PÉNDULO POLÍTICO

El medio II

Dr. Emiliano Carrillo Carrasco

El medio II

Política

Enero 05, 2020 20:10 hrs.
Política Nacional › México Ciudad de México
Dr. Emiliano Carrillo Carrasco › Informativo Nacional

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Es lo que ha estudiado estupendamente Jean Delumeauen su obra El miedo en Occidente. Son terrores basados en creencias, informaciones o supersticiones compartidas. Por ejemplo, el miedo a la mujer, demonizada previamente, convertida en la mitad subversiva de la humanidad, que culminó con la caza de brujas. Gershen Kaufman, en su libro sobre la vergüenza, señala que uno delos guiones culturales de la sociedad americana es el de la necesidad de competir y tener éxito, lo que provoca en el hombre un especial miedo al fracaso. El miedo dispara los mecanismos de huida. Los sentimientos están directamente relacionados con la acción. Como todos los sentimientos, el miedo tiene una estructura narrativa. Por eso conviene describirlo contando historias, y por eso los escritores son una fuente indispensable para estudiarlo. Sobre todo porque muchos de ellos han encontrado en la escritura un modo de defenderse de sus terrores íntimos. No hablan, pues, de oídas, sino por propia experiencia. Hemingway, por ejemplo, con su cuidada figura de aventurero intrépido, intentó conjurar su miedo a tener miedo. Se tiranizó a sí mismo. Para liberarse de un sentimiento de menosprecio que acabó por sumirle en una depresión de la que no se salvó. Durante toda su vida se sometió a demandas Inalcanzables, se obligó a realizar proezas extraordinarias, que constantemente despreciaba. Almenas eso dice M. Yelmo en su estudio psiquiátrico del escritor (Archives of General Psychiatry, 1971,24).

Las variaciones de la experiencia: Así pues, por muy diferentes que sean, nuestros espantos comparten un esquema común, un argumento compartido, el mismo plata, como dicen los psicólogos anglosajones, a saber: un desencadenante, interpretado como amenaza o peligro, provoca un sentimiento desagradable, de alerta, inquietud y tensión, que suscita deseos de evitación o huida. Los miedos animales comparten esta estructura narrativa, pero el humano añade la variedad y complicación de los desencadenantes. Podemos sentir miedo de casi todo, y tendremos que estudiar este dinamismo expansivo y contagioso. Mejor sería decir «corruptor», porque el miedo lo es. Poroso, el que provoca el miedo, corrompe, y debe ser tratado como un corruptor. Corrompe las relaciones, los sentimientos, las situaciones, la integridad, el Yo. Poroso el miedo se expande como una enfermedad. A Simona de Boudoir le sacaba de quicio que Sartre diera propinas excesivas en los restaurantes. «Necesito que el camarero me mire bien», se excusaba Sartre. « ¡Pero si no le vas a volver a ver!», argüía su irritada y sensata pareja.

El razonamiento era inútil, porque en el comportamiento de Sartre actuaban profundas demandas. «Contralo oscuro, fracasa el Yo», escribió Rilke. Y los miedos con mucha frecuencia proceden de lo oscuro. Kafka, que va a ser un conmovedor compañero en este libro, comienza su Carta al padre con una afirmación terrible: «Hace poco me preguntaste por qué decía que te tenía miedo. Como de costumbre, no supe qué contestarte, en parte, precisamente, por el miedo que me das, y en parte porque son demasiados los detalles que fundamentan ese miedo, muchos más de los que podría coordinar a medias mientras hablo. Su magnitud excede en mucho tanto mi memoria como mi entendimiento». Es, precisamente, la admiración que el pequeño Kafka sentía por su padre lo que confiere a éste su poder destructivo. Miedos individuales y miedos colectivos.

El miedo es una emoción individual pero contagiosa, o sea, social. Una de las ventajas de la vida en grupo es que las respuestas de miedo evolucionan para convertirse en señales de alarma ante las cuales pueden reaccionar los otros miembros del grupo. Incluso se modulan de acuerdo con la intensidad del peligro. El paciente Nike Tiñeren estudió los diferentes chillidos de alarma de las gaviotas .Cuando perciben un estímulo ligeramente perturbador, lanzan un «he he » apenas audible, de alta frecuencia, muy agudo. A medida que el intruso se aproxima, el grito se hace más intenso, cambia su tono un poco y el número de sílabas pasa de dos a cuatro o cinco. Éste es su léxico del miedo. El contagio del temor nos permite hablar de «miedos familiares», que aquejan a una familia, y de «miedos sociales», que acometen a una sociedad en algún momento de su historia.

Los terrores del milenio, los miedos provocados por la peste, el temor a la inminencia de los últimos tiempos que a partir del siglo XIV se difundió en Europa sirven de ejemplo. «En el otoño de la Edad Media —escribió J. Huizinga— el sentimiento general era que el aniquilamiento del mundo se acercaba». Se vivía en vilo. La Francia revolucionaria fue estremecida por el Gran Miedo, un conjunto de falsas alarmas, noticias de saqueos, destrucciones, sospechas de un «complotaristocrático» contra el pueblo, con ayuda de bandidos y de potencias extranjeras. La psicología de las multitudes nos dice que Las masas son muy influenciables, y describe el carácter absoluto de sus juicios, la rapidez de los contagios emocionales, el debilitamiento o la pérdida del espíritu crítico, la desaparición del sentido de la responsabilidad personal, la subestimación o la exageración de la fuerza del adversario, su aptitud para pasar repentinamente del horror al entusiasmo y de las aclamaciones a las amenazas de muerte.

Una escuela para soportar el miedo Christophe André es un conocido experto en miedos que dirige una unidad especializada en tratarlos en el Hospital Sainte-Anne de París. No podemos eliminar las pasiones, pues nos convertiríamos en piedras. Debemos comprenderlas, penetrar en ellas, hacer que pasen de ser pasiones a ser afectos. Si entendemos las causas adecuadamente, dice, podremos disminuir la tiranía de sus efectos, aunque no podamos ciertamente anularlos. Son energías naturales a disposición de quien sepa educarlas. Para Spinoza, una pasión sólo puede ser educada por otra pasión más fuerte todavía, que para él consistía en la «ciencia intuitiva» o amor Dei intellectualis, un conocimiento de la «energía del existir» presente en las cosas singulares. Conviene explicar que el miedo produce un triple estrechamiento de la conciencia: Corporal: Sólo se experimenta el cuerpo como una vivencia opresiva. A esto hacen referencia las palabras «angustia» y «congoja», que indican angostamiento, imposibilidad de respirar con amplitud.
Psicológica: El mundo sólo se ve como un lugar de amenazas. Se impone un sistema equivocado de interpretación, que percibe estímulos neutros como peligrosos.

Además, como en la depresión, se da una visión en túnel, una esclavitud de la atención, que está siempre pendiente de la amenaza. Conductual:
Todas las energías se concentran en un único objetivo: estar en alerta máxima, presto a huir, o realizar los rituales que liberan momentáneamente de la angustia. Esta engañosa eficacia los hace especialmente peligrosos.


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