Perfil de México
Armando Ríos Ruiz
La Pseudología fantástica, mitomanía o mentira patológica, es una enfermedad que se convierte en un hábito compulsivo y una forma de vida. Se transforma en una necesidad constante de inventar historias, mientras quien las manifiesta es capaz de creerlas.
Y nuestros políticos son presa fácil de este mal, que se enquista en esos incapaces de detectarla en ellos mismos.
Tal fue la personalidad que el sexenio pasado exhibió el entonces Presidente, quien profería un promedio de 90 mentiras diarias, que lograban convencer únicamente a sus fieles, con un cerebro diseñado para creerlas sin hacer la mínima reflexión.
Inclusive hoy, estos mismos personajes serían capaces de tirarse de un precipicio, si su dios macuspano se los pide.
El Mandatario rehusó sistemáticamente reunirse con las afligidas madres e inclusive se atrevió a insultarlas con el argumento de que sus casos eran utilizados con fines politiqueros y de manipulación mediática para atacar a su gobierno.
Resultaba patético oír que una madre usara la desaparición de sus vástagos para esos fines tan ruines, que sólo desnudaban la personalidad roñosa y mezquina del peor tipo que haya ostentado el cargo de presidente.
Pero no vaciló en recibir a la argentina Estela de Carlotto, presidenta y fundadora de las Abuelas de Plaza de Mayo, con quien se solidarizó inmediatamente, según se lo expresó en una mañanera, mientras las mexicanas se quejaban de que a ellas simplemente las rechazó.
Y esta manía la heredó, de tal manera que quien lo sustituyó la utiliza todavía, con no mayor éxito que el que le provee otra mentira: la de mandar a fabricar encuestas que dicen lo que desea escuchar.
No se sabe si le fue sugerida u ordenada. El caso es que la imitación es sorprendente.
Al hablar de la desaparición de personas en la mañanera de ayer martes, la Presidenta sostuvo entre otras cosas, que ese fenómeno sigue siendo una situación dolorosa y, así lo dijo: ’nuestra obligación es atender a las familias y dar con los responsables y terminar con cualquier esquema de reclutamiento forzado de algún joven’. Parece no darse cuenta de lo que dice.
Pero sus palabras no concuerdan con la realidad.
Cuando se descubrió el rancho Izaguirre en Teuchtitlán Jalisco, utilizado para adiestrar a jóvenes engañados, en el arte de asesinar y de cometer los delitos más espeluznantes, lejos de ordenar una investigación hasta sus últimas consecuencias, fue alterado para borrar todas las huellas encontradas precisamente por madres buscadoras, que no por la autoridad, para transformar el escenario de muchos crímenes.
Hace unos días, mientras visitaba Sinaloa, fue asesinada allí mismo la madre buscadora Rubí Patricia.
Su asesinato fue calificado por colectivos, como un desafío directo al Estado. No a esa entidad, sino al Estado que se supone, representa la señora Sheinbaum.
¿Quién movió un dedo para ordenar una investigación exhaustiva para dar con los criminales?
Las madres que buscan a sus hijos desaparecidos llevan siete años envueltas en súplicas para ser recibidas por los que mandan y hasta hoy, sencillamente han sido más bien menospreciadas.
Luego entonces, no le queda a la Presidenta condolerse, cuando por otro lado muestra una enorme insensibilidad.
Si esas madres buscadoras pensaron que había la posibilidad de un cambio en la manera de pensar, actuar, discurrir, se llevaron un chasco. Las conductas de la nueva Mandataria se tornaron en una copia exacta de su maestro, sin que mediara una explicación acerca del rechazo sistemático a ese gremio.
Desde su inicio como Presidenta en octubre de 2024 —hasta la fecha y seguramente hasta siempre—, diversos colectivos de madres buscadoras han denunciado la falta de atención y de diálogo, como si se tratara de enfermas de alguna enfermedad contagiosamente peligrosa.
Aunque más parece tratarse de una imitación al jefe, cuya negativa prevaleció siempre.
¿Para qué insistir entonces en su falso dolor?
ariosruiz@gmail.com