La reacción del gobierno estadounidense y la respuesta del mexicano ante la caída de Maximiliano - Opinión - Saltillo - tabloiderevista.com

Opinión

La reacción del gobierno estadounidense y la respuesta del mexicano ante la caída de Maximiliano

Rodolfo Villarreal Ríos

La reacción del gobierno estadounidense y la respuesta del mexicano ante la caída de Maximiliano

Periodismo

Mayo 23, 2021 01:12 hrs.
Periodismo Nacional › México Coahuila
Rodolfo Villarreal Ríos › guerrerohabla.com

5,660 vistas


La colaboración anterior la concluíamos con el debate acerca de si la captura del aventurero-crédulo fue o no resultado de una traición o de una negociación. Lo que no se discutía era que el segundo imperio de opereta había concluido. Ante ello, las autoridades europeas recurrieron al gobierno estadounidense en busca de salvar al intruso. Ahora clamaban por la clemencia que él y los suyos no ejercieron durante su estancia en el país. En este contexto, repasemos como se movían en Washington quienes buscaban que a Maximiliano se le tratara distinto.
Cuando ya oteaban que la aventura estaba por concluir sin éxito, el emperador de Austria, Franz Joseph Karl von Habsburg-Lothringen, envió un comunicado a su enviado extraordinario y ministro plenipotenciario en los EUA, el conde Ferdinand Freiherr von Wydenbruck. El gobernante austriaco estaba preocupado tras lo ocurrido, en enero de 1867, en Zacatecas cuando Miguel Miramón falla en su intento por detener al estadista Benito Pablo Juárez García, y las tropelías cometidas por las tropas imperialistas sobre la población civil. En función de ello, estaba consciente de que nada bueno le esperaba a su hermano Maximiliano en caso de ser capturado. Recurramos a lo que Eugene Lefevre muestra en ’Documentos oficiales recogidos en la secretaria privada de Maximiliano: Historia de la intervención francesa en Méjico’ (1869). Ahí, se reproduce el comunicado que Wydenbruck dirigió, el 6 de abril de 1867, al secretario de estado, William Henry Seward. En dicho documento, se leía: ’Ayer recibí un telegrama de mi corte, en que se me encarga hable sobre el asunto con el Señor secretario de Estado y vea si está vd. dispuesto a usar su influencia con Juárez, urgiéndole a que respete en tal evento la persona del hermano de mi emperador. Por supuesto que esa interposición amigable favorecería también a otros prisioneros que pueda haber, ’especialmente a los extranjeros. No vacilamos en hacer este ocurso a vd., Señor secretario, no sólo porque tenemos confianza en la amistosa disposición del gobierno americano, sino porque parece que este gobierno tiene el derecho de pedir a Juárez que respete a los prisioneros de guerra, supuesto que al apoyo moral del gobierno americano es a quien debe en gran parte sus actuales ganancias el partido liberal de Méjico.’ El temor que invadía a los invasores no era de gratis.
Tenían muy presente lo que hicieron el 21 de octubre de 1865. Por aquellos días, los imperialistas capturaron a los defensores de la Republica, los generales José María Cayetano Arteaga Magallanes y Carlos Benito Salazar Ruiz, los coroneles Jesús Diaz Ruiz, y José Trinidad Villagómez Patiño, así como al capitán Juan González. Cuando Seward instruyó al ministro plenipotenciario y enviado extraordinario ante Napoleón III, John Bigelow Sr., para que solicitara al ministro de asuntos exteriores de Francia, Édouard Drouyn de Lhuys, la intervención del gobierno francés para evitar que a dichos prisioneros se les aplicara la ley del 3 de octubre de 1865, la respuesta fue: ’Maximiliano es un emperador como cualquier otro, y Francia nada tiene que dictarle respecto a su conducta.’ Ante ello, poco se pudo hacer para evitar que los cinco republicanos fueran fusilados por ordenes del coronel conservador Ramon Méndez. Al parecer, en 1867, Seward se olvidó de la actitud del francés y en cuanto recibió la solicitud de Wydenbruck, se aprestó a enviar, el día 6, un comunicado al ministro plenipotenciario y enviado extraordinario a México, Lewis Davis Campbell indicándole lo que debería de transmitir al estadista Juárez García. Aquí cabe mencionar que Campbell, a pesar de haber entrado en funciones desde octubre de 1866, era abril de 1867, aun no presentaba sus cartas credenciales al mandatario mexicano y ejercía su encomienda desde New Orleans, Louisiana. En el texto de la misiva que Seward enviaba a Campbell, se leía: ’Parece probable la captura del príncipe Maximiliano en Querétaro por los ejércitos liberales de Méjico. La severidad que se ha dicho fue ejercida con los prisioneros capturados en Zacatecas, origina el temor de que se ejerza una severidad semejante con el príncipe y sus soldados extranjeros. Semejantes severidades serían perjudiciales á la causa nacional de Méjico y al sistema republicano en todo el mundo. Comunicará vd. al presidente Juárez prontamente y por medios eficaces, el deseo de este gobierno de que, en caso de ser capturado el príncipe y sus secuaces reciban el tratamiento humano, concedido por las naciones civilizadas á los prisioneros de guerra.’ Ninguna demanda de castigo para los felones que cometieron las atrocidades en Zacatecas, pero eso si que, al capturar a sus jefes, a estos los trataran con comedimiento. Y, en acatamiento de la instrucción, Campbell envió una nota al ministro de relaciones exteriores, Sebastián Lerdo de Tejada y Corral, en la cual le mencionaba que: ’El gobierno de los Estados-Unidos simpatiza sinceramente con la República de Méjico, y tiene gran interés en su prosperidad; más yo debo expresar la creencia de que la repetición de las severidades referidas, [la forma en que se trató a los prisioneros capturados a principios de año en Zacatecas] debilitaría las simpatías enervando su acción. Se cree que tales actos con los prisioneros de guerra, según se ha dicho, no pueden elevar el carácter de los Estados Unidos Mejicanos, en la estimación de los pueblos civilizados, y tal vez perjudiquen á la causa del republicanismo, retardando su progreso en todas partes. El gobierno me ha prevenido que haga saber al presidente Juárez, pronta y eficazmente, su deseo de que en el caso de que se capture al príncipe Maximiliano y a los que lo sostienen, reciban el tratamiento humano que se acostumbra con los prisioneros de guerra en naciones civilizadas.’ Al revisar el texto, a don Sebastián le pareció insultante, dado lo cual procedió, el 27 de abril, desde San Luis Potosí, a contestar en los términos que se anotan en el párrafo siguiente.
’Los enemigos de la República, deseando producir una impresión desfavorable á la misma, se han empeñado en adulterar los hechos, y en esparcir informes inexactos sobre el caso de los prisioneros de San Jacinto. La mayor parte de ellos, en número considerable, fueron perdonados, y el castigo que mandó ejecutar en algunos el jefe de las fuerzas republicanas, fue por no considerarlos como simples prisioneros de guerra, sino como culpables según el derecho de las naciones y según las leyes de la República. Acababan de entregarse a todo género do excesos y de crímenes en la ciudad de Zacatecas, porque peleaban como filibusteros sin patria y sin bandera, y como mercenarios pagados para derramar la sangre de los mexicanos que defienden su independencia y sus instituciones. Algún número, no pequeño, de los extranjeros aprehendidos en San Jacinto, fueron conducidos a Zacatecas, donde han sido tratados con mucha benevolencia; del mismo modo que han sido y son trasladados otros aprehendidos en Jalisco, quo no tenían las mismas circunstancias agravantes de especial culpabilidad.’ Tras de ello, Lerdo de Tejada mencionaba como el gobierno de la Republica había sido respetuoso de las vidas de los prisioneros capturados durante las batallas, lo cual contrastaba con la actitud asumida por los franceses quienes no se detenían en asesinar a los republicanos que capturaban, al tiempo que ordenaban incendiar poblaciones enteras. Sin embargo, las suplicas no iban a reblandecer al gobierno de la republica como se puede observar a continuación.
’Retiradas las fuerzas francesas, el archiduque Maximiliano ha querido seguir derramando estérilmente la sangre de los mexicanos. Excepto tres ó cuatro ciudades dominadas todavía por la fuerza, ha visto levantada contra él la República entera. No obstante, esto, ha querido continuar la obra de desolación y de ruina de una guerra civil sin objeto, rodeándose de algunos de los hombres más, conocidos por sus espoliaciones y graves asesinatos, y de los más manchados en las desgracias de la República. En el caso de que llegaren a ser capturadas personas sobre quienes pesase tal responsabilidad, no parece que se pudieran considerar como simples prisioneros de guerra, pues son responsabilidades definidas por el derecho de las naciones y por las leyes de la República. El gobierno, que ha dado numerosas pruebas de sus principios humanitarios y de sus sentimientos de generosidad, tiene también la obligación de considerar según las circunstancias de los casos, lo que puedan exigir los principios de justicia y los deberes que tiene que, cumplir para con el pueblo mejicano.’ Ante esto, Campbell optó por guardarse respuesta alguna, estaba consciente de que por intervención iba a ninguna parte.
Quien no se daba por vencido era el secretario Seward. El 29 de mayo, se dirigió al ministro mexicano ante Washington, Matías Romero Avendaño pidiéndole lo mantuviera al tanto de las noticias que, en relación con Maximiliano, le llegaran de México. Esto le pasaba por no apurar a Campbell a que se apersonara en el país. Asimismo, comentó a Romero que lo había visitado Wydenbruck quien le hizo saber acerca de un telegrama que recibió en el cual sus superiores le instruían requerir al gobierno estadounidense interviniera para poner a salvo a Maximiliano. A ello, Seward le respondió que en ese momento podría resultar contraproducente cualquier intervención dado que no sabia con certeza lo sucedido entre el 15 de mayo y esa fecha en Querétaro. Posteriormente, el secretario de estado volvió a dirigirse al diplomático mexicano para comunicarle que los gobiernos de Inglaterra y Francia se unieron al de Austria para solicitar que el de los EUA interpusiera sus buenos oficios ante México para salvar al crédulo- aventurero. En igual forma, mencionó que a través del representante estadounidense en Londres, recibió ’una nota en que se trataba de una proposición hecha por una tercera persona para adquirir en nombre de los Estados-Unidos los bonos emitidos en la plaza de Londres, a fin de proporcionar al gobierno americano, un motivo poderoso para influir en los asuntos de Méjico (to have a greater hold on Méjico); pero que había contestado de una manera seca á [Charles Francis] Adams que el gobierno de los Estados Unidos no tenía instrucciones que darle respecto a esto.’
A lo anterior, el 31 de mayo, Romero respondió a Seward. En dicha contestación encontramos un razonamiento sobre lo que nos podría pasar en caso de que se dejara libre al barbirrubio crédulo-aventurero. He aquí el párrafo al respecto: ’He leído con interés las observaciones de vd., respecto al modo con que debemos tratar a los enemigos de México. No sé qué disposiciones tome el presidente Juárez con Maximiliano; pero temo que, si se le permite regresar a Europa impunemente, sea una constante amenaza para la paz de México. Seguirá llamándose, para oprobio nuestro, emperador de México. Todos los mexicanos descontentos é intrigantes mantendrán una correspondencia activa con él, sobre su supuesta popularidad allí y podrán inducirlo a que regrese algún día, como hicieron con Iturbide. Los que pueden se irán a Austria y formaran una corte mexicana en Miramar, y tendrá lo necesario para organizar un gobierno mexicano, como el exrey de las dos Sicilias hizo en Roma cuando fue expulsado de Nápoles. Algunas potencias europeas continuarán reconociéndolo como emperador de México, como hizo España con el exrey de las dos Sicilias. Siempre que tengamos complicaciones con cualquiera nación europea, el primer paso que dé la parte interesada será intrigar con Maximiliano, amenazándonos con dar auxilio a nuestro legítimo soberano, para recobrar su autoridad de las manos de los usurpadores, si no aceptamos las condiciones que quiera imponernos. Además, si se perdona á Maximiliano y se le permite regresar a su país, ninguno dirá en Europa que hacemos esto porque somos magnánimos, puesto que las naciones débiles no se cree que sean generosas; sino por el contrario, se dirá que lo hicimos por temor a la opinión pública en Europa, y porque no nos atrevimos a tratar duramente a un príncipe europeo nuestro soberano. No quiero decir con esto que Maximiliano tenga que ser necesariamente fusilado. Lo que quiero decir es, que se le debe quitar enteramente el poder de causar males ulteriores a México, antes de dejarlo salir. Los Estados-Unidos son una gran potencia perfectamente bien organizada, y por lo mismo, pueden hacer lo que no sería prudente para un país como México. Tengo plena confianza en quo el presidente Juárez tratará á Maximiliano del modo más benéfico a los intereses de México. Tenemos deberes sagrados quo llenar para con nuestro propio país, y su cumplimiento deberá ser la primera consideración que deberemos tener presente al querer resolver cualquiera cuestión.’ Razonamiento muy claro y pleno de verdad, nada que quitarle, ni agregarle. Seguramente, tras de leerlo, Sewared quedó pasmado y, por un tiempo, dejó de solicitar información sobre lo que pasaba en México.
Muestra de lo anterior es que el 21 de junio de 1867, le transmitía a Romero estar ’autorizado para informar al presidente Juárez, que el emperador de Austria restablecerá al príncipe Maximiliano en lodos sus derechos de sucesión como archiduque de Austria, tan luego como Maximiliano fuere puesto en libertad y renunciare para siempre a todos sus proyectos en Méjico.’ Aquí alguien buscaba jugar al ingenuo o verle la cara de pen…itente a otro. Muy dudoso resulta creer que Francisco José de pronto le devolvía sus derechos al trono a Maximiliano. Basta recordar el artículo primero de aquel convenio que firmaron en el Castillo de Miramar el 9 de abril de 1864, el cual a la letra establecía: ’Su Alteza Ilustrísima el archiduque Fernando Maximiliano renuncia para su augusta persona y para sus descendientes á la sucesión en el imperio de Austria á todos los reinos y países que de ella dependen, sin excepción ninguna, en favor de todos los otros miembros hábiles en suceder de la línea masculina de la casa de Austria y de sus descendientes de varón en varón, de manera que, mientras que quede uno solo de los archiduques o de sus descendientes varones, aun en las grados más lejanos, llamados a suceder en virtud de los derechos que rigen el orden de la sucesión en la casa imperial, y especialmente en virtud del estatuto de familia instituido en 19 de Agosto de 1713 por el emperador Carlos VI, bajo el nombre de la pragmática sanción, así mismo que del estatuto de familia instituido el 3 de Febrero de 1839 por S. M. el emperador Fernando, ni Su Alteza Imperial, ni sus descendientes, ó cualquiera que sea en su nombre y en cualquier tiempo en que pudiera ser, no podrá hacer valer el derecho más mínimo a dicha sucesión.’ Pero a esas alturas nada de eso era trascendente, el 19 de junio de 1867, Maximiliano, tras de ser sometido a juicio, había sido fusilado en el Cerro de las Campanas. Se hizo lo que era mas conveniente para el futuro de la patria. El mensaje fue muy claro. Los funcionarios estadounidenses en papel de recaderos nada dijeron. Mientras tanto, LOS HOMBRES DE LA REFORMA retomaban el proceso para construir una nación. Para que ello se concretara fue necesario que, al amparo de un pacto federal, se convenciera a las entidades diversas, libres y soberanas, unirse voluntariamente y formar lo que hoy conocemos como los ESTADOS UNIDOS MEXICANOS, algo que nunca debemos de olvidar. vimarisch53@hotmail.com
Añadido (21.20.63) Lo que nos faltaba, un doctorado honoris causa para premiar la ignorancia y la estulticia. ¿Le agregarían lo de cum laude? Recordemos que méritos en esas materias no le faltan.
Añadido (21.20.64) Por favor, que alguien le avise al psiquiatra cuanto nos costó, en los 1970s, tomar partido sin analizar cuidadosamente ese conflicto.
Añadido (21.20.65) Del carajo al perdón. Pero, como dijera un amigo nuestro, lo verdadero siempre se encuentra en la versión primera.
Añadido (21.20.66) ¿Cuál será el mensaje que hay detrás del hecho de que justo al día siguiente de las elecciones llegue la vicepresidenta de los EUA a México?




Ver nota completa...

Escríbe al autor

Escribe un comentario directo al autor

Suscríbete

Recibe en tu correo la información más relevante una vez al mes y las noticias más impactantes al momento.

Recibe solo las noticias más impactantes en el momento preciso.