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No estamos en tiempos ni de Hitler ni de Monroe

No estamos en tiempos ni de Hitler ni de Monroe
Política
Enero 06, 2026 23:50 hrs.
Política ›
Luis Manuel Arce Isaac › tabloiderevista.com

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La obcecación de Donald Trump de ser el rey del mundo al proclamar que el dominio de Estados Unidos del hemisferio occidental ’nunca más será cuestionado’, tras el bombardeo a Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores para promulgar de forma inmediata el robo del petróleo venezolano y entregar su administración a empresas estadounidenses, no solo busca el renacimiento de la Doctrina Monroe, sino su renovación bajo el cuño del MAGA nazifascista, con el cual pretende apoderarse, al menos, de América entera, como Adolfo Hitler intentó a sangre y fuego con Europa y aplicar sus ideas expuestas en el Mein Kapf.
La Operación Determinación Absoluta (con mucha semejanza a la Operación Causa Justa de 1989 para apresar al general José Antonio Noriega e impedir que se concretara el acuerdo Torrijos-Carter para la devolución del Canal a los panameños) tiene un propósito que va más allá del petróleo -el cual es el pago a los empresarios, multimillonarios, legisladores y magistrados que lo apoyan a violar la propia constitución de Estados Unidos y el derecho internacional- pues la estrategia es empoderarse como el Zar de América.
Trump es la imagen de los multimillonarios y defensores de un sistema podrido por la ambición, la corrupción y la inmoralidad cuya meta es recolonizar de nuevo a América Latina y el Caribe, como sucedió en el tercio final del siglo XIX y la inauguración de la época de las cañoneras, cuando Puerto Rico quedó en sus manos, el territorio de México fue cercenado y 2.3 millones de kilómetros cuadrados con grandes riquezas en sus entrañas, hizo crecer geográficamente a un país de inmigrantes anglosajones sin historia en América más allá de la exterminación de indígenas (indios para ellos), y convertirlos en un imperio que se hizo más poderoso que el ario ambicionado por Hitler, por el mero hecho de que todas las grandes guerras que lo hicieron posible las desarrolló bien lejos de sus fronteras y las ciudades e industrias estadounidenses nunca sufrido una conflagración más allá de la expansionista entre el norte y el sur.
La idea obsesiva de Donald Trump, un Maquiavelo de la política, un zar de la trampa y la mentira, se ha apoderado de su cerebro y no se saldrá de él, morirá con las neuronas hinchadas y distorsionadas, no de tanto usarlas en sus sueños de emperador, sino por no entender que estos no son tiempos ni de Hitler ni de Monroe y que, como le advirtió hace unas pocas horas el expresidente de México Andrés Manuel López Obrador, sus ’victorias’ de hoy serán su gran derrota de mañana, y eso es un hecho inexorable.
El neocolonialismo no va a regresar a América aunque el mercenarismo prospere en Argentina con Milei, o en Ecuador, Bolivia, Perú, Honduras y otros más en los que la coyuntura marca un aparente retroceso en el progresismo que había avanzado en América y que más tarde o temprano renacerá como el ave Fénix. Ese es el mensaje que le envió López Obrador, pero que Trump es incapaz de asimilar.
Es el propio Trump quien está creando un espíritu beligerante en lo que antes en Estados Unidos no era un pueblo de raíces propias, sino un conglomerado de migrantes ansiosos por establecerse en tierras extrañas. Pero los de hoy no son los de ayer, y su descendencia no busca la conquista extraterritorial de multimillonarios para seguir acaudalando riquezas, sino aumentar su nivel de bienestar, consolidar su paz, vivir en armonía, y ser ejemplo en la convivencia con sus pares del continente y que, como dijo hace pocas horas una legisladora, no los llamen despectiva y dolorosamente gringos con feos epítetos.
Ya hay manifestaciones en varios lugares porque el propio Trump, y degradados personajes que los corroe la ambición y sus degradadas almas como Marco Rubio y Pete Hegseth, las están provocando con el desparpajo atroz de una política interna agresiva que no podrán sostener porque la usan como una granada de fragmentación contra la institucionalidad y los principio democráticos y éticos consagrados en una Constitución que están convirtiendo en papel mojado cuando hasta hace muy poco tiempo era el orgullo del país.
¿Acaso es posible que el pueblo real, no el multimillonario, de Estados Unidos, avale frases como estas?:
’Estados Unidos gobernará al país sudamericano hasta lograr una transición apropiada’, ’nuestras muy grandes empresas petroleras, las mayores del mundo, van a ir allá (Venezuela) y componer la infraestructura petrolera y empezar a ganar dinero y esto es muestra de la resurrección de la Doctrina Monroe’. ’Ahora se llama la Doctrina Donroe (por Don, de Donald). Nuestro dominio del hemisferio occidental nunca más será cuestionado’
’Vamos a gobernar el país hasta que podamos hacer una transición segura, apropiada y sensata’. ’No podemos arriesgar que nadie más tome control de Venezuela… No vamos a permitir que eso ocurra. No nos asusta tener botas en el terreno si lo tenemos que hacer. ’Estados Unidos está listo para realizar otra serie de ataques militares’.
Todo esto es ’una advertencia a cualquiera que amenace la soberanía estadunidense’ y proclamó que ’el pueblo venezolano está libre’ y el ’hemisferio está más seguro ahora’.
Lo importante es que el pueblo estadounidense y el mundo en general, no olvide nunca estos nombres, Donald Trump, Marcos Rubio, J.D. Vance, Susy Wiles, Pete Hegseth, Tulsi Gabbard, Brooke Rollins, James Blair, Elon Musk y otros del círculo cero trumpiano, como tampoco fueron olvidados por la humanidad los de Adolfo Hitler, Hermann Göring, Rudolf Hess, Heinrich Himmler o Joseph Goebbels.
Es muy importante hacernos todos conciencia de que no estamos en la época ni de Hitler ni de Monroe, y que el mundo está pidiendo cambios radicales en los que el papel del individuo en la historia sea constructivo, no destructivo.

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