Opinión

Los revisionistas señalan que Hidalgo y Morelos nada aportaron a la Independencia y demandan alabar a Iturbide / A de B

Rodolfo Villarreal Ríos

Los revisionistas señalan que  Hidalgo y Morelos nada aportaron a la Independencia y demandan alabar a Iturbide / A de B

Periodismo

Septiembre 18, 2020 21:18 hrs.
Periodismo Nacional › México Coahuila
Rodolfo Villarreal Ríos › guerrerohabla.com

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En estos días, cuando las fiestas patrias se celebran de manera atípica, vuelven a surgir las voces que, si bien permanecen adormecidas, en cuanto pueden salen a decirnos que nada tenemos que conmemorar en torno al grito de independencia. De pronto, se les cae el disfraz y enseñan que los envuelve un manto albiceleste con la cual se sienten inmaculados y poseedores de la verdad eterna. Veamos lo que dicen y repasemos la proclama de uno de los desdeñados de hoy.
Claman los revisionistas de la historia que nada deberíamos de festinar en torno a Miguel Gregorio Antonio Francisco Ignacio Hidalgo-Costilla y Gallaga Mandarte Villaseñor, ni tampoco alrededor de José María Teclo Morelos Pérez y Pavón, a quien debemos de alabar es a Agustín Cosme Damián de Iturbide y Arámburu ya que este ’consumó la independencia a bajo costo.’ Además, esos revisionistas claman, por la noche, con que el ’no grito’ fue el 14 y, a la mañana siguiente, escriben que sucedió el 17, pero eso si nada de que el 15 o 16. Encarrerados en el proceso de demeritar, se concretan a decir que Hidalgo y Morelos únicamente destruyeron la economía de la Nueva España, que, según ellos, iba viento en popa y, decimos nosotros, con la mayoría abrumadora de la población sumida en el pauperismo, la superchería y la ignorancia. Al escucharlos, creímos que ya posesionados por el espíritu de algún hacendado sinarquista , dirían que Hidalgo y Morelos solamente se dedicaron a ’soliviantar a los pelados.’ Afortunadamente, los detractores de ahora pudieron vencer la posesión y evitaron llegar a ese abismo. Sin dejar de lado que el criollo, quien un día se sintió noble, fue el oportunista que capitalizó todo lo realizado a lo largo de once años, restar valor a lo llevado a cabo por los dos primeros en el proceso para alcanzar la independencia, es tener una visión de la historia muy retorcida o mostrar que el encierro ya causa efectos serios en los juicios de valor. Pero vayamos a dar un repaso breve en torno a Hidalgo y su proclama que nos lo muestra tal cual era y lo que buscaba., dejaremos para la semana próxima lo concerniente a Morelos.
Seguramente quienes demeritan que Hidalgo se haya lanzado a la lucha argüirán que lo hizo defendiendo a Fernando VII. Olvidan, sin embargo, que detrás de aquello había todo un motivo de inconformidad. Ese rey, quien terminaría siendo detestado por su pueblo, no era sino el pretexto para iniciar un proceso en el cual los criollos demandaban ser tomados en cuenta, en este que al final de cuentas era su suelo patrio, en el proceso económico-político de la Nueva España en donde los ibéricos peninsulares les habían asignado la categoría de ciudadanos de segunda sin importar condición social y nivel de preparación. Eso fue realmente el detonador que impulsó a Hidalgo y sus seguidores para hacer aquel llamado. Si este sucedió el 15 o 16 o, como dicen los revisionistas, el 14 o 17, es lo de menos, fue el inicio de un proceso que tomaría un tiempo largo hasta que se pudiera crearse la nación nueva compuesta por los indígenas, ibéricos, criollos, mestizos, negros y todas las demás derivaciones que se dieran de la mezcla., así como quienes provenientes de otras latitudes vinieran a incorporarse. De como participaron cada uno de ellos sería motivo de otro análisis que no emprenderemos en esta ocasión.
Respecto a sí Hidalgo, al hacer el llamado, tenía o no claro realizar un cambio, nos inclinamos por pensar en positivo. En el poco tiempo que duró al frente de la lucha fue capaz de plantear acciones que muestran que aquello era algo que iba más allá de una ocurrencia. Con toda certeza, se olvidan de que cuando a sangre y fuego (¿había otra manera?) tomaba la ciudad de Guanajuato, se dio a la tarea de reorganizar el Ayuntamiento. También es dejado de lado que durante el proceso creó una casa de moneda y estableció una fundición de cañones. De igual manera, omiten mencionar que, en Guadalajara, procedió a abolir la esclavitud, un hecho que varios, entre ellos los revisionistas, minimizan porque de aceptarlo en todo su valor, tendrían que admitir que, en aquella sociedad tan bien portada, se practicaba la costumbre abominable del esclavismo bajo la bendición de la Iglesia Católica Apostólica y Romana. ¿Acaso van a negar que esto es cierto? Por supuesto, los revisionistas podrían argüir que Hidalgo tenía una vida disipada, le daba por enseñar artes y oficios a indígenas y negros, leía a los clásicos y poesía, promovía el teatro, era un aficionado a la tauromaquia, montaba a caballo, jugaba cartas y a los gallos, tomaba algo más que vino de consagrar, y su pecado mayor era ser pizpireto con las damas con quienes podía pasar a la etapa siguiente. En síntesis, era un auténtico pecador o, como diríamos los mortales, un ser humano simplemente, quien de ninguna manera podría cobijarse bajo el manto albiceleste con el cual se cubren los revisionistas. Estos, también, pasan por alto que Hidalgo eliminó los estancos (el monopolio del gobierno de la producción, distribución, venta e importación) de tabaco y pólvora. Dicho acto, hoy, podríamos calificarlo como una medida desregulatoria en pro del comercio libre. Claro que podrán discutir que Hidalgo como militar fue un fracaso pues teniendo a sus pies la ciudad de México, vaciló antes de ir sobre de ella y tomarla vía el arrasamiento. Si alguna excusa puede encontrarse a esto fue que al final de cuentas pudo más su sentido de clase y condición de sacerdote y se abstuvo de dar aquel paso que, de tomarlo, habría terminado en una carnicería. Para quienes dicen que se lanzó a pelear sin saber lo que buscaba, nos permitimos retomar, literalmente, el manifiesto que lanzara, el 15 de diciembre de 1810, desde Guadalajara. El documento lo encontramos en una publicación editada, en 1872, bajo el título de ’Documentos Históricos de la Independencia.’ En dicha proclama es factible apreciar quien era, como Hidalgo pensaba y hacia donde planeaba ir en aquel proceso que iniciara tres meses antes en Dolores Hidalgo, Guanajuato.
Al comienzo del escrito, Hidalgo manifiesta cuál era su postura ante quienes le cuestionaban su religiosidad. Si bien no compartimos mucho de lo que ahí menciona, siempre, hemos mantenido que la relación con el Gran Arquitecto es un asunto personal y merece respeto aun cuando no coincidamos con ella. Hidalgo daba inicio al manifiesto apuntando: ’Me veo en la triste necesidad de satisfacer a, las gentes, sobre un punto en que nunca creí se me pudiese tildar, ni menos declarárseme sospechoso para mis compatriotas. Hablo de la cosa más interesante, más sagrada, i para mi más amable: de la religión santa, de la fe sobrenatural que recibí en el bautismo. — Os juro desde luego, amados conciudadanos míos, que jamás me he apartado ni en un ápice de la creencia de la Santa Iglesia Católica: jamás he dudado de ninguna de sus verdades: siempre he estado íntimamente convencido de la infalibilidad de sus dogmas i esto i pronto a derramar mi sangre en defensa de todos i cada uno de ellos. —Testigos de esta protesta son los feligreses de Dolores i de San Felipe, a quienes continuamente explicaba las terribles penas que sufren los condenados en el infierno, a, quienes procuraba inspirar horror a los vicios i amor a, la virtud, para que no quedaran envueltos en la desgraciada suerte de los que mueren en pecado: testigos las gentes todas que me han tratado, los pueblos donde he vivido, i el ejercito todo que comando. —Pero ¿para que testigos sobre un hecho e imputación que ella misma manifiesta su falsedad?’
Como ha sucedido en el ayer y hoy, en cuanto alguien decide expresar puntos de vista que no coinciden con los de quienes estiman son poseedores de la verdad eterna, le endilgan todo tipo de epítetos y acusaciones plenas. En ese contexto Hidalgo argüía que: ’Se me acusa de que niego la existencia del infierno, i un poco antes se me hace cargo de haber asentado que algún pontífice de los canonizados por santo esta en este lugar: ¿Cómo, pues, concordar que un pontífice esta, en el infierno, negando la existencia de este?— Se me imputa también el haber negado la autenticidad de los Sagrados Libros, i se me acusa de seguir los perversos dogmas de Lutero: si Lutero deduce sus errores de los libros que cree inspirados por Dios, i como el que mega esta inspiración sostendrá, los suyos, deducidos de los mismos libros que tiene por fabulosos? Del mismo modo son todas las acusaciones. —¿Os persuadiríais, americanos, que un tribunal tan respetable, i cuyo instituto es el más santo, se dejase arrastrar del amor del paisanaje, hasta prostituir su honor i su reputación?’
Entonces quien discrepara de la línea gobernante era sujeto al escarnio. La opción era alinearse o mantenerse callado, una recomendación que Hidalgo no siguió y le cayeron encima todo tipo de acusaciones que lo llevaron a señalar: ’Estad ciertos, amados conciudadanos míos, que, si no hubiese emprendido libertar nuestro reino de los grandes males que le oprimían, i de los mucho mayores que le amenazaban, i que por instantes iban a, caer sobre él, jamás hubiera yo sido acusado de hereje. —Todos mis delitos traen su origen del deseo de vuestra felicidad: si este no me hubiese hecho tomar las armas, yo disfrutaría una vida dulce, suave i tranquila: yo pasaría por verdadero católico, como lo soi, y me lisonjeo de serlo: jamás habría habido quien se atreviese a denigrarme con la infame nota de herejía.: —¿Pero de que medio se habían de valer los españoles europeos, en cuyas opresoras manos estaba nuestra suerte?’
En aquellos días, las opciones para manifestar la inconformidad no eran muy variadas, de ahí que ante el llamado de Hidalgo hubo muchísimos que los siguieron de la forma en que aquí lo describe. ’La empresa era demasiado ardua: la nación, que tanto tiempo estuvo aletargada, despierta repentinamente de su sueño a la dulce voz de la libertad: corren apresurados los pueblos, i toman las armas para sostenerla a toda costa. —Los opresores no tienen armas ni gentes para obligarnos con la fuerza a seguir en la horrorosa esclavitud a que nos tenían condenados. ¿Pues qué recurso les quedaba?’
Durante aquellos tiempos en donde los habitantes de este país vivían bajo el yugo del maridaje gobierno-religión castrante, no les quedaba a los primeros sino utilizar a los segundos para que hicieran uso del Gran Arquitecto en calidad de verdugo y atemorizaran a los pobladores con castigos extraterrenales por andar buscando mejorar sus condiciones de vida aquí en donde, les decían, deberían de aceptar las cosas como vinieran para poder ser dignos de ganarse el paraíso inmanente. En ese contexto, Hidalgo indicaba que los gobernantes habrían de ’valerse de toda especie de medios, por injustos, ilícitos i torpes que fuesen, con tal que condujeran a sostener su despotismo i la opresión de la América: abandonan hasta la última reliquia de honradez i hombría de bien, se prostituyen las autoridades más recomendables; fulminan excomuniones, que nadie mejor que ellas saben no tienen fuerza alguna; procuran amedrentar a, los incautos i aterrorizar a los ignorantes, para que espantados con el nombre de anatema, temían donde no hai motivo de temer. —¿Quién creería, amados conciudadanos, que llegase hasta este punto el descaro i atrevimiento de los gachupines? ¿Profanar las cosas más sagradas para asegurar su intolerable dominación? ¿Valerse de la misma religión santa para abatirla i destruirla? ¿Usar de excomuniones contra toda la mente de la Iglesia, fulminarlas sin que intervenga motivo de religión?
Lo que sigue es para reflexionarlo, nuevamente, desde una perspectiva laica y enmarcarlo de manera intemporal ante quienes se venden como los elegidos que habrán de sanar todos los males de la población. Hidalgo apuntaba: ’Abrid los ojos, americanos, no os dejéis seducir de nuestros enemigos: ellos no son católicos sino por política; su Dios es el dinero, i las conminaciones solo tienen por objeto la opresión. ¿Creéis acaso que no puede ser verdadero católico el que no esté sujeto al déspota español? ¿De dónde nos ha venido este nuevo dogma, este nuevo artículo de fe? Abrid los ojos, vuelvo a, decir, meditad sobre vuestros verdaderos intereses: de este precioso momento depende la felicidad o infelicidad de vuestros hijos i de vuestra numerosa posteridad. Son ciertamente incalculables, amados conciudadanos míos, los males a que quedáis expuestos, si no aprovecháis este momento feliz que la Divina Providencia os ha puesto en las manos: no escuchéis las seductoras voces de nuestros enemigos, que bajo el velo de la religión i de la amistad, os quieren hacer víctima de su insaciable codicia.’
En el párrafo que reproduciremos a continuación, podría resumirse todo el resentimiento que existía en los albores del Siglo XIX en contra de quienes venían no a integrarse a estas tierras sino a saquearlas para después partir con el botín, una crítica que hasta nuestros días sigue vigente. ’¿Os persuadís, amados conciudadanos, que los gachupines, hombres desnaturalizados, que han roto los más estrechos vínculos de la sangre, i se estremece la naturaleza que, abandonando a sus padres, a sus hermanos, a sus mujeres, i a, sus propios hijos, sean capaces de tener afectos de humanidad a, otra persona? ¿Podréis tener con ellos algún enlace, superior a los que la misma naturaleza puso en las relaciones de su familia? ¿No los atropellan todos por solo el interés de hacerse ricos en la América? Pues no creías que unos hombres nutridos de estos sentimientos puedan mantener amistad sincera con nosotros: siempre que se les presente el vil interés, os sacrificaran con la misma frescura que han abandonado sus propios padres. —¿Creéis que el atravesar inmensos mares, exponerse al hambre, a la desnudez, a los peligros de la vida, inseparables de la navegación, lo han emprendido por venir a haceros felices? Os engañáis, americanos. ¿Abrazarían ellos ese cumulo de trabajos, por hacer dichosos a unos hombres que no conocen? El móvil de todas esas fatigas no es sino su sórdida avaricia: ellos no han venido sino por despojarnos de nuestros bienes, por quitarnos nuestras tierras, por tenernos siempre avasallados bajo de sus pies.’
Si bien para algunos lo siguiente pudiera parecer chauvinista, debe de analizarse bajo la óptica de lo que sucedía entonces, aun cuando pudiera ser que no estaría mal cavilar sobre lo referente a la unión hoy tan desquebrajada por quienes deberían de fomentarla. ’Rompamos, americanos, esos lazos de ignominia con que nos han tenido ligados tanto tiempo: para conseguirlo no necesitamos sino de unirnos. Si nosotros no peleamos contra nosotros mismos, la guerra está concluida i nuestros derechos a salvo. Unámonos, pues, todos los que hemos nacido en este dichoso suelo, veamos desde hoi como extranjeros i enemigos de nuestras prerrogativas a todos los que no son americanos.’
Para quienes afirman que Hidalgo no tenía sentido de lo que debería de ser la patria nueva y como deberían de organizarse sus instituciones, si hacemos de lado el aspecto religioso encontramos un federalismo incipiente, a más de señalar que el futuro no podría armarse si no éramos capaces de generar riqueza mediante la creación de la industria, revisemos esto en donde afirmaba: ’Establezcamos un congreso que se componga de representantes de todas las ciudades, villas i lugares de este reino, que teniendo por objeto principal mantener nuestra santa religión, dicte leyes suaves, benéficas i acomodadas a las circunstancias de cada pueblo: ellos entonces gobernaran con la dulzura de padres, nos trataran como a, sus hermanos, desterraran la pobreza, moderando la devastación del reino i la extracción de su dinero, fomentaran las artes, se avivara la industria, haremos uso libre de las riquísimas producciones de nuestros feraces países, i A la vuelta de pocos años, disfrutaran sus habitantes de todas las delicias que el Soberano Autor de la naturaleza ha derramado sobre este vasto continente.’
Para cerrar, Hidalgo agregó una nota en la que hace ver el trato comedido que la curia en España daba a quienes agachaban la cabeza ante la llegada de las huestes francesas. El sacerdote guanajuatense mencionaba que ’entre las resmas [conjunto de veinte manos o quinientos pliegos de papel] de proclamas que nos han venido de la Península, desde la irrupción en ella de los franceses, no se leerá, una cuartilla de papel que contenga ni aun indicada, excomunión de algún prelado de aquellas partes contra los que abrazasen la causa de Pepe Botella, [también conocido como José Bonaparte] sin que nadie dude que sus ejércitos y constitución venían a destruir el cristianismo en España.’
Como es factible observar, en el contenido de aquel manifiesto Hidalgo resumía su perspectiva religiosa que, como apunta, le era cuestionada; los motivos que lo llevaron a iniciar la lucha; señala, en forma sintética, como veía el futuro de la patria desde el punto de vista político, en donde bosqueja lo que podría ser un Congreso federal y a la vez da pie a el que bajo una perspectiva federalista se rija la vida nacional; y, la forma en que se habría de prosperar en base a la creación de la industria y el aprovechamiento de sus recursos naturales. El tiempo no le alcanzó para poder elaborar con mayor precisión y amplitud un programa hacia el futuro, pero ahí estaba su idea de hacia dónde quería ir y que tipo de país aspiraba construir una vez que se quitara el poder a los ibéricos. En ese contexto, desde nuestra perspectiva, los revisionistas de la historia están equivocados. Mucho es lo que hay que festejar y reconocer en Hidalgo quien, con todos los errores que se le quieran endilgar, tuvo el gran mérito de haber iniciado ese proceso hacia el cambio, que nunca se da de manera lineal, para transformar una colonia en la nación que alcanzamos a ser varios años después. Acerca de Morelos, el otro minimizado por los revisionistas, nos ocuparemos en la colaboración próxima. vimarisch53@hotmail.com
Añadido (1) El asunto de las firmas y la venta de ‘cachitos’ son las encuestas más acertadas que se ha levantado a lo largo de casi dos años. ¿Alguna duda?
Añadido (2) La campal está en pleno, los contendientes se dan con todo. En la indumentaria no se notan las consecuencias de la dureza porque se confunde con el color guinda de la vestimenta que portan.
Añadido (3) Más que medallas póstumas, en su momento debieron de haberlos provisto con el equipo y la protección necesarios para evitar sus fallecimientos. Con discursos y corcholatas nadie retorna del Mictlán.
Añadido (4) ¿Por qué los medios de comunicación en México no le dieron la importancia debida a la firma trascendental de los Acuerdos de Abraham mediante los cuales Israel establece relaciones diplomáticas con los Emiratos Árabes Unidos y Bahrein? ¿Acaso fue porque sus fuentes sobre la realidad estadounidense y mundial atendieron las ordenes de sus amos y no lo destacaron?
Añadido (5) Y de pronto, no pudimos dejar de acordamos de lo que el poeta uruguayo Mario Benedetti escribiera: ’En una exacta/ foto del diario/ señor ministro/ del imposible /vi en pleno gozo/ y en plena euforia/ y en plena risa/ su rostro simple/ seré curioso/ señor ministro/ de qué se ríe/ de qué se ríe...’




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