Perfil de México
Armando Ríos Ruiz
Si en México hubiera Estado de Derecho y los presuntos criminales fueran investigados inmediatamente después de ser señalados de cometer delitos graves y no graves, Adán Augusto López Hernández, apenas hace cinco días aún coordinador de la bancada morenista en la Cámara de Senadores, ya hubiera sido sometido a las causas reales de la justicia.
Tal vez también ya hubiera sido detenido y también, quizá su proceso estaría ya en marcha.
Su renuncia al cargo, deja muchas preguntas que los días por venir habrán de despejar poco a poco, cada vez que se filtren las verdaderas causas.
Por lo pronto, se sabe que fue la Presidente Sheinbaum quien lo llamó desde hace dos semanas, junto con Ricardo Monreal, para decir a ambos que tenía demasiada información de todos los movimientos indecentes en que solía incurrir cada uno de los coordinadores de sus respectivas bancadas.
Respecto al segundo, presidente también de la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados, ha dicho que ya tiene firmada su renuncia, que al mismo tiempo se traduce en su adiós a la ambición de ser Presidente de México. Que siempre ha estado preparado para el retiro y cosas como estas.
Pero todo coincide, además, con el telefonema que la Primera Mandataria sostuvo con Trump, después de la cual, su homólogo vecino se volcó en alabanzas para ella, que los agudos politólogos interpretaron como un hecho en el que, al fin, el estadounidense obtuvo lo que quiso y como quiso.
Recuerdo que poco después de haber quedado al descubierto la existencia del grupo criminal denominado La Barredora, comandado por el secretario tabasqueño de Seguridad, Hernán Bermúdez Requena, un político me dijo: ’Adán Augusto acaba de ser sentenciado’. Y efectivamente, poco a poco, el expediente delictivo de don Adán comenzó a engordar a pasos agigantados, al grado de que no había espacio en los medios y en pláticas informales de la ciudadanía, que no abordaran su caso.
Aun así, parecía que todo estaba bajo control, por contar con todo el apoyo del ex presidente tabasqueño, su querido hermano. Por esta razón fue sorpresiva su renuncia, que deja hasta el momento muchas preguntas, incluidas las que corresponden al mismo dueño del rancho con el nombre del verbo más conjugado.
Hace nada, don Adán sentía que casi podía despedirse de sus amigos porque sin duda iría como embajador a tres países en los que él mismo pensó: Portugal, España y Francia y los analistas dedujeron que seguramente escogería el último, porque allá estudia un hijo suyo y además tiene una mansión que tal vez compró con las cuantiosas ganancias que le dejó la notaría.
Al respecto, en una ocasión manifestó que fue un notario muy exitoso y en efecto, solía ser solicitado por empresarios de muy dudosa reputación, que conformaron una clientela pródiga en el reparto de pequeña parte de sus capitales, seguros de tratar con el mismo hermano del Presidente de México.
De esa manera trataba de justificar la aparición de sus millonarios ingresos, para desviar la atención de los ojos de México hacia el supuesto jefe de la banda de La Barredora, que usurpaba ese puesto con su anuencia.
Llegó a pensar en Transilvania, Rumania, para perderse un rato, mientras se disipaba el huracán en su contra.
Pero resulta que allá no hay consulado con México. Las posibilidades se esfumaban y hace unos días, acabó por tensarse su situación cada vez más embarazosa, hasta que, finalmente, tuvo que renunciar al cargo, pero no a la gran cobija que le brinda el fuero del Senado.
Muchos mexicanos saben que el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump; el secretario de Estado, Marco Rubio y algunos congresistas cubanos, han insistido en que México debe mandarles a muchos políticos morenistas en funciones. Las listas siempre incluyen el nombre de don Adán.
En su lugar fue nombrado el ex priista Ignacio Mier quien, como tal, votó a favor del Fobaproa, criticado hasta la fecha con vitriolo, por don Amlo.
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