Escritora, novelista, poeta, periodista y también conocida feminista

ROSARIO CASTELLANOS FIGUEROA.

*Virgilio A. Arias Ramírez-C.

ROSARIO CASTELLANOS FIGUEROA.

Cultura

Julio 22, 2020 20:18 hrs.
Cultura Nacional › México Ciudad de México
*Virgilio A. Arias Ramírez-C. › Club Primera Plana

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Cuándo se habla de personajes que dejaron huella se corre el riesgo de repetir datos y referencias de quien se trata; sin embargo, debe hacerse porque algunos lectores conocen poco de quien se escribe. En esta ocasión trataremos la historia de una mujer mexicana que fue escritora, novelista, poeta, periodista y también conocida feminista, particularmente defensora de los indígenas de los altos de Chiapas. Rosario Castellanos, nació en la Ciudad de México, el 25 de mayo de 1925; vivió en Tuxtla Gutiérrez, San Cristóbal de las Casas y Comitán de Domínguez, Chiapas. Es hasta la edad de 16 años cuando se establece en la capital del país para estudiar filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México y fallece el 7 de agosto electrocutada en Tel Aviv, Israel, en 1974, donde era embajadora de México y también docente en la universidad Hebrea de Jerusalén.
Considerando los tiempos y circunstancias que a esta mexicana le tocó vivir, Rosario fue una luchadora de la cultura como: Hipatya, Juana de Arco, Sor Juana Inés de la Cruz, Josefa Ortiz, Leona Vicario, Margarita Maza de Juárez, Carmen Serdán, la Pasionaria, las ’Adelitas’, etc. Y en Chiapas fueron las profesoras, las que enseñaron las primeras letras y los primeros cantos infantiles en las áreas rurales; ellas también hacían funciones de enfermeras--parteras, organizaban coros, reforestaban los parques de los ejidos y hasta lo hacían de jueces en defensa de las indefensas mujeres, también fueron el proceso mediante el cual se transmiten los conocimientos útiles para el desarrollo psicológico y social de los educandos en su comunidad.
Las obras de Rosario Castellanos, brotan de su imaginación, pero percibiendo las costumbres y vidas de aquella época en Chiapas; logra ser la mujer de la pluma fina, exquisita y humana. Impresionan sus vivencias con los indígenas asalariados en la finca de su padre en Comitán de Domínguez, que eran similares a los de los otros grupos indígenas del país: los tzotziles, zoques, mayas, zapotecas, olmecas, chichimecas, nahuas, tarascos, yaquis, tarahumaras, etc., las injusticias era para aquellos indefensos mexicanos cuando no había llegado la educación a las zonas rurales, es decir, las consecuencias del artículo tercero de la constitución.
Rosario en 1950 publicó su tesis: ’Cultura Femenina’ Y una de sus obras emblemáticas sería ’Balún Canán’. Principia anotando: ’…Y entonces, coléricos, nos desposeyeron, nos arrebataron lo que habíamos atesorado: la palabra, no es el arca de la memoria. Desde aquellos días arden y se consumen con el leño en la hoguera. Sube el humo en el viento y se deshace. Sus obras reflejan la vida de esos lugares desconocidos por los mexicanos y mayormente por las ausentes autoridades; llegó a conocer el interior del Valle de San Juan Chamula y Comitán, la raza del sur, porque estudio sicología, filosofía y antropología; ella dijo: ’…Hacer patente una realidad oculta/comunicar un secreto/ poner la mano en la llama/tal es el oficio del poeta…’
Rosario tuvo un estilo personal bien reconocido, incluso, por los hombres de letras de su tiempo como: Octavio Paz, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, Carlos Pellicer, entre otros. Se integró con los escritores y poetas de la ’Espiga Amotinada’ por ejemplo: Margarita Michelena, Juan José Arreola, Jaime Sabines, Eraclio Zapeda, Julieta Campos, Carlos Monsiváis, Tomás Segovia, etc. En Tuxtla Gutiérrez hacia 1948 se funda el Ateneo de Ciencias y Artes de Chiapas, obra del gobernador Francisco J. Grajales y fueron sus voces: Rómulo Calzada, Eliseo Mellanes, Enoch Cansino Casahonda, Óscar Bonifaz, Jesús Agripino Gutiérrez, Ernesto Cardenal, Armando Duvalier, Emilio Carballido, Fedro Guillén, etc. este Ateneo en 1951 entregó la primera presea al historiador y cronista Fernando Castañón Gamboa.
La escritora Nyrma Lara Anzures, en una ocasión comentó que cuando ella era una niña llegaban a su casa de México, poetas como Jaime Sabines, Armando Duvalier, Enoch Cansino Casahonda, y otros, a declamar sus propias poesías y recordar la añeja historia de Chiapas llena de atrasos de siglos sin esperanza de solución. Y es que una sola palabra puede sonar vacía, pero una poesía es también portadora de realidades, despierta conciencias y emociones, genera sueños y endulza el espíritu a veces confundido. Rosario pintó con su pluma, el triste drama del medio rural de Chiapas y particularmente del indígena, quien no podía usar ni siquiera las banquetas de Comitán, sólo era para la blancos o ladinos, fue por mucho tiempo la costumbre; hasta que surgió el EZLN en 1994, ahí todo cambió, ya nada fue igual para los indígenas aunque aún no sabemos si para bien o fue un cambio para mal.
Lástima que Rosario ya no vio la transformación, del pueblo en que pasó sus primeros años de vida; ella relata que cuando tenía siete años de edad, prefería dormir con su nana en un petate, porque le contaba historias y sufrimiento de los humildes humanos olvidados de la luz de Dios, la tapaba con su rebozo y le hacía bocadillos; su mamá estaba siempre cuidando a su hermano enfermizo que finalmente falleció, y se agravo la situación emocional de su padre, cuando le expropiaron su finca, él y muchos finqueros se pasaban días y noches haciendo antesala buscando audiencia con el gobernador sin lograr una ligera solución, no obstante las escrituras que amparaban las propiedades, era el sexenio del presidente Lázaro Cárdenas. Ahí Rosario, durante los siete años que vivió con sus padres en Comitán, asimiló en su conciencia, la cruel ’vida’ del sometimiento indígena en los altos de Chiapas.
En su emblemática obra Balún--Canán, narra desgarradores relatos, tan inhumanos, que hoy no los imaginamos, en la página 126 dice: ’El día de Nuestra Señora de la Salud amaneció nublado. Desde el amanecer se escuchaba el tañido de la campana de la ermita, y sus puertas se abrieron de par en par. Estaban los indios trayendo las ofrendas: manojos de flores silvestres, medidas de copal, diezmos de las cosechas. Todo venía a ser depositado a los pies de la Virgen, casi invisible entre los anchos y numerosos pliegues de su vestido con piedras falsas que resplandecían a la luz de los cirios. El ir y venir de los pies descalzos marchitaban la juncia esparcida en el suelo y cuya aroma, cada vez más débil, ascendía confundido con el sudor de la multitud, con el agrio olor de la leche de los recién nacidos y las emanaciones del aguardiente que se pegaba a los objetos, a las personas, al aire mismo’.
En un mundo de hombres, ella crítica acertadamente las costumbres de aquella sociedad que relegaba a los más vulnerables: los pueblos, nativos ellos que no podían rebelarse, ante el cacique?, el gobierno indiferente? y aún más, a las indefensas mujeres que soportaban su tragedia de frío y hambre? rebelarse? ante sus maridos quienes las habían cambiado por aguardiente o por un borrego entregado a sus padres?, ante el sacerdote, quien les enseñaba a ser obedientes y fieles al marido?. Con esta realidad de vida, Rosario inició sus inquietudes literarias publicando poemas en el Diario de Tuxtla. Su trabajo no se limitó a las aulas, también fue promotora cultural en el Instituto de Ciencias y Artes de Chiapas y del Centro Coordinador Tzeltal-Tzotzil y fundadora del Teatro Guiñol.
Como libre pensadora e impulsora social de avanzada, afirmaba que la mujer debía cambiar la condición de ’víctima’ y de ’sexo débil’, que debían ser apoyadas para empoderar sus valores personales y culturales, y así superarse para llevar una vida más independiente y humana. Criticaba a la corriente indigenista de la época por ser una sociedad clasista, que ’defendía’ a los pueblos marginados sin conocerlos, ni entenderlos como seres humanos, no sólo como los blancos y negros; que así no podrían defenderse nunca por sí mismos, y seguirían eternamente menospreciados por ser inferiores según los blancos o ladinos.
El destino de Rosario, fue eso, un ’rosario’ de penas. Quedó huérfana de madre siendo niña; fue segregada por ser mujer en un mundo de hombres y sus padres tenían que proteger a su hermano enfermizo; sufre las angustias de su padre; se casa con su profesor de filosofía y tiene que divorciarse, porque el matrimonio no resultó del todo dulzura y debe soportar las críticas feministas de la época; fallece su hija recién nacida; padece tuberculosis y sufre depresión, ella muere trágicamente a la edad de 49 años, dejando cimentada una estela de enseñanzas, para mujeres con visión de libertad y hombres de otra educación y cultura.

Sus obras son muchas, aquí citamos sólo las siguientes poesías: Trayectoria del polvo, Lívida luz, Poesía eres no tú; novelas: Balún Canán, Oficio de tinieblas; Cuentos: Ciudad Real, Convidados de agosto, Albun de familia, otras obras no menos valiosas y novedosas para una mujer de su época; se considera que dejó mucho material inédito, el cual se espera pueda conocerse en una antología. Es probable que por la calidad y abundancia de su trabajo, sea conocida en la literatura universal como una escritora y poetisa del siglo XX. Ella mencionaba el refrán: ’Mujer que sabe latín, ni encuentra marido ni tienen buen fin’.
Como erudita, mereció los reconocimientso siguientes: 1958 Premio Chiapas, Premio Xavier Villaurrutia, Premio Sor Juana Inés de la Cruz, Premio Carlos Trouyet de Letras y Premio Alías Sourasky de Letras en 1972; y otros valiosos reconocimientos como docente y mujer de letras; el próximo mes de mayo, hará 46 años que se fue esta singular mexicana, al lugar de los ’Nueve Luceros’?, o innovadora cómo ella era, buscaría otros espacios?. Al fallecer, el gobierno de México se encargó de su traslado a esta su patria y fue sepultada en la ’Rotonda de los Personajes Ilustres’, panteón de Dolores, Ciudad de México. El gobierno de Chiapas le rinde justo homenaje con el Festival Internacional ’Rosario Castellanos’ y el H. Congreso del Estado creó la medalla que lleva su nombre, para premiar a hombres y mujeres mexicanos que se hayan distinguido por el desarrollo de la ciencia, arte o virtud en grado eminente.

La chiapaneca y cantante de diversos géneros Gabriela Fernández, expresó en una ocasión que: ’En Chiapas hay tantos poetas, que si levantas una piedra, ahí encontrarás un poeta’. Esta distinguida mujer es probable que tenga razón, fundamentalmente porque es de un estado mexicano pródigo en todo, alimentos, recursos naturales, cultura y hasta nido del ámbar milenario. En esos sitios anidan en las ceibas los tucanes, el quetzal, las orquídeas y las bromelias, y en ese arco iris de sus ríos que brotan de las montañas, es posible también ver nacer, las voces primeras llamadas poesía.
Rosario hizo escuela en las letras; en una antología realizada por los amigos tuxtlecos: María Magdalena Jiménez y Jorge Alejandro Sánchez Flores, enlistan cincuenta mujeres de letras, ciencias y periodistas, todas ellas representan a Chiapas. Aceptando que es solamente una relación limitada, entre muchas valiosas mujeres destacan : Petrona de la Cruz, Beutelspacher Baigts Ethel, Fidelia Brindis Camacho, Gabriela Fernández Nuño, Gloria León Orantes, Amanda del Llano, Blanca López Alegría, Elva Macías Grajales, Margarita López Bátiz, Margarita B. Luna Ramos, Rutila Mejía Gutiérrez, Amparo Montes, Sofía Mireles Gavito, Dolores Montoya, Rocío Ortiz, Gilda Rincón Orta, Candelaria Rodríguez Sosa, Leticia Román de Becerril, María Antonieta Alvarado, Irma Serrano, Susana Solís, Mariza Trejo Sirvent, Socorro Trejo Sirvent, Elvira Villafuerte Blanco, etc.; todas estas cultas damas, siguen la ruta de Rosario Castellanos y no dudamos que un día, ellas también sean admiradas por sus valiosas obras literarias.
*Es Secretario General del Club de periodistas Primera Plana y Vicepresidente de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística.


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