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Luis Manuel Arce Isaac
La ambición y el odio de Benjamín Netanyahu contra todo lo que huela a palestino e islamismo y lo perciba como un obstáculo a su afán de convertir al país en el imperialismo de Asia Occidental, le puede ocasionar un enorme dolor de cabeza a Donald Trump —ya acusado hasta por su propia MAGA y generales más decorosos de haberse dejado arrastrar a la desdichada aventura iraní— porque el cese el fuego puede romperse antes de los 10 días programados, y cerrarse las puertas a una negociación seria e imprescindible.
En honor a la verdad, los hebreos deberían inundar las calles de Tel Aviv, Jerusalén y hasta en Dimona en el desierto de Néguev, sacar del poder a Netanyahu a la fuerza y entregarlo a la Corte Internacional de Justicia que lo reclama por criminal de guerra, pero el sionismo no lo va a permitir.
Entonces, si Trump de veras quiere llegar al menos hasta noviembre e intentar superar un voto en contra que lo lleve a un juicio político con la correspondiente salida del gobierno y, ya sin inmunidad, arriesgarse a un juicio civil por todo lo horrible que ha hecho, tendrá que pararle la mano a su socio de vergüenzas para que acepte el cese el fuego, hasta ahora solo entre EEUU e Irán.
Hay un problema que hará a Netanyahu dar pateadas de ahogado, y es que si acepta el cese el fuego se le cae el sayo de presunta invencibilidad y podría empezar un proceso de descolonización de los territorios ocupados. El sionismo tendría que irse recogiendo a sí mismo como lombriz de tierra, y posiblemente regresar a las fronteras anteriores a1967, inmediatamente después de la Guerra de los Seis Días.
Durante esa agresión de conquista territorial ilegal y altamente criminal, Israel ocupó Cisjordania, Jerusalén Este, la Franja de Gaza, los Altos del Golán y la península del Sinaí, iniciando poco después la construcción de asentamientos, algo que tarde o temprano tendrá que debatirse en un marco jurídico legal, porque las naciones árabes, más allá de sus credos y posiciones políticas e ideológicas, se obstinan en proclamar que esa ocupación ilegítima no es irreversible. Igual que las ocuparon deben abandonarlas.
Ese es un gran fantasma para cualquier tipo de negociación con Israel, y se va incluso muchísimo más allá del denominado ’problema palestino’.
Mientras, Irán se prepara para responder a las violaciones del alto el fuego pactado con EEUU. Seguramente castigará muy duro a los sionistas, y lo más probable es que tanto el estrecho de Ormuz como el de Bab el Mandeb, no se abran para ese país porque su control está en manos de iraníes, omaníes y yemenitas, no de Estados Unidos ni de cualquier otro país de la región.
La respuesta de Netanyahu al anuncio del cese el fuego ha sido muy negativa y provocadora con los violentos ataques de este miércoles contra el Líbano, lo cual generó una advertencia también muy fuerte de Irán de que está ultimando los preparativos para llevar a cabo una operación disuasoria contra las posiciones militares israelíes, según fuentes anónimas.
Esa fuente sostiene que en Teherán cobra fuerza la idea de que los ataques del país hebreo contra el grupo chiita libanés Hezbolá son la prueba de que Washington, o es incapaz de controlar al primer ministro israelí, o bien le dio carta blanca a Tel Aviv para mantener su belicismo. Ese es un factor que introduce dudas e inquietud acerca de la honradez de Donald Trump, y tiende una sombra que va estar sobre la mesa de Islamabad todo el tiempo que los misiles israelíes sigan matando.
Hay un problema, y es que el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, que medió en las negociaciones entre Washington y Teherán, declaró que la tregua incluía al Líbano, pero Netanyahu lo desmintió y sus fuerzas armadas prometieron seguir llevando a cabo sus "operaciones terrestres selectivas" contra Hezbolá.
Si se quiere lograr algo racional, realista y duradero, Naciones Unidas tendrá que imponerse, pero no como siempre con cascos azules en el campo de las víctimas, sino en las del atacante, algo inversamente proporcional a todo lo ineficaz que ha hecho la ONU en los países atacados que, a la postre han consolidado la ocupación imperialista o sionista.
Naciones Unidas —no el Consejo de Seguridad que ya es hora de que desaparezca y surja algo diferente— debería de ponerse de una vez pantalones largos y exigir a la Corte Internacional de Justicia que ejecute su sanción contra Netanyahu por criminal de guerra.