Arce Isaac Noticias
Luis Manuel Arce Isaac
Al analizar lo que hizo Donald Trump contra Venezuela, y su decisión de repetir lo mismo o algo parecido contra Cuba tras romper la vinculación de Estados Unidos con el orden mundial y el derecho internacional, creando como precedente la impunidad y el abuso de poder en las relaciones internacionales e internas, a los cubanos no les queda más alternativa que levantar la economía nacional por encima de las intenciones de Washington.
Ser fieles a su rica historia y a su tradicional patriotismo ante las amenazas, y apegarse a su cultura, los sentimientos de la nación tan arraigados, y no dejar morir a Fidel, Camilo y el Che, son pilares de la resistencia a Estados Unidos frente a los 13 presidentes desde Dwight D. Eisenhower hasta Donald Trump, que han intentado consecutivamente acabar con la Revolución.
Trump está creando un reflejo condicionado -como hizo anteriormente con el caso de Nicolás Maduro y el gobierno islámico de Irán- de que es lícito tomar cualquier tipo de decisión contra Cuba: bloqueo naval militar a la isla, ataques letales, sanciones arancelarias a quienes ayuden a la isla a no morir de hambre y enfermedades, con la idea de que esos crímenes no provoquen reacciones de envergadura. Él cree equivocadamente que eso le da poder y lo hace más temible y respetado.
Es una obsesión y, además, algo que él cree necesario para confirmar su Make América Great Again (Que Estados Unidos vuelva a ser grande, o MAGA), por eso sus amenazas deben ser tomadas en serio, como acaba de indicar el líder supremo de la Revolución Islámica en Irán, Ali Khamenei, quien le advirtió que un nuevo ataque a su país será convertido en una guerra regional.
Con Cuba, Trump está usando la misma matriz, y esa proyección da pocas alternativas a los cubanos en cuanto a que la negociación que propone es la de tramitar la claudicación.
Eso no sucederá, pero hay que estar preparados para enfrentar una reacción impredecible.
En cambio, el gobierno revolucionario sí está dispuesto a negociar, pero en pie de igualdad, sin injerencias en los asuntos internos de cada cual, y dentro del respeto a la soberanía e independencia del país.
El modelo socioeconómico cubano funciona, y está probado que es el mejor y más humano de todos. No ha fracasado, como tratan de hacer ver los adversarios, simplemente ha sido agredido a fondo para arruinarlo y forzar su caída.
Es lo que cree Trump que está ocurriendo, como si hubiese reverdecido la teoría de la fruta madura aplicada cuando la guerra cubano-española, y por ello dice que es solo cuestión de tiempo.
Esa pésima y peligrosa opinión debe ser un estímulo para, en las precarias condiciones de escasez, resucitar entre todos la economía priorizando la estabilidad en los sectores estratégicos, en especial el energético y la producción de electricidad, tanto a partir de materiales fósiles como ambientales, sobre todo la solar, la eólica y la marítima, más factibles de obtener que el petróleo.
Los cubanos han demostrado capacidad de tolerancia y altos niveles de resiliencia a la agresión y al estrechamiento del cerco económico para asfixiarlo, pero todavía hay oxígeno suficiente para ganar la batalla
La unidad nacional demostrada ha sido básica, y dirigir los esfuerzos a los de los dirigentes en su búsqueda de soluciones y alternativas en el momento de mayor precaridad económica, incluso mayor a la del período especial. En eso se piensa mucho en las altas esferas del gobierno que preside Miguel Díaz Canel y probablemente se conversa con gobiernos amigos, pero no hay dudas de que, si Cuba quiere derrotar el bloqueo, asumir una reelectrificación nacional en toda línea, a corto y mediano plazo, es indispensable, y hacia allí debe ser redirigida con urgencia la inversión nacional y extranjera y la transferencia tecnológica, a pesar de la persecución de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés) del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos.
Hay un ejemplo a imitar en el hemisferio: Uruguay, que es líder en la transición hacia energías renovables, pues logró que entre el 94% y el 99% de su generación eléctrica provenga de fuentes eólica, hidráulica, biomasa y solar.
Repetimos: Cuba tiene una enorme capacidad de resistencia como lo demuestra el haber soportado con éxito una invasión mercenaria, un conflicto nuclear, miles de sabotajes, asesinatos y terrorismo de todo tipo con autorización del gobierno de Washington, y el modelo sigue en pie, en condiciones precarias, pero vivo.
El propio Trump admitió que la isla ha resistido la presión económica, y que "no creo que se pueda ejercer mucha más presión, salvo entrar y destruir el lugar". Es una confesión, primero, de que mintieron más de 60 años repitiendo que no había bloqueo, segundo, que el modelo socialista, a pesar de sus reajustes indispensables, no ha fracasado.
Estamos en el momento de confirmar lo que Fidel predijo con vehemencia que ’el enemigo jamás podrá derrotar a la Revolución’.
Pero no olvidemos que también alertó que ’el único que puede hacerlo es el pueblo’. Alejemos esta posibilidad y demostremos que nunca será así.
Busquemos por nuestra vía y con la ayuda de nuestros amigos, impulsar una urgente reelectrificación por suerte ya en camino, y tomémosla como base para recuperar nuestra economía, romper el bloqueo y, como dijo Ho chi Minh de Vietnam en los peores momentos de la guerra de destrucción de Estados Unidos, crear una Cuba 10 veces más hermosa para demostrar que nuestro modelo sigue siendo la mejor opción para el sur global.