Premuras y ficciones

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Fernando Irala

Premuras y ficciones

Política

Julio 04, 2022 01:43 hrs.
Política Nacional › México Ciudad de México
Fernando Irala › tabloiderevista.com

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La obsesión por adelantar las fechas y hacernos creer que los milagros ocurren se ha manifestado una vez más en la inauguración de la refinería de Dos Bocas, que ni está terminada ni producirá refinados por lo menos en un año.
Pero no hay nada que una ceremonia y un espectáculo montado no pueda remediar, aunque éste sea realizado entre grúas que momentáneamente suspendieron su actividad y estructuras visiblemente inconclusas.
Así ocurrió con el nuevo aeropuerto de la ciudad de México, que antes de la ceremonia con que inició sus operaciones hace unos meses, tuvo la inauguración de sus pistas y de la nueva base militar un año antes, aunque es la fecha en que todavía no concluye la construcción de su equipamiento, y el movimiento de naves y pasajeros es el de una pequeña terminal de provincia.
Ahora, lo que por momentos se ha presentado como la inauguración de la refinería Olmeca, en otros documentos se cita como la primera etapa constructiva, mientras los costos han escalado hasta duplicar por lo menos el presupuesto inicial.
Así lo advirtieron las constructoras internacionales que se interesaron al principio por el proyecto, pero calcularon que se necesitaba el doble de recursos y el doble de tiempo para levantar y poner en marcha la planta. El doble de dinero ya se gastó o está por erogarse. El doble de tiempo transcurrirá antes de que Dos Bocas esté en el nivel programado de producción.
De alguna manera, el país se ha acostumbrado a esos malabares, desde la rifa del avión presidencial sin entregar el avión, hasta la tragedia que la población mexicana ha vivido con el covid por la torpe estrategia gubernamental, contada como si fuera un ejemplo para el mundo, o el derrumbe de la línea 12 del metro sin que hasta la fecha haya responsables ni se advierta que vaya a haberlos, ni se honre la promesa de poner la ruta nuevamente en servicio en un año, que ése sí ya se cumplió –el plazo, no la promesa.
Así navega entre ficciones el actual gobierno, pero la peor tragedia es que una parte sustancial de la gente aún cree los cuentos y las pantomimas que le presentan. Cada pueblo tiene lo que se merece.


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