Concatenaciones
Fernando Irala Burgos
Tan grave como la parálisis que por casi ocho años ha sufrido la economía mexicana, las cifras oficiales más recientes muestran que la inflación, ese monstruo que por décadas ha empobrecido a México y exacerbado la desigualdad, está de nuevo al alza.
De acuerdo con los datos dados a conocer por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, INEGI, el Índice de Precios al Consumidor registró en el primer trimestre de 2026 un incremento anualizado de 4.6 puntos.
No pareciera una cifra para entrar en pánico, pero significa más de un cincuenta por ciento por arriba de la meta tope fijada por el Banco de México, de tres puntos en el año.
Lo más preocupante es la tendencia creciente al alza, registrada a lo largo de los pasados tres meses, y que los incrementos más abultados ocurren en productos de la canasta básica, con una tasa de casi el siete por ciento.
Este fenómeno, el de una mayor inflación alimentaria que casi duplica el movimiento general de los precios, ha sido una constante en los años recientes, lo cual significa que el impacto lo resiente con más crudeza la población de menores ingresos.
Esta anomalía es inexplicable si se toma en cuenta que en las pasadas temporadas agrícolas el clima ha sido muy benigno y el agua abundante. Uno de los factores a considerar es el costo de las extorsiones que pagan los productores agropecuarios al crimen organizado para poder trasladar y comercializar sus bienes, costo que inevitablemente pagan los consumidores.
De manera coyuntural, la situación inflacionaria se agudizará en los próximos meses, porque el incremento del petróleo, el gas, la gasolina y el resto de los energéticos, provocado por la guerra contra Irán y la tensión internacional desatada, apenas empieza a notarse, pero se resentirá con toda su fuerza en el futuro cercano.
Ya ahora tenemos gasolinas y diésel más caros, pero más tarde eso se reflejará en las tarifas de transporte de personas y mercancías, y presionará al resto de la producción.
Una inflación descontrolada se retroalimenta a sí misma, se convierte en un obstáculo más para la recuperación económica y la generación de empleos estables, y aleja más los ya muy postergados proyectos de desarrollo del país.
El crecimiento del ritmo inflacionario es una muy mala noticia para la economía nacional y para los mexicanos.