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Trump confirma su ideología supremacista en informe a la nación

Trump confirma su ideología supremacista en informe a la nación
Política
Febrero 26, 2026 21:25 hrs.
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Luis Manuel Arce Isaac › tabloiderevista.com

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Quien todavía tenía dudas de la ideología nazi-supremacista de Donald Trump, debe de haberlas despejado si escuchó su mensaje a la nación del 24 de febrero cuando dedicó una hora y 47 minutos a elogiar todas sus barbaridades, muy propias de Hitler, que ha hecho en un año y un mes, presentándolas adornadas de burdas mentiras y haciéndose acreedor de un custionado ’retorno’ a la grandeza de Estados Unidos.
En algo no mintió, y es en considerarse como el único presidente del mundo capaz de hacer todo lo que ha hecho.
Es decir, provocar guerras de cualquier naturaleza: militares, económicas, monetarias, comerciales, sociales, ejecutar limpieza étnica, arrasar con la migración productiva, crearse enemigos en todas partes del universo, insultar y denigrar a sus semejantes sin importar rango ni nivel social, considerar simios a los negros, ser el dios del miedo impositivo de alta productividad para sus intereses, y muchísimo más.
No fueron cualesquiera mentiras las que dijo, sino todas de gran kilate, como un supuesto enorme triunfo de su MAGA, el ICE fascista lo mejor y más noble del mundo, la necesidad de barrer las instituciones democráticas y concretar el nuevo orden internacional que estima sustituirá a todo su entarimado organizacional en el mundo, empezando por la desaparición de la ONU, y demostrar con ello que es verdad su gran mentira de que ’nuestra nación ha vuelto: más grande, mejor, más rica y más fuerte que nunca’, y que su ejército es imbatible.
No le dio ni la más mínima vergüenza que todo lo informado lo desmiente la casi segura estanflación a la que lleva al país con su guerra arancelaria, la inflación galopante, los altos precios de los servicios que ha provocado su política interna, entre ellos los de la vivienda, la baja del poder adquisitivo de los trabajadores, y los peligros de una desdolarización que él ha impulsado con su errática guerra comercial y financiera.
No le tembló la voz al mentir que las tasas hipotecarias ’están cayendo’ cuando siguen por los cielos. Pero una falsedad sumamente grave: que la producción petrolera y la inversión extranjera ’están en máximos históricos’ cuando su extracción física mediante el fracking se hace cada vez menos voluminosa y más costosa, y sus inventarios los tiene que mantener con petróleo ajeno, a lo que ha incorporado ahora el robo de crudo en altamar.
Estados Unidos hace años que no extrae ni un barril de petróleo de manera tradicional porque sus yacimientos se han agotado. Lo que prevalece es el bitumen que le cuesta un dineral extraerlo y procesarlo. Incluso, su merma es acelerada y eso lo lleva a apropiarse desesperadamente de yacimientos en el extranjero, como hizo en Iraq, y quiere hacerlo con Siria, Irán, Venezuela, Nigeria y otros muchos países productores.
Dijo que ha ’puesto fin a ocho guerras’, pero no que fue Estados Unidos el país que las inició y no las ganó; y si negoció, fue porque sus ejércitos, y sus amenazas, fueron incapaces de mantener la ocupación militar.
En nada le importó que las mentiras fueran descomunales, como los supuestos beneficios de una intervención fascista en Minnesota bajo falsos argumentos, parte de su estrategia de impedir (o en su defecto, amañar) las elecciones intermedias de noviembre próximo donde se juega su permanencia en la Casa Blanca.
Trump, condenado sin sanción por haber robado y llevado a su residencia de Mar a Lago información oficial y privilegiada para uso personal, en su primer gobierno, mintió descaradamente al prometer frenar el tráfico de ese tipo de documentos clasificados en el Congreso, que él mismo, seguramente, continúa siendo el primer protagonista.
Y lo mismo hizo cuando se comprometió a proteger a la niñez y la juventud, siendo un connotado pedófilo —cuya responsabilidad en las atrocidades del delincuente sexual Epstein en cuyos expedientes aparece nombrado Trump decenas de veces a pesar de haberlos limpiado antes de publicarlos—, lo cual levantó una ola de indignación en la sala del congreso, incluso hasta en legisladores republicanos.
Fue vergonzoso que hablara de ’piratas somalíes que saquearon Minnesota’, vinculando inmigración con criminalidad, cuando el pirata mayor es él mismo en persona, pues son sus órdenes las que cumple la Marina cuando roba buques cargados de petróleo ajeno y lo lleva a sus refinerías del Golfo de México para procesarlo y venderlo al mejor postor o usarlo en el país, o hunde lanchas sin averiguar primero qué transportan, y sin dejar vivos a testigos.
Los demócratas, y varios republicanos, denunciaron que, más allá de ’un completo desastre’ lleno de ’mentiras, propaganda y odio’, el discurso de Trump ratificó su ideología fascista, su peligrosísima política antinacional, divisionista y provocadora, que hará más evidente el aislamiento internacional de Estados Unidos, el cual está ocurriendo desde el mismo 20 de enero de 2025 cuando ocupó el ’trono’ en Washington.
El tono amenazante del supuesto informe —pues no tuvo ese carácter, sino un inventario de amenazas directas o insinuadas— llegó a su climax cuando, mirando directamente el rostro de cuatro magistrados, Trump calificó de ’muy desafortunada’ y ’decepcionante’ la decisión de la Corte Suprema de bloquear su proyecto arancelario favorito.
Lo jueces, sentados en primera fila, probablemente de los menos que votaron a su favor, deben haberse sentido humillados porque ni aplaudieron, ni sonrieron, como los legisladores conservadores que apoyaron su diatriba contra el máximo órgano de impartición de justicia.
Se podría escribir un libro sobre esta desagradable y perniciosa comparecencia que algunos piensan fue un despropósito de Trump para que las críticas se concreten a las barbaridades que dijo, y no a las que hace, como, por ejemplo, desviar la atención de lo que está provocando en estos momentos en el golfo Arábigo-Pérsico con la nueva amenaza de guerra a Irán, olvidar el tema de Venezuela, las críticas y denuncias por el criminal bloqueo a Cuba y la ilegal e ilegítima decisión de imponer impuestos extraterritoriales los países y empresas que suministren crudo, alimentos y medicinas a la isla.
¿A qué le teme Trump? A que no pueda seguir con sus violaciones del orden internacional, de los derechos que lo sustentan, a que crezca la creencia de que con él, EE.UU. caiga en la crisis de estancamiento económica con inflación de la cual advierten los especialistas, que logren detener su xenofobia racista y se disuelva su ejército mercenario del ICE y se desate una escandalosa cadena de juicios y sanciones, que haya una rebelión de empresarios, y que con todo ello pierda credibilidad ante su MAGA y esta le dé la espalda.
Le teme también a que sus asuntos de corrupción, en particular los referidos al aprovechamiento de la presidencia para beneficio personal, y los de inmoralidad pederasta y acoso sexual, finalmente se desaten con fuerza de huracán y terminen por ahogarlo.
Por tanto, es necesario tomar como corresponde un informe tan loco y plagado de mentiras increíbles, pues es evidente que generalmente ese tipo de discurso responde a una táctica que toma menos en cuenta un cuestionamiento a su veracidad como al efecto que se busca, y en ese sentido Trump es un experto efectista como lo ha demostrado en el escándalo de Epstein que cada vez que llega a un pico, él hace algo contundente para bajarlo y no se hable más del caso.
Y, como han expresado varios analistas, su referencia negativa a la Corte Suprema y los aranceles, no solo tiene el objetivo de amedrentar a los jueces, sino achuchar contra ellos a sus súbditos del MAGA y del ICE induciéndolos a pensar que no actúan correctamente, al igual que hace al criticar a las instituciones del país, que dan vida a la democracia, y al violar sus reglas y normas.
La mentira, en grado de saturación, por tanto, es un arma predilecta de Trump porque la toma, o la hace apreciar en su público, como una demostración de fuerza que los estimula a actuar y reaccionar en la forma e intensidad que él considere.
Es, digamos, su forma predilecta de neutralizar a la Corte e impedirle entrar en el terreno retórico del Ejecutivo. Esas intenciones le están fallando, y cualquier descalificación pública de los magistrados lo pone nervioso, por eso busca erosionar la confianza en el Poder Judicial porque conoce que sus decisiones son respetadas por la gente.
Hay que romper todas esas creencias publicitadas por Trump, e impedir que el exceso de exageraciones sea un arma a su favor, convertirlas en lo contrario a fin de que su credibilidad sea erosionada de forma irreversible, y ese pretendido informe (o mejor, desinforme) a la nación se convierta en un hándicap para él y sus secretarios.
Aplicando el pensamiento racional y la correlación de fuerzas en el mundo, e incluso dentro de los propios Estados Unidos, la era del trumpismo no debería extenderse mucho, y menos ser considerada una doctrina, sino más bien una aberración de la peor.

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