Perfil de México
Armando Ríos Ruiz
Todo indica que la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, comenzó a incendiar una parte de México pequeña hoy, que habrá de extenderse a muchos estados de la República en donde el cártel tiene influencia, en un acto que, sin duda, significa la herencia maldita del peor Presidente que haya conocido México en toda su historia.
Mientras llegaba este momento, la Presidenta Sheinbaum no se cansó de negarse a las peticiones del Presidente Trump, de entrar a territorio nacional a perseguir a los narcos mexicanos, con el argumento de que asesinan un promedio de 100 mil jóvenes de Estados Unidos cada año y con el contra argumento mexicano de que no se permitiría que aquellos soldados pisen nuestra soberanía.
El operativo en el que perdió la vida, estuvo manejado por inteligencia norteamericana y por soldados mexicanos, pero hay quienes aseguran que también estadounidenses, a quienes el Senado autorizó la entrada hace menos de dos semanas, en una operación que muchos han llamado quirúrgica, aunque hubo pérdida de vidas en ambos frentes.
Y aunque nadie lo diga en voz alta, el ex Presidente macuspano y Morena deben estar profundamente abatidos por esta pérdida irreparable del líder de la organización criminal que nació del exterminio del Cártel del Milenio y la muerte de Nacho Coronel, para llenar el vacío de poder que había quedado de sus cenizas.
En varias ocasiones, el ex Presidente dijo que los delincuentes también son seres humanos y reafirmó que no fue un desliz asegurar que su gobierno también protege la vida de los delincuentes y que no se retractaría, porque su administración tiene la obligación de preservar la vida de todos los mexicanos, incluso si son presuntos infractores de la ley.
Su mentira, como todas las que profería diariamente en decenas, quedaba al descubierto por sí sola, debido a que jamás hizo el mínimo intento de proteger la vida de los ciudadanos pacíficos, que eran asesinados cuando se resistían a entregar las rentas de piso exigidas, porque se negaban a venderles alguna propiedad y por muchos motivos más, inclusive de mínima importancia.
Lo anterior valió para que en las redes sociales aparecieran dichos como estos: ’los narcos ponen las armas, nosotros los muertos’. ’La violencia es el último recurso del incompetente’. ’Mientras unos delinquen, una familia entera llora’. Y muchos más que dibujan a los políticos que hoy nos gobiernan.
Y mientras en Palenque lo lloran —si es que el rancho aun aloja a los López—, al mismo tiempo deben estar padeciendo un miedo sin límites, al sospechar que Estados Unidos ya inició por su cuenta, lo quieran nuestras autoridades o no. Antepongan la soberanía o no, la promesa hecha por el Presidente Trump, desde que decidió declarar terroristas a nuestras organizaciones criminales.
luego de conocer los hechos la Presidenta declaró ayer, que trabaja diariamente para restablecer la paz, con lo que admite que fue su gobierno el que actuó para dar con el paradero del Mencho. Igualmente, acepta de facto que fue su gobierno el que declaró la guerra al narco, cuando antes de ayer, siempre condenó la declaratoria que hizo en su momento Felipe Calderón, a quien acusó públicamente de que lo peor que pudo hacer fue tomar esa decisión.
Debido a los hechos, autoridades de varios estados, como Jalisco y Michoacán, así como del norte del país, han llamado a las respectivas poblaciones a extremar precauciones, debido a la ola de violencia que inició en Tapalpa con la quema de automóviles estacionados en la calle, de negocios y de edificios, por el sólo hecho de manifestar su venganza por lo acontecido.
Las mismas autoridades han establecido códigos rojos, alertas y otros dispositivos de seguridad para la población, conjuntamente con mandos federales, debido a la reacción violenta de las agrupaciones del crimen que se han diseminado tanto en ciudades como en carreteras con potentes armas de largo alcance, en espera de los peores momentos, que están por llegar.
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