Arce Isaac Noticias
Luis Manuel Arce Isaac
Las manifestaciones de ayer viernes y hoy sábado contra los abusos y crímenes del Servicio de Control de Aduanas (ICE en inglés) están marcando la ruta que debería seguir el pueblo de Estados Unidos para salvarse a sí mismo y a la humanidad de un holocausto universal superior al peor imaginado, si el presidente Donald Trump no es frenado en su apetencia de recolonizar el hemisferio occidental, en particular América Latina y el Caribe, para robarse toda su riqueza y polarizar económica y militarmente el Sistema Tierra.
Todo el dispositivo coheteril nuclear existente en el planeta tiene a sus misiles con las puntas hacia el cielo listos para convertirlo en un infierno como el fuego eterno del sol, de lo cual no nos enteraremos porque la humanidad, como especie, ya habrá desaparecido, incluyendo, por supuesto, a los estadounidenses. Nadie quedará vivo. Matemáticamente es imposible si estalla un conflicto de esa naturaleza, y eso está probado científicamente.
El frente principal de esa batalla, y las posibilidades de ganarla al menor costo posible, se da dentro de Estados Unidos que es donde único se puede lograr sin accionar los misiles ni pagar la derrota de Trump y sus multimillonarios con miles de muertos y sufrimientos que, por supuesto, alcanzarán también a las familias del norte desarrollado y no solamente al sur continental.
Quien no se haya dado cuenta de cómo marcha de acelerado el propósito de hemisferiación del presidente de Estados Unidos y sus avariciosos multimillonarios, es porque tiene algún problema cognitivo. Donald Trump está aniquilando todos los escenarios de paz y de la precaria democracia que subsiste a duras penas.
No solamente rompió el orden internacional proclamado a voz en cuello en el Foro de Davos y en sus bárbaras y sistemáticas declaraciones para presentarse como el peor modelo de autocracia conocido por el ser humano, del cual el ICE es una de las principales perlas de un macabro tesoro dictatorial del que ya seguramente los generales estadounidenses honestos y profesionales están cuestionando, aunque no haya salido a la luz todavía una rebeldía que en cualquier momento tendrá que ser visible.
Es demasiado el fuego que Trump está encendiendo simultáneamente en la pradera global, no solo en el continente. La ruptura del orden mundial significa, en especial, el aniquilamiento de todos los factores de equilibrio universal y de negociaciones y diálogo, en particular de los instrumentos garantes de la paz, como el sistema de Naciones Unidas al cual intenta ridícula, pero muy peligrosamente, oponer un Consejo de la Paz a su imagen y semejanza integrado con lo peor de los gobiernos ultraderechistas de todos los continentes, como si el mundo se lo permitiera y no reaccionaría en contra de ello.
Ayer los 50 estados de la Unión se manifestaron contra tales intenciones, aunque el centro o la motivación fue la resurrección fascista con el ICE de los ’camisas pardas’ nazis que parieron a las temibles y sanguinarias Schutzstaffeln (SS) en la noche de los cuchillos largos en 1934. Es en lo que parece Trump quiere convertir a las fuerzas armadas, en especial las tropas del Comando Sur, con Pete Hegseth como el mariscal Wilhelm Keitelun, jefe del Oberkommando der Wehrmacht de Hitler, y Marco Rubio el Joachim von Ribbentrop del Reichsaußenminister.
Habría que ver si los generales de 5 estrellas del Pentágono aceptan, para su escarnio denigrante, al capitán Hegseth como su superior, y siempre queda la esperanza de que en el alto mando castrense haya algún alto oficial con cargo, que tenga el valor y la moral para no secundar a Trump y apagar los numerosos incendios que está iniciando en América, Europa, Asia y hasta en África, antes de que se conviertan en algo cien mil veces peor que los devastadores incendios forestales en la Amazonía
El orden internacional es un conjunto de normas, instituciones y reglas entre naciones y gobiernos, el cual se estructura mediante organizaciones de participación universal y alcances globales, en un sistema de compromisos éticos y morales, y constituye, a su vez, el marco jurídico y político garante de la predecibilidad, estabilidad y gestión de conflictos y del sistema de derechos inalienables que son la base de las relaciones entre los Estados, según indica la literatura especializada, y eso es lo que acaba de destruir Trump, con lo cual deja al garete el respeto a las soberanías, como los antiguos barcos negrero infectados por la peste.
Para Trump ya no existe el Derecho Internacional, es decir, el conjunto de acuerdos, tratados, convenios y normas (como la Carta de la ONU) que establecen obligaciones jurídicas entre los países, tampoco el equilibrio de poder entre potencia o naciones, y pisotea principios rectores universalmente aceptados como la igualdad soberana de los Estados, la buena fe, el arreglo pacífico de controversias y la prohibición del uso de la fuerza.
Minnesota no solamente se rebeló por el abuso criminal del ICE, sino también contra todo lo que este significa en el plano político y estratégico de Trump y el desastre desatado en menos de un año de gobierno que pone en alto riesgo la seguridad del pueblo estadounidense, su moral y su dignidad ante el mundo.
Las organizaciones civiles, sindicales y religiosas, espontáneamente, sin líderes globales, sino por conciencia, están reaccionando en consecuencia con esa penosa realidad de un gobierno que fue elegido por ellos y que legalmente no han podido destituirlo como se merece por impedírselo sus multimillonarios quienes controlan a senadores y representantes en ambas cámaras del congreso.
Lamentablemente falta mucho tiempo todavía para las elecciones intermedias a las que debería llegar Trump con mucho menos del 37 por ciento de aprobación que ahora tiene en el país, y que pierda su mayoría gracias a la cual se mantiene desbaratando al mundo desde la oficina oval. Es de esperar que haga todo lo posible para que esos comicios no se realicen nunca para no perder el control del legislativo y evitar un impeachment.
Pero no se puede perder la esperanza de que no haya necesidad de llegar a noviembre para que se le pueda armar un juicio político que determine su incapacidad moral y ética para gobernar a ese gran país, y lo envíe a los tribunales civiles a que pague sus abusos e inmoralidades que trata de ocultar revolviendo las aguas podridas de su contaminado río político.
Trump pervive porque ha podido destrozado el orden interno, institucional, para evitar ese juicio político cuyo final será encerrarlo de por vida tras las rejas, y por ello es tan peligroso. Se sabe culpable y sujeto de la máxima condena por todo lo que ha hecho y carga en sus espaldas, no en su conciencia porque carece de ella. Vivir para ver que es real el dicho de que no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista.