz, una tarea que es más útil porque lograr eso, como lo está haciendo, con inteligencia y sentido común, generará un beneficio duradero al país… por lo cual le suplico continúe con ese trabajo.’ Una vez dados los doblones necesarios, procedió a instrumentar la faena mencionándole que en días previos se celebraron ’algunos servicios conmemorativos, los cuales en honor de los hermanos Madero causaron mala impresión en los círculos sociales, y especialmente en el gobierno, por lo tanto le pediría tomar las medidas que considere necesarias para prevenir un repetición de demostraciones de esta naturaleza, que podrían contribuir a retrasar el éxito del trabajo realizado por el Gobierno para poner fin a nuestro guerras internas.’ Esa era apenas la primera tanda. Acto seguido Urrutia proseguía e indicaba ’también, debo de llamar su atención sobre la necesidad de detener, a toda costa, la actividad que realiza cierta persona del clero quien realiza propaganda en contra del gobierno…Con su inteligencia y taco, estoy seguro de que usted encontrara un medio eficaz para detener las acciones que realiza la persona en cuestión…’ Mas pronto de lo esperado se vieron los resultados del trasteo. El 11 de julio, Mora y Del Río respondió la misiva.
En ella, tras los cumplidos de rigor, Mora indicaba a Urrutia que ’…todos los curatos y clérigos bajo mi jurisdicción, en cumplimiento de su deber, harán todos los esfuerzos necesarios para lograr, lo antes posible, se cumplan las aspiraciones de todas aquellas personas de bien quienes desean la paz y tranquilidad en este, su país amado…la iglesia desea la paz, evitar el derramamiento de sangre y que todos cooperen hacia el logro del objetivo final de la sociedad que es el bienestar de todos sus miembros…’ Ya bien engarzado en el engaño, solicitaba que ’para proceder con toda justicia, me gustaría, si no tiene objeción, saber el nombre de la persona que realiza acciones en contra el gobierno. Una palabra suya sobre el sujeto será suficiente. Adjunto un Memo, de algo que puede ser útil para usted, y que ha llegado a mi conocimiento por fuentes dignas de mi confianza.’ Este no era el único prelado en faena con Urrutia.
El 11 de julio de 1913, el arzobispo Gillow le mandó una carta en la cual, además de denunciar que un tal Luis Pinto y su hermano tenían aterrorizados a los habitantes del distrito de Huejotzingo, Puebla, le solicitaba que, aun cuando personalmente no los conocía, buscara deshacerse de ellos en la forma que considerara mas conveniente. Además, le pedía que intercediera ante el gobernador de Puebla para que un ciudadano de nombre Enrique Acevedo retornara a la jefatura del distrito mencionado y que él, Urrutia apoyara a Ramon Vargas, el Juez del Tribunal Primario de Reclamaciones de Huejotzingo, y a Sidronio Primo, comisario, para que permanecieran en sus puestos, al tiempo que alertaba cuan peligroso sería para la causa que otro ciudadano de nombre Felipe Ramírez ocupara la posición de juez. Un tercer prelado, se embebía en el engaño de Urrutia.
Era su compadre, Jenaro Méndez quien pasaba por una gran ansiedad al enterase de que Manuel Calero y otros se manifestaban en contra de Urrutia. El obispo michoacano le decía: ’Bien puedo ver que su el objetivo es empañar la gloria que tan justamente has ganado, y para alienar a tus seguidores en toda la república. Pero no lograrán nada, porque todos los hombres sensatos conocen muy bien la envidia y las intrigas que animan a estas personas sin honor. Aunque estoy confiado, mi simpatía profunda y afecto por ti, me hacen temer que las intrigas de estos hombres puedan poner obstáculos en el camino que Nuestro Señor y Su Santísima Madre tienen designado para que puedas llegar hasta la cima y alcanzar la posición de presidente de la república, un cargo que requerirá un gran sacrificio por parte tuya, pero al mismo tiempo presentara una gran oportunidad para que puedas ejercer una gran actividad que genere la gloria y el honor de Dios y traiga grandes beneficios para nuestro país amado.’ Acto seguido, Méndez le pedía a su compadre Urrutia que le dijera de manera confidencial si el tal Calero era de temerse o si creía que fácilmente pudieran eliminarlo.
Protegidos por ese manto, las huestes huertistas se dieron a la tarea de perseguir a quienes no comulgaban con su postura. Agentes secretos a bordo de automóviles iban secuestrando a quienes identificaban como rivales y se los llevaban por los rumbos de la Villa de Guadalupe, ¿Por qué escogerían ese sitio? en donde aprecian apuñalados y si el tiempo les alcanzaba hasta ellos enterraban. Según la leyenda, esas atrocidades se incrementaron durante el tiempo en que Urrutia estuvo al frente del ministerio del interior. Durante ese lapso, se cometieron crímenes, entre otros muchos, como el de Abraham González y directamente a Urrutia se le achaca haber ordenado el asesinato del diputado Serapio Rendón Alcocer. Asimismo, se asegura que en su sanatorio ubicado en el barrio de San Lucas en Coyoacán, actuó como la mano ejecutora que cortó la lengua y dio muerte del senador Belisario Domínguez Palencia, evento ocurrido el 7 de octubre de 1913, un acontecimiento que la descendiente de Urrutia niega al afirmar, como así sucedió, que este dejó el cargo gubernamental en septiembre de ese año, pero debemos de recordar que fue hasta mayo de 1914 cuando abandonó el país y hasta entonces seguía al frente de su institución médica.
La razón por la cual dejó el cargo de ministro del interior de Huerta fue porque este descubrió que quienes creía sus aliados, la curia católica, le jugaban el toro al revés y buscaban a toda costa colocar a Urrutia en su lugar. Esa es la historia de todos aquellos quienes, a lo largo de los tiempos, han creído que asociarse con tales personajes los pone a salvo de traiciones, o les protegerá durante los tiempos de tormenta. Asimismo, en el caso de Urrutia, de nada le valieron sus compadres o aliados entre la curia católica, a pesar de su éxito en el exterior como médico, hasta nuestros días, en México es recordado como la mano ejecutora durante la usurpación cometida por el chacal, Victoriano Huerta. vimarisch53@hotmail.com
Añadido (1) Sin capucha, el diputado electo bajo las siglas de Morena como representante el Tercer Distrito de la Ciudad de México, Miguel Ángel Jauregui Montes de Oca, presentó una propuesta en el Congreso que se reformara la Ley Orgánica de la UNAM en lo concerniente a como se debe de elegir a sus directivos. Para quienes se preguntaban en donde estaba el origen de todos los problemas que se han suscitado últimamente en esa institución. Nada de que era una mano negra la que movía el pandero, es una de tono más deslavado, morena.
Añadido (2) Vaya que existen diferencias de un siglo a la fecha. Entonces, el comisionado de beisbol, el juez Kenesaw Mountain Landis, no se andaba con medidas cosméticas. Lo mismo vetaba de por vida a los integrantes de los ’Medias Negras’ de Chicago quienes vendieron juegos, que aplicaba sanciones por indisciplinado al máximo estrella del deporte en todos los tiempos, George Herman Ruth. Hoy, el comisionado Robert D. Manfred Jr., apenas se atreve a darles un coscorrón a los ’Astros del Engaño’ de Houston y justifica a los jugadores que fueron cómplices-beneficiarios. ¿La diferencia estará marcada por los niveles de testosterona o simplemente se trata de intereses económicos?
Añadido (3) La estrella nueva de los Demócratas, Michael Rubens Bloomberg, de tiempo atrás ya había dado pruebas de su amplio conocimiento sobre la forma en que se desarrollan las actividades primarias. Acorde a su perspectiva, ser agricultor es lo más fácil del mundo, ’se excava un hoyo, dentro de él se coloca una semilla, se cubre con tierra y se le riega con agua.’ Seguramente entre sus cercanos no hay quien le explique que las labores del campo son de las mas demandantes bajo un horario 24/7, los 365 días del año, además de que los conocimientos que se requieren van más allá de lo que muchos ignorantes se imaginan. Pero bueno, no es lo mismo sembrar flores de asfalto en New York, mientras se amasan fortunas, que enfrentarse a la realidad de la cotidianidad.
Añadido (4) Cada semana nos enteramos de que el número de arrepentidos se incrementa por cientos y buscan la forma de purificar el pecado que cometieron hace un año y medio. Algunos hasta han pensado en recurrir al latiguillo para mortificar sus carnes y ver si en esa forma expían la falta.



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