El Ágora

Un llamado a la unidad nacional

Un llamado a la unidad nacional
Política
Marzo 01, 2026 22:51 hrs.
Política ›
Octavio Campos Ortiz › tabloiderevista.com

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En estos momentos, más que nunca, el gobierno requiere de llamar a la unidad nacional, no con las coyunturales y patrioteras convocatorias en defensa de un obsoleto concepto de soberanía nacional, ni las chauvinistas alertas de salvaguarda del territorio nacional de imaginarias invasiones extranjeras o huecos coros de ’mexicanos al grito de guerra…’.
Hoy urge una redefinición del pacto social para refundar el Estado mexicano con apego a la ley, incluido el régimen mismo y avanzar juntos en la consecución de objetivos comunes como la democracia, el bien común, la realización plena de los gobernados y lograr el regreso de la paz social y la tranquilidad pública.
La cohesión social necesita la suscripción de un nuevo pacto social, donde todos los componentes del Estado se comprometan a respetar las reglas de una sana convivencia en comunidad y renunciar al libre albedrío.
Ello implica la reformulación de las normas que dan certeza jurídica, el respeto a ese marco legal y el compromiso de aportar lo mejor de sí para que, en cada trinchera, se labre un país con desarrollo, crecimiento, paz y bienestar. El gobierno debe ser el primero en asumir responsabilidades que garanticen el respeto al Estado de Derecho, se comprometa a salvaguardar la vida y patrimonio de todos los mexicanos, recuperar la gobernanza y coadyuvar al fortalecimiento de la democracia, respetar las instituciones que forman la República, alentar la división de poderes y aceptar la observancia de los organismos constitucionales autónomos, la transparencia y la rendición de cuentas.
Mientras las administraciones de la 4T no reconozcan lo prioritario que es acotar el poder público, no se tendrá autoridad moral para hacer el llamado a la unidad nacional, a la refundación del Estado Mexicano moderno.
Así como no se garantiza la seguridad pública y nacional solo con la captura de capos, mediante la exigencia e inteligencia del gobierno americano, tampoco se puede refrendar la democracia con iniciativas que quieren regresar a las elecciones de Estado, a los comicios bajo el control gubernamental, al sistema de carro completo, donde la democracia se entiende como ’El Estado soy yo’ e impone su democracia como acto de fe porque se hace a nombre del pueblo. Para avanzar en la recuperación de la seguridad y la paz pública es necesario acabar con la connivencia entre autoridades y crimen organizado.
Para avanzar en la democracia se debe alentar la oposición que evite los partidos hegemónicos y fortalezca el pluripartidismo, transparentar la función pública con órganos independientes que anulen la opacidad gubernamental, reconocer que, en una República, los poderes de la Unión son iguales y que entre ellos vigilan y acotan el ejercicio arbitrario de la res pública.
La reforma electoral, de aprobarse -como será con un abyecto poder legislativo-, será el último clavo en el ataúd de nuestra inacabada democracia, la cual no es barata, pero si funciona vale la pena la inversión. La democracia no es cuestión de pesos y centavos, sino forma permanente de vida que cada vez la hacemos más lejana.
El buen gobierno debe compartir el poder, la administración de los actos de autoridad y reconocer la competencia de sus pares. Las iniciativas son solo un parche, remedios paliativos para el cáncer que es la ambición de poder por el poder mismo. Si tuvieran visión de Estado el propio gobierno propondría una renovación del pacto social, un urgente llamado a la unidad nacional, no buscaría su supervivencia.
Otro componente del Estado es la población, quien renunció a sus derechos naturales para convertirse en ciudadanos que aceptan el principio de autoridad para vivir en comunidad con paz y tranquilidad social. Sin embargo, también el ciudadano ha fallado y contribuido al deterioro del paco social.
A los mexicanos tampoco les gusta cumplir con la ley y alientan la corrupción, y normalizar el deterioro del Estado de Derecho, la violencia y la cultura del narcotráfico; aceptan la paz narca y a las autoridades impuestas o en connivencia con el crimen organizado. Consumen y promueven el comercio informal, así como las prácticas desleales y son partícipes de la polarización social que fomenta el gobierno. Nos acostumbraron a extender la mano a cambio de sostener el proyecto político que divide a los mexicanos y estigmatiza la realización y superación personal.
Se resquebraja el pacto social y no escuchamos las alertas de que sucumbimos como país.
Urge la unidad nacional para refundar nuestra nación.

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