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Iran-EEUU: Tú no me das, yo no te doy, ¿entonces?
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Luis Manuel Arce Isaac
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Miércoles, 13 de Mayo de 2026 00:14 hrs.
Nacional / México / Cuauhtémoc
La tensión Irán-EEUU escala entre amenazas, ataques y exigencias cruzadas, mientras fracasan las negociaciones y crece el riesgo regional.
Iran-EEUU: Tú no me das, yo no te doy, ¿entonces?
Siempre se ha dicho que toda negociación es como una carretera de dos vías, un toma y daca, el tú me das y yo te doy, y si se rompe ese esquema, entonces deja de serlo para convertirse en un pulseo de imposiciones, y quien lo doble el brazo al otro, gana.
Es lo que parece que sucede en Islamabad entre las delegaciones negociadoras de Estados Unidos e Irán donde los enviados de Donald Trump propusieron un imposible militar, moral, político y geoestratégico, en una palabra, rendición, a sabiendas de que los persas no aceptarían. Huele a maniobra.
A su vez, Teherán respondió con un programa de 14 puntos que, de aceptarlo la Casa Blanca, se terminaría la guerra inmediatamente que los cumpla, y se lograría la paz estable en la región si Israel no mete la mano y las monarquías a las que están conquistando, como Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, se quedan tranquilitos y no revuelven el avispero que los puede picar hasta en las barbas de los jeques.
Trump, como siempre, usa su lenguaje amenazante, desde volarlos en pedazos hasta convertirlos en un infierno, si no le entregan el uranio enriquecido y deja de existir la revolución islámica que le dé paso a un imperialismo sionista y el dominio del golfo arábigo-persa y su estrecho de Ormuz.
Entró en cólera cuando Irán le respondió: “de eso nada”.
Acompañó esa soberbia con un ataque a buques iraníes y bombardeo de varios lugares, incluido Teherán, como un balón de ensayo para tantear a los persas, pero la respuesta iraní fue tan convincente y demostrativa de que sus líderes no mienten cuando aseguran que si EEUU los ataca se arrepentirá, que declararon enseguida que la violación no interrumpía el cese el fuego ni las negociaciones.
Estas últimas se reanudaron, en el caso de EEUU sobre la misma base de demandas que jamás aceptará Irán sobre su desarrollo nuclear con fines pacíficos y del control del estrecho de Ormuz al que Teherán tendría que renunciar, y en el de Irán con una nueva oportunidad a Washington para que salve un poco la honrilla —algo difícil— si cumplen un condensado de demandas.
Entre ellas, retirada de las fuerzas militares estadounidenses, levantamiento del bloqueo naval, liberación de los activos iraníes congelados, pago de indemnizaciones, levantamiento de las sanciones, fin de la guerra en todos los frentes, incluido el Líbano, y nuevo mecanismo de tránsito por el estrecho de Ormuz.
Por supuesto que Trump los rechazó y calificó de borrador la propuesta que lo puede ayudar a salir del hueco, pero no lo aceptó y sigue empecinado en que ganó la guerra, aunque después de la reacción iraní a la violación flagrante del cese el fuego, le dio un nuevo matiz a esa afirmación al aclarar que Teherán está “derrotado, pero no acabado”, y confesó que habló con su gran amigo, el criminal de guerra Benjamín Netanyahu y, curiosamente, poco después ese sujeto ordenó un ataque masivo contra la población civil libanesa que dejó 26 muertos.
Los peluqueros del Pentágono y del Departamento de Estado están enloquecidos porque Trump no acaba de decidirse si se peina o se hace moñitos, y ya ni reconoce si lo que al final decida será parte de una ficción de grandeza derivada de una merma visible de sus neuronas, o de una realidad real, no virtual, de las advertencias iraníes que han demostrado que no son mentirosos como él y sus secretarios.
Sus asesores también están enloquecidos y se jalan los pelos porque la indecisión de Trump no los deja elaborar algún consejo acerca de si tira la bomba atómica en el golfo por donde empezaría el planeta a convertirse en aerolitos, o sopesar las filtraciones publicadas por Yedioth Ahronoth acerca de la insistencia de Teherán en incorporar, dentro de cualquier acuerdo que se negocie, una cláusula explícita que contemple el cese de la guerra en todos los frentes como parte de una lógica política y estratégica de largo alcance que sepulte la idea de convertir a Israel en un imperialismo sionista.
Así las cosas, Europa tiembla porque muchos de sus líderes se han contagiado con Trump porque atrapada en una trampa de oso entre los filosos dientes de la guerra en Ucrania, el debilitamiento de la OTAN, las presiones de Washington y Tel Aviv, y la escasez de un petróleo que le sobra a Moscú, tampoco aciertan si peinarse o hacerse moñitos ante los llamados de la desesperada Casa Blanca a caerle con todo a Irán.
Es como si algo fuera del alcance de sus capacidades de asimilación les estuviera enviando el mensaje de redención y moralidad que dejaron para la humanidad Los últimos días de Pompeya, recogidos en la película del mismo título.
De lo que no hay dudas, y es lo que tienen que meterse en sus cabezas tanto Estados Unidos como Europa, es que la fracasada aventura conjunta de Trump y Netanyahu, dejó en claro que no están en condiciones de controlar el golfo, y que la posición iraní en las negociaciones es unívoca:
La situación actual ha dejado de ser coyuntural para convertirse en un factor de redefinición de las reglas de una nueva convivencia regional que desborda sus propias fronteras.
De allí que en Islamabad las partes no se buscan un acuerdo provisional sino de dimensión estratégica, capaz de redefinir la naturaleza misma de la disuasión regional y de conferir a sus aliados recíprocos un reconocimiento indirecto de su influencia y de su papel dentro de la nueva ecuación de seguridad en Medio Oriente. Eso, indudablemente, complica mucho el presente y enturbia el futuro.
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