Contraesquina

Sin temor de Dios; una estampa de estos tiempos

Jesús R. Cedillo

Sin temor de Dios; una estampa de estos tiempos

Periodismo

Agosto 27, 2020 16:31 hrs.
Periodismo Nacional › México Coahuila
Jesús R. Cedillo › guerrerohabla.com

723 vistas

¿Cuándo se jodió la vida como antes la vivíamos y disfrutábamos? No lo sé. ¿Cuándo jodimos todo, los humanos? Desde siempre. No hemos cuidado de nuestra casa común, eso llamado Tierra. Y si no hemos cuidado de nuestra casa, menos hemos cuidado de nosotros mismos, de nuestra salud física, mental y espiritual. Con la pandemia, se nos ha enseñado la verdadera vocación del ser humano: sálvate tú, deja colgado a los vecinos y a los familiares. ¿Cuándo nos hicimos unos ciudadanos mediocres, avinagrados, avejentados y haciendo pozo en el mullido sillón picando las teclas o pantalla de nuestro celular ’inteligente’ y conectados todo el tiempo a internet? ¿Cuándo, cuándo se jodió la vida?

Fui educado a la antigua. Hoy lo agradezco harto. Mi padre y mi madre me educaron en eso llamado ’temor de Dios’ (Proverbios 15:33). Temor y sabiduría. Pero no el gran garrote. El gran Dios, el juez el cual todo lo veía para castigarlo. No. Simplemente el temor de Dios para hacer las cosas bien, de la mejor manera posible y con sabiduría. Sabiduría del sentido común y cotidiano. Nunca hubo castigos corporales en mi persona, pero sí temor de la mirada de fuego de mis padres. Con eso tenía. Se debían hacer bien las cosas. Así de sencillo (sí, eso del imperativo categórico de Emmanuel Kant). En ese entonces creía en Dios. Hoy lo sigo haciendo; con mi fe rota, pero fe al fin. Fe la cual abono con la razón e inteligencia y seamos francos, poco con el corazón. El corazón, lo que queda de él, lo dejo en jirones siempre a las musas de porcelana. A últimas fechas y con motivo de la maldita pandemia, he andado de capa caída en dicho aspecto. En fin.

¿No se cree en Dios? Pues hay que creer y hacer caso a las leyes e instituciones creadas por el hombre para convivir en armonía y justa equidad y justicia. No andar como bárbaros y mediocres por allí. Los bárbaros que no creen ni en Dios ni en las leyes, violan todo a su alrededor. Los genios erigen instituciones (Marco Aurelio, por ejemplo), los bárbaros y salvajes las violan (Tiberio, por ejemplo). ¿Qué hacer? Pues si usted no tiene temor de Dios, crea en las leyes y las fundaciones que nos rigen. ¿Ni lo uno ni lo otro? Pues sí, eso es justamente lo que está pasando en una sociedad podrida, lumpen, gente ya tocada psicológicamente por muchos motivos. Lo peor, esto apenas inicia y se pondrá peor. Siempre hay cosas peores.

Varios hechos y sucesos de miedo y terror que han pasado en días recientes han puesto los pelos de punta a todo mundo. Con justa razón. La sociedad está podrida, eso ya nadie lo duda. Pero ¿Hasta dónde llega semejante peste? Está enquistada en los cimientos y ADN de la sociedad. Aquí es justo cuando debería de alzar la voz el monje Raúl Vera López y su séquito de acólitos. Pero no. Ni le interesa ni le va ni le viene la muerte de niños, la violencia extrema con la cual son violados, martirizados y luego, muertos. Ni le va ni le viene que los niños recién nacidos sean tirados como perros, en los baldíos.

ESQUINA-BAJAN

Vinculado a proceso penal por la muerte de su hijastra (la niña Inés, de apenas dos años de edad), el pelotero de los Saraperos, Sergio Mitre, es acusado de la muerte y abusar sexualmente de la niña. La pareja sentimental de Mitre, Liliana, sin el menor viso de dolor o pasión y en un video, sólo defiende a su compañero. Las redes sociales se ceban en el caso. Todo mundo exhibe sus desgracias y en ’tiempo real’. La vida privada ya no lo es más. Ahora es pública y se ventilan todo tipo de miserias. Desde el hacinamiento de las familias comiendo pizza en calzones, hasta las misas y rezos en templos católicos a los cuales les urgen pesos, no la salvación de las almas.

¿Cuándo se jodió todo? Pues desde siempre. Lo que pasa es que ahora, se ha catapultado lo anterior por el aislamiento en casa por la pandemia y emergencia sanitaria de la cual no se tiene fecha para salir del infierno. La pandemia nos hizo peores. Afloró en los humanos lo infame y más miserable de sus vicios. En el lapso de una semana o poco más (10 al 18 de julio), tres niños recién nacidos fueron abandonados como perros, en patios y baldíos. Una niña violada y asesinada por golpe letal. Los casos han ’conmocionado’ las redes sociales. Sociedad podrida y morbosa. Fin.

Estamos inmersos en una humanidad lumpen, afásica (sólo se comunican con ’emoticones’), sin valores, sin ética, moral y ahora, sin escuela ni estudios. Cuando se carece de todo lo anterior, pues es imposible adquirirlo en una sola compra en el Oxxo más cercano. Esta es la sociedad que Andrés Manuel López Obrador alienta y amamanta con sus becas y regalo de dinero. Tomemos el caso de la mamá de la niña recién nacida y abandonada en Ramos Arizpe en un patio (16 de julio). La madre ocultó su embarazo (aflora entonces que los padres están ausentes, están ciegos y sordos o de plano, ni les interesa la hija). Nadie se dio cuenta. Hasta que parió en su propia casa (en la vivienda estaban su padre y su madre Rocío Figueroa, ese día) y luego, envuelta en una camisa, pasó a su hija recién nacida al patio vecino. Lea lo siguiente: la madre del bebé es Wendy… de 19 años. La cual, tiene un hijo mayor de dos años. ¿Educación, valores, visión de futuro, padres al tanto y responsables de sus hijos? ¿A dónde cree usted que va toda esa familia? Al despeñadero. Ya están allí. Sin futuro.

El coctel es mortal: aislamiento, alcohol, drogas, hacinamiento, marginación, calor asfixiante, familias disfuncionales, padres ausentes (doble turno en las maquiladoras), violencia intrafamiliar; la educación ya no la da la escuela ni la televisión, sino los tutoriales de Internet…

LETRAS MINÚSCULAS

Esta es nuestra triste y desoladora radiografía como sociedad. Viene lo peor.



Sin temor de Dios… (2)
Sin temor de Dios. Cual ninguno ya. Mejores tiempos aquellos en el calendario cuando era imposible beber o fumar delante de los padres. Imposible, así usted tuviera 20 y tantos años. Sólo cuando usted ya estaba casado y vivía fuera del confort familiar y claro, ganaba sus propios pesos, usted podría fumar y beber delante de los padres en reuniones familiares. Mejores tiempos en el calendario cuando este escritor se topaba en la urbe citadina a mis tíos (José y Julián, en especial) y sí, me inclinaba con reverencia y les besaba la mano. Lo hice hasta hace poco relativamente y a petición de ellos, dejé de hacerlo. Eran mis mayores. Ya muertos, lo siguen siendo. Buenos y agradables tiempos de respeto, honra, decoro; tiempos en que uno tenía temor de Dios…

Gracias por leerme y hacer suyas estas letras. Agradezco harto que usted me comente mis escritos y agradezco que usted se interese en mis ideas, en los libros que aquí reseño y los busque y los lea; en la música que aquí nombro y recomiendo y usted hace favor de buscarla y paladearla. Gracias por todos sus comentarios. Naturalmente, gracias por sus comentarios también cuando usted dice que piensa exactamente como yo… pero todo lo contrario. Usted lo sabe, nunca quiero convencer a nadie. Es un diálogo, no una confrontación. No son ’vencidas’, ’pulso’, dicen los españoles, sino una participación conjunta para tratar de explicarme y explicarnos esta etapa inédita de la humanidad la cual nos ha tocado vivir a usted y a mí.

Gracias por leerme. Varios textos aquí publicados en este generoso espacio de VANGUARDIA han sido bien y harto replicados y comentados por usted. Uno de ellos fue el publicado aquí el pasado lunes 10 de agosto, con el mismo título y encabezado de éste: ’Sin temor de Dios’. Ese día me comentaron los lectores como usted, que se cumplía en eso que llaman los gringos ’timed’, el texto tuvo sentido de la oportunidad. En el primer texto hablaba de que la sociedad como tal, ya está podrida. Casi toda. El confinamiento vino a enseñarnos que somos más brutales de lo que pensábamos. Las redes sociales se han convertido en ventanas de nuestras miserias. Todos exhiben sus desgracias en ’tiempo real’. La vida privada ya no lo es. Ahora es pública y se ventilan todo tipo de desdichas.

Desde el hacinamiento de las familias comiendo pizza en calzones, hasta las misas y rezos en templos católicos a los cuales les urgen pesos (pregúnteselo al monje Raúl Vera López y su beata de cabecera, Jacqueline Campbell), no la salvación de las almas. Ese día los diarios y noticieros de la región y luego del País entero, se cebaron en el caso que sucedió en ’tiempo real’: dos hermanos de 17 y 18 años dieron cigarros y cerveza a un niño de 3 años en su confinamiento familiar. Todo, mientras escuchaban narcocorridos y vestían con los ajuares propios de este estilo que llegó para quedarse.

ESQUINA-BAJAN

Decía Lucio Anneo Séneca: ’Todo tiempo pasado es mejor’. ¿Cuándo se jodió la vida como antes la vivíamos y disfrutábamos? Imagino fue algo paulatino. Fue como un bicho invisible el cual nos fue minando poco a poco y terminó por devorarnos y se aceleró con la llegada de internet. ¿Cuándo jodimos todo los humanos? Desde siempre. La pandemia y el confinamiento nos hicieron peores. Estamos inmersos en una humanidad lumpen, afásica (sólo se comunican con ’emoticones’), sin valores, sin ética, moral y ahora, sin escuela ni estudios. Cuando se carece de todo lo anterior, pues es imposible adquirirlo en una sola compra en el Oxxo más cercano o con los tutoriales de internet. Esta es la sociedad que Andrés Manuel López Obrador alienta y amamanta con sus becas y regalo de dinero.

Ya no hay valores, ¿dónde encontrarlos? No lo sé. Como dijo la filósofa de la canción, la inconmensurable de las caderas redondas y perfectas, mi Shakira: ’Siempre supe que es mejor, cuando hay que hablar de dos, empezar por uno mismo…’. Mi vida ha sido buena y ahora valoro mucho, harto, las enseñanzas de mis padres. Luego, las enseñanzas de mis sabios maestros (entre ellos, el viejo gruñón de don Antonio Usabiaga) y claro, toda esa suerte de ases de primera fila que son mis escritores de cabecera. Estoy contento, muy contento de seguir siendo educado y moldeado por los libros (claro, físicos, con olores, sabores y colores, no digitales) y el pensamiento de sus autores. ¿Hoy? Hoy se hace creer y se hace pasar como un gran logro y lo último en educación y aprendizaje la mamada de AMLO y sus claques y todos lo repiten: educación en tu celular, educación a distancia. En México se llama ’Aprende en Casa’. Todos se tragan la píldora sin chistar. Le he platicado varias ocasiones: esto no debe de ser un plan a futuro y ni debe ser la alternativa hoy.

No soy el único tozudo al respecto. Tiene 40 años, habla nueve idiomas, es alemán, es académico y filósofo y tiene como misión hoy, él mismo lo reconoce, una misión ’utópica’: recomponer la economía poscoronavirus a escala global en el contexto de la actual crisis sanitaria mundial. Cuando llegó la crisis sanitaria a Alemania y se le propuso que dictara sus cátedras por videoconferencia, se negó rotundamente. Sus argumentos: ’No se puede digitalizar la transmisión del saber. Eso es válido para todas las materias, pero lo es más para la filosofía… El saber es algo físico, no es meramente espiritual’. ¿Así o más sencillo y complicado a la vez? Y sin contradicción de por medio. El tipo es Markus Gabriel, una aplanadora de pensamiento que en sus ratos tiesos, escribe libros como tabiques de cemento, provocadores, lúdicos y densos. En el entorno dentro de poco en el cual usted y yo nos vamos a mover, lector, él y nadie más ya lo está definiendo.

LETRAS MINÚSCULAS

Dos hermanos, niño y niña dando de fumar y beber a su hermano de 3 años. La sociedad de internet. La sociedad jodida. La sociedad apendejada en ’tiempo real’.

Sin temor de Dios… (3)
Tiempos graves y de tormenta nos afligen. Hemos perdido nuestros asideros, nuestro faro en tierra firme para llevar nuestra barca a buen puerto. La pandemia del bacilo chino nos vino a infectar a todos con muchos y variados flagelos: la ignorancia, el aislamiento, la soledad retorcida, el insomnio, estar atados full time a Internet, trabajar desde casa; la casa convertida en restaurante, casa de citas, oficina, prostíbulo, gimnasio, alberca, merendero… Quédate, estudia y vegeta en casa. Sálvate tú, que se jodan tus padres, tus familiares y los vecinos…
Hay gente extraña, rara. Tan rara y extraña que han visto en esta pandemia una ’oportunidad’ de ser mejores. Caray, cada quien sus traumas. Lo dijo una escritora, Margo Glantz, la pandemia nos hace mejores un mes, luego regresaremos a ser los mismos. O peores. Gracias por atender estas letras, estimado lector. Esta es la tercera entrega de esta saga de columnas encabezadas con el mismo título: ’Sin temor de Dios…’. Textos los cuales han explorado nuestro lado oscuro y siniestro. Lado oscuro el cual ha aflorado demoniacamente merced al aislamiento ya de meses, agravado lo anterior con los problemas de la vida cotidiana: la economía, las finanzas personales, los servicios de la casa, la educación de los hijos y, lo principal, las muertes y contagios por el bacilo chino.
Para aquellos que no creían en ello, de un tiempo a la fecha vengo coleccionado las tiras de los obituarios de una funeraria local que se anuncia en los diarios. Es Funerales Martínez. Ojo, sólo ellos por lo pronto y a vuelapluma para probar mi tesis. Aleatoriamente y sin orden ni concierto, tomemos el diario del día 20 de agosto. Sólo ese día se anuncia la muerte de 16 seres humanos. Todos con nombre y apellido. Las edades fluctúan de 51 a 93 años. La mayor parte de los fallecidos fueron cremados. Sí, el maldito bacilo chino se los llevó. Eso fue ese día, pero días antes las muertes oscilaban entre 13 a 20 diarias. Cuídese, señor lector, la vida no retoña.
Tiempos mejores los de ayer. De eso ya no hay ninguna duda. No es nostalgia de mi parte. Es la realidad. Y vuelve la pregunta inicial: ¿Cuándo se jodió la vida como antes la vivíamos y disfrutábamos? No lo sé. ¿Cuándo jodimos todo, los humanos? Desde siempre. ¿Por qué ahora tanta sevicia, maldad, falta de valores y ética? ¿Por qué ahora nadie piensa ni busca la espiritualidad como salida, asidero y salvavidas a este tiempo infausto que nos agita y nos trae en el filo de la locura y del insomnio?
Hartos mensajes y comentarios me han llegado de esta saga que hoy se hizo tríptico. Uno de esos mensajes fue el siguiente comentario del abogado Eduardo Pacheco, sí, primo del pastor Carlos Pacheco, quienes son los líderes de la comunidad cristiana ’Cristo Vive’, comunidad de alto impacto social y religioso en la entidad. Su trabajo ejemplar está a la vista.
¿Cuándo se jodió la vida como antes la vivíamos y disfrutábamos? No lo sé. ¿Cuándo jodimos todo, los humanos? Desde siempre"
ESQUINA-BAJAN
’¿Qué nos pasó? Es simple. Dejamos a Dios fuera de la vida privada y pública. Eso fue lo que nos pasó’. La economía de palabras es admirable y su pensamiento lo comparto. El abogado y excandidato a una diputación local, Eduardo Pacheco clarificó uno de varios puntos o aristas muy identificables: no hay lugar para Dios en la vida cotidiana. La pandemia todo lo cerró, incluyendo iglesias. Las cantinas están abiertas. Pero esta ausencia de fe y temor de Dios (Proverbios 15:33) no sólo es pecado y condena en nuestro ámbito personal y familiar. Pacheco bien lo señala: abarca también el estado público. Vea usted si no el circo mediático de Emilio Lozoya y la red de complicidades y dineros, los cuales salpican a todos en materia de corrupción: Ricardo Anaya, Felipe Calderón, Carlos Salinas, Ernesto Cordero, Enrique Peña Nieto, Luis Videgaray y un largo, largo etcétera.
La vida se ha degradado a pasos de gigante. No sólo en México, sino en el mundo. Los vecinos gringos son el mejor ejemplo de ello. Si no hay temor de Dios, tampoco hay temor de la justicia terrena. Y cuando se puede y se debe ejercer justicia, como siempre en México, se ejerce discrecionalmente. Así se infiere del manejo político que se le está dando por parte de Andrés Manuel López Obrador a la detención de Emilio Lozoya y su delación ante la Fiscalía para salvar un poco su pellejo y sus millones. Su honra vale una bicoca. Caray, que miserable es la condición humana.
Otra arista identificable del monstruo que es Internet y la pandemia: los dos hermanos de 17 y 18 años los cuales transmitieron en ’tiempo real’ cómo le daban bebida y cigarro a su hermano de 3 años en la colonia Lomas del Refugio, en el sur de Saltillo, en pleno confinamiento y aburrimiento (10 de agosto), imagino son alumnos de escuelas públicas, muy bien que la Fiscalía haya tomado conocimiento y que la Procuraduría para Niños, Niñas y la Familia ya hayan intervenido. Pero, ¿y la Secretaría de Educación Pública de González? Con un desempeño de gris a mediocridad, el gobernador Miguel Ángel Riquelme tiene aquí una bomba en su administración.
¿La SEP de Higinio González, funcionario el cual se la pasa subiendo sus clases de ’liderazgo’ de la UANE en sus redes sociales, ya hizo una investigación de quienes son o han sido los maestros de los jóvenes de 17 y 18 años; dónde estudiaron, hábitos, actividades extracurriculares, desempeño escolar, calificaciones, involucramiento de los padres…? No hay temor de Dios y menos cuidado de las autoridades educativas, simplemente no pueden. ’Regresar’ a clases ha sido un caos y desorden. Espere un tríptico de textos.
LETRAS MINÚSCULAS
’Ven, sé mi seguidor’, se lee la invitación de Jesucristo en Marcos 10:21. Caray, dicha invitación la debería de tomar el monje Raúl Vera López y su beata de cabecera, Jaqueline Campbell. Regresaré al tema recargado.


Ver nota completa...

Escríbe al autor

Escribe un comentario directo al autor

Suscríbete

Recibe en tu correo la información más relevante una vez al mes y las noticias más impactantes al momento.

Recibe solo las noticias más impactantes en el momento preciso.