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Luis Manuel Arce Isaac
En verdad, quisiera desearle a mis vecinos del planeta que compartimos, un feliz y próspero año 2026, pero ni sé cómo hacerlo y no me gusta mentir. He estado buscando un mensaje bonito, esperanzador, pero no aparece, y creo saber su causa: los buenos deseos están atrapados bajo rocas como enormes montañas y temo no puedan ser liberados al menos hasta 2030, y eso, si logramos unir esfuerzos para removerlas.
Sé que esta inquietud la comparten millones de personas que seguramente buscan también lo mismo, a la hora de dedicar hermosas y sentidas tarjetas de fin de año, y en muchas de ellas, junto a bellos paisajes, solo habrá escrito un lacónico e incierto deseo: ’que el 2026 sea mejor que el 2025’, o algo muy parecido, huérfano de certidumbre.
No es por falta de fe, que es lo último que se pierde, como dicen los abuelos, ni tampoco porque de pronto hayan desparecido del vocabulario común palabras como amor y paz, pues están allí, en los corazones y la mente, aunque parezcan códigos semióticos de la inteligencia artificial.
Pongamos por caso hipotético a un estadounidense cuando tome en sus manos la tarjeta para enviarla a alguien y a la hora de escribir piense en aquellas cosas que estorban la felicidad y prosperidad que quiere desear.
Por ejemplo, la guerra supremacista racial y radical de la cual a lo mejor el destinatario sea víctima, o la que busca acabar con la institucionalidad del país, con la independencia de los poderes del Estado, y de la democracia que supone los representan a él y a su familia, pero que ya no es así.
Quizás le dé temor escribir algo inadecuado por la guerra contra la libertad de expresión o crean que felicitar a alguien es un cuestionamiento al gobierno, o que los estados de la Unión ocupados por fuerzas federales, repriman también a quienes deseen paz y felicidad.
Hay montones de guerras que habría que tomar en consideración a la hora de escribir el mensaje al amigo. Pensar, por ejemplo, en los mercenarios del ICE contra los migrantes ¿y si se enteran de que le estás escribiendo a alguien de cabello negro y ojos pardos o piel no blanca y para colmo con tatuajes?
¡Te pondrían mandar a Alcatraz de los Caimanes en Florida!
Y ¿cómo le deseas un feliz año nuevo a la gente que se quedó sin trabajo, a quienes privaron del medicare, a los que duermen en las calles con este perro frío de enero, a los que han perdido sus casas hipotecadas y el gobierno se niega a ayudarlos?
Y si tienes un amigo en el extranjero, cuidado con el Departamento de Guerra y el de Estado porque te pueden confundir con un espía o un traidor. Y si por casualidad le deseas un próspero año nuevo, mucho ojo, porque puede ser interpretado como un desafío a la guerra arancelaria de la Casa Blanca.
¿Cómo felicitar a un amigo que tenga su hijo o un pariente participando en el hundimiento de lanchas en el Caribe y el Pacífico, matando a sus tripulantes, o apoyando el genocidio en Gaza, o en las guerras simultáneas de Estados Unidos en ocho o diez países a miles de millas de sus hogares?
Y si la guerra de tensión y presiones se sigue complicando y se llega a una situación internacional sin marcha atrás, ¿valdrá la pena desear a sus potenciales víctimas paz, salud, dinero y amor como acostumbran hacer algunas personas?
¿Están de acuerdo en que desear un feliz y próspero año 2026 es un asunto bien difícil?