Transparencia política
Erwin Macario Rodríguez
La degradación de la política, por la ambición desmedida, la irrupción de advenedizos, la protección y el padrinazgo cómplice, es el cáncer de una de las más altas y honrosas actividades.
Tres ejemplos bastarían esta vez para insistir que el ejercicio político se está convirtiendo en un reality show donde la frivolidad no es sólo un escape a las tensiones y responsabilidades, sino una amenaza para el sistema político y en especial para un tambaleante partidismo oficial y oficioso.
Y no es una conducta, como antes, que adornaba la femineidad. Dos políticos son, por ahora, la muestra de ello. Erubiel Alonso Qué y Evaristo Hernández Cruz. Y Katia Ornelas, que abusa de la poca sustancia y profundidad que era un adorno en las mujeres.
El frustrado aspirante a la candidatura de presidente municipal de Centro, a falta de propuestas y argumentos que validen el posible padrinazgo de Alejandro ’Alito’ Moreno para sustituir a Yolanda Osuna, está exhibiendo su soberbia insolente al tomar como bandera opositora el llamado a que los tabasqueños no cumplan con el reemplacamiento de unidades automotrices, trámite que será obligatorio en diversas entidades para vehículos con placas expedidas en 2021 y anteriores que no hayan renovado en 2025. Frívolo, él si reemplacará sus vehículos. Ya verán.
De Evaristo se ha gastado mucha tinta en sus sueños guajiros de ser gobernador. Frivolidad extrema. Tema que aguanta.
Katia Ornelas Gil, secretaria de Fomento Económico y Turismo, mareada por el humo del padrinazgo de Pepín López Obrador, contra la política de respeto y tolerancia del gobernador Javier May, ha punzado el avispero de la prensa, esa que su actual protector califica de ’carroñera’.
Katia ha mutado demasiado. De la cercanía con periodistas en su forma de vida, de estar en la política cuando era del PRI, ha pasado a la amenaza, con supuesta violencia política contra ella por su calidad de género.
Esperemos el violentímetro. Da para mucho.