Concatenaciones
Fernando Irala
Si en las próximas elecciones presidenciales el pronóstico más generalizado es que candidatos y partidos escenificarán una guerra de lodo, en la ciudad de México la disputa por la jefatura de gobierno ha escalado aún más: aquí aún no empiezan propiamente las campañas pero las batallas se dan a golpes entre quienes pelean el poder.
Ya se produjo incluso una muerte, que ciertamente no fue derivada de una agresión directa, sino por un paro cardiaco de la víctima, acorralada entre sillazos y pedradas en un mitin de Morena.
Muy ajeno está el debate ideológico o la confrontación de ideas y programas de gobierno. En el sur de la ciudad, por lo pronto, y seguramente en todas sus coordenadas, se trata de mantener el control de la administración capitalina, porque de ahí surgen todos los otros controles sobre grupos y actividades, negocios y dineros.
Desde el jefe de Gobierno hasta los delegados, niegan siempre la existencia de crimen organizado en la capital de la República, menos aún su intervención en la vida pública citadina.
Pero no hace mucho tiempo, la batida de los marinos contra ’el Ojos’, capo de un grupo mafioso en Tláhuac, desnudó la relación del criminal caído con la autoridad delegacional.
Otros muchos negocitos y negociazos representan un caudal constante de recursos extrapresupuestales en las calles de la ciudad, como el comercio ambulante y la discrecionalidad en el otorgamiento de licencias de construcción, o para operar restaurantes y vender licores, entre algunos de los ejemplos que saltan a la vista.
Eso explica el encono de quienes sienten amenazados su dominio sobre la ciudad luego de dos decenios de haber sacado al PRI para ponerse ellos. Aunque quienes se aprestan a sucederlos son de los mismos, vestidos de otro color.
Entretanto, nuestra ciudad sigue arrastrando sus deficiencias de siempre y acumulando el deterioro de su calidad de vida. Inseguridad, un encarecimiento desproporcionado de bienes y servicios, escasez creciente de agua, un transporte cada vez más insuficiente y rebasado por el aumento de la población, la flotante más que la aquí radicada, son algunos de los elementos de la vida cotidiana de quienes aquí vivimos.
Y así esperan definir el resultado de la elección, a sillazos y pedradas. Ventaja será que de ahí no pasen.
Todo ello, ya avanzados hacia la tercera década del siglo XXI.