Catón

En los altares de Afrodita

Armando Fuentes Aguirre

En los altares de Afrodita

Periodismo

Agosto 06, 2019 20:08 hrs.
Periodismo Nacional › México Coahuila
Armando Fuentes Aguirre › guerrerohabla.com

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Don Geroncio, señor de edad madura, llegó a la casa de mala nota, lupanar, mancebía, casa de asignación, zumbido, ramería, burdel, prostíbulo o congal que visitaba, con metódica regularidad, todos los jueves de 9 a 11 de la noche.
-Que venga Jobina –le pidió a la nueva encargada.

-¿Jobina? -se sorprendió la mujer-. Mire, señor: están libres Frineya, Mesalinda y Taisa. Las tres son más jóvenes y guapas que Jobina. Ella es muy buena amiga, pero no cabe duda de que está entrada en años, en kilos y en arrugas.

-Ya lo sé -contestó él-. Pero Jobina tiene algo que las demás no tienen.

-¿Qué es? -preguntó la otra.

Respondió con un hondo suspiro don Geroncio:

-Paciencia.

Con todo respeto, para usar una de las frases favoritas de López Obrador, le diré a este maduro caballero que lo que necesita no es paciencia ajena, sino energía propia. En caso de que alguno de los fármacos potenciadores de la libido le produzca indeseables efectos secundarios, o si las miríficas aguas de Saltillo no animan su desanimada condición, don Geroncio debe fortalecer su feble organismo con nutritivos alimentos a los que se conceden vigorizantes atributos de los que se requieren para sacrificar en los altares de Afrodita.

Sin que sea ésta una relación exhaustiva, sino de mera ejemplificación, presento un breve catálogo de elementos fortificadores que bien podrían servirle al añoso señor para no fatigar la paciencia de Jobina, caritativa mujer de cuya bondad y afable disposición no se debe abusar.

He aquí las más conocidas entre todas esas sustancias supuestamente afrodisíacas, según se enumeran en el ’Vademécum de Farmacopea’, del doctor Hilarión Aldana Gamio:

Alcauciles, almizcle, almejas, ámbar, apio, ayahuasca, beleño, belladona, berenjena, canela, cantáridas, carbono (sulfato de), cuerno de ónix, damiana (hierba), especias, estricnina (naturalmente en muy pequeñas dosis).

Falinia, fósforo, genitales de cocodrilo (Sudán), ginseng, hachís, infusión de menta, jengibre, kahlúa (licor de), leche de cebra (Tanzania), mandrágora, mariscos.

Mollejas de gallina (Edad Media), nuez vómica o moscada, peyote, quina (plantas estas últimas dos que no se recomiendan mucho, por ser alucinógenas).

Rinoceronte (cuerno de), salvia, té de clavo, umbelíferas (yerbas), vainilla, xerófitas (plantas), yohimbina y zarzaparrilla.

Ahora bien, don Geroncio: jamás vaya usted a tomar alcanfor, bromuro, nenúfar o foliculina, pues esas vitandas sustancias son anafrodisíacas, vale decir, producen exactamente el efecto contrario al que usted busca, y deberían ser desterradas de la farmacopea por nocivas y contrarias al género humano.

La lista que arriba puse no es óbice para decir que en todo caso el mejor estimulante del amor es el corazón: si no hay amor y ternura por la pareja ya podrá el amador tomarse todos los afrodisíacos existentes: el efecto será nulo o modesto. La mujer amada es, en cualquier hombre, la mejor incitación para lograr esa plenitud dada por Dios que es el amor.


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