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Afganistán. El caos. Segunda parte

Propuestas y Soluciones

Jorge Laurel González

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Desastres

Septiembre 02, 2021 18:09 hrs.
Desastres Nacional › México Guerrero
Jorge Laurel González › codice21.com.mx

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Los afganos están cansados de la guerra, quieren la paz. Y estoy seguro de que la política de la paz vencerá.

Mohammad Najibulá (Dr. Najib) Médico y político afgano, (1947-1996).

Mohammed Zahir Shah, después de su pacto con Turquía, siguió dando ejemplo de un gobierno moderado, no obstante, Zahir reivindicó los territorios de los afganos que vivían en el nuevo Estado de Pakistán (problema del Pathanistán). La crisis se prolongó hasta 1963, cuando se firmó un acuerdo con Pakistán; casi al mismo tiempo se firmó un acuerdo con China.

Resueltos estos problemas exteriores, Zahir dio una nueva prueba de voluntad reformadora al hacer aprobar, en 1964, por la Asamblea constituyente, una nueva constitución y al estimular la escolarización de las mujeres, a las que en 1959 se había concedido el derecho de no llevar velo. La ayuda internacional, en la que participaban la República Federal de Alemania, Estados Unidos y, sobre todo, la URSS (acuerdos de 1964), empezó a ser más importante.

Tras las reformas de Zahir una crisis de modernización sacudió el país, poco preparado para una transformación. Durante el año 1965 se formó el Partido Democrático del Pueblo (PDP), una escisión dentro del partido gobernante, integrada por un grupo de intelectuales, que finalmente también acabó por dividirse, en 1967, en dos partidos, el Khalq y el Parcham, que se enfrentaron violentamente en movimientos de agitación estudiantil (1969), dando como resultado un parlamento incapaz de legislar.

Para rematar, en 1970 y 1971, las cosechas fueron catastróficas y la hambruna asoló el país. Esto provocó un cambio de gobierno, aunque la inestabilidad continuó. El 16 y 17 de julio de 1973, un golpe de estado militar, dirigido por Sardar Muhammad Daud, primo y cuñado del rey, y apoyado por los dos partidos de la oposición derrocó a Zahir Shah, quien salió hacia el exilio hacia Roma. Fue proclamada la república. Pero la reforma agraria que obtuvo poco apoyo y el autoritarismo del presidente condujeron al derrocamiento de este en abril de 1978.

El socialista Nur Muhammad Taraki tomó el poder; pero, aunque de inspiración comunista, el nuevo régimen evitaba cuidadosamente toda alusión al marxismo. Sin embargo, el dominio soviético, directo o indirecto, aumentaba. En diciembre de 1978, se firmó un tratado de amistad y de cooperación entre Kabul y Moscú, que permitía, entre otras cosas, a la URSS intervenir militarmente para «proteger el país».

Afganistán se encontraba entonces en pleno caos; del Pamir, se refugiaron en Pakistán; se hablaba de 12 000 a 15 000 presos políticos, de provincias sublevadas, regiones enteras que escapaban al poder central y combates violentos. El 14 de septiembre de 1979 fue asesinado Nur Taraki.
Su sustituto, Hafizullah Amín, anunció a la vez su fidelidad al Kremlin y la adopción de medidas en favor del islam (reparación de mezquitas). Pero a su vez fue derrocado y ejecutado cuando se produjo la intervención militar soviética de diciembre de 1979, que instaló en el poder a Babrak Karmal.

La prolongada intervención soviética tuvo como efecto la intensificación de la guerrilla interior (apoyada logísticamente desde el exterior por Pakistán, EE. UU. y China) y la manifestación, en el mundo occidental y en el mundo islámico, de numerosas reacciones antisoviéticas.
También provocó un éxodo masivo de la población hacia Irán y Pakistán (tres millones en 1985), tal solo semejante a la crisis de refugiados provocada en Siria, por el actual régimen dictatorial.

El nuevo gobierno inició un programa de reformas que eliminó la usura, inició una campaña de alfabetización, eliminó el cultivo del opio, legalizó los sindicatos, estableció una ley de salario mínimo y rebajó entre un 20 y un 30 por ciento los precios de artículos de primera necesidad. En cuanto a los derechos de la mujer, el régimen socialista otorgó permiso de no usar velo, abolió la dote, promovió la integración de mujeres al trabajo (245 000 obreras y el 40 % de los médicos son mujeres) y a la educación (el analfabetismo femenino es reducido del 98 % al 75 %, el 60 % del profesorado de la Universidad de Kabul son mujeres, 440 000 mujeres más trabajaban en educación y 80 000 participaban en la campaña de alfabetización), así como a la vida política.

El Decreto N.º 7 del 17 de octubre de 1978 otorgó a las mujeres iguales derechos que los varones. El período de la República Democrática fue en el que más mujeres profesionales hubo en Afganistán.

Tras la invasión del país por la URSS, en diciembre de 1979, 120 000 soldados soviéticos se establecieron en Afganistán. La resistencia afgana se dividió en siete partidos políticos sunníes establecidos en Peshawar y ocho partidos chiitas establecidos en Irán. Los partidos sunníes (el 80 % de la población afgana es sunní) eran mantenidos por Pakistán y recibían armas de Estados Unidos.
Los chiitas administraban el centro del país (Hazarayat), que mantenían liberado casi en su totalidad desde 1979.

Una guerra de 10 años enfrentaría a un ejército soviético pesado y poco motivado, y una guerrilla legitimada por el islam y el nacionalismo. El gobierno y los soviéticos controlaban las grandes ciudades y los ejes de comunicación, la resistencia dominaba el campo. En el interior del país, la resistencia se dividió en centenares de pequeños frentes, correspondiendo a menudo a la segmentación por comandantes locales, en general, intelectuales venidos de las ciudades, mullahs, o pequeños notables.

Entre cuatro y cinco millones de refugiados se instalaron en Pakistán o en Irán. Babrak Karmal, al frente del Partido comunista y del estado afgano, de diciembre de 1979 a 1986, no consiguió establecer el régimen socialista y revolucionario que soñaba.

El partido estaba minado por la división entre la facción Khalq, mayoritaria y radical, que recluta sus efectivos sobre todo de la etnia pashto y la facción Parcham, más moderada. Los comunistas aparecían, además, como el partido del extranjero.

En la siguiente entrega continuaremos con las implicaciones internacionales en mediados y finales de la década de los años 80. Y espero que esta selección de temas históricos, les sirvan a mis lectores a comprender el actual (tal vez permanente) en que vive y ha vivido Afganistán.
Síganse cuidando en esta tercera ola y recuerden que todos debemos de trabajar unidos, ya que solamente Juntos Logramos Generar: Propuestas y Soluciones.

JLG.


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