Urge decretar ley emergente para someter a la delincuencia común y organizada - IMPERTÉRRITO - Álvaro Obregón - tabloiderevista.com

IMPERTÉRRITO

Urge decretar ley emergente para someter a la delincuencia común y organizada

Diego Alcalá Ponce

Urge decretar ley emergente para someter a la delincuencia común y organizada

Política

Mayo 06, 2021 20:56 hrs.
Política Nacional › México Ciudad de México
Diego Alcalá Ponce › Club Primera Plana

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Lo reconozcamos o no, la seguridad y la suerte del país están en manos de los delincuentes y a nadie parece importarle. La estabilidad socioeconómica, política y educativa están en grave riesgo. De continuar así, dentro de poco la vida nacional será un verdadero infierno, aunque, de hecho, muchos pueblos y ciudades ya lo están padeciendo. Los demonios andan sueltos y alguien tendrá que detenerlos, antes de que sea demasiado tarde.
De no enfrentar a estos criminales que ya han enlutado a muchos hogares mexicanos, de un momento a otro puede llevarnos a vivir una grave situación de inestabilidad social de proporciones inimaginables. Pero lo que sorprende, llama la atención y preocupa al extremo, es la tibieza de las autoridades y la incapacidad de la Guardia Nacional y la policía para combatirlos hasta el exterminio. Ante tan negro panorama, no queda más que el contraataque frontal, decisivo y sin tregua de las autoridades. El hampa nos ha rebasado y se ha adueñado de la seguridad del país. Estamos en las manos de los delincuentes y nos harán lo que quieran si antes no los sometemos como se debe. ¡Son ellos, o nosotros!
Ante la creciente ola de delitos y sin control alguno, no queda más que aplicar la ley con rigor y sin contemplación alguna. Parecerá exagerado, amable lector, pero para una mayor efectividad y contundencia, urge decretar una ley emergente temporal para someter en poco tiempo a los delincuentes de todo tipo. Ante la benevolencia de las leyes vigentes para los delitos que, dizque ’no ameritan castigo corporal’, deben buscarse alternativas que las sustituyan temporalmente.
Por el bien de todos, urge consensar y decretar, cuanto antes, una ley emergente para castigar todo tipo de delitos, sin importar edad, agravantes, atenuantes, derechos humanos y todos esos absurdos que obstaculizan la justica. Así, por ejemplo, con la advertencia de que, mientras esté vigente la citada ley, todo delito ’menor’, -independientemente de los homicidios-será castigado con penas corporales sin libertad bajo fianza y tampoco derecho a defensa, podría ser una posible solución a este infierno que se vive todos los días en todo el país. ¿Quién podría oponerse?
En base a esa ley emergente, los delincuentes comunes que asalten, roben, violen, secuestren y asesinen, no deberán salir libres por ningún motivo. El castigo tendrá que ser ejemplar de aquí en adelante, o nos lamentaremos por no haber actuado decididamente. Se aplica la ley con mano dura a los malhechores, o ellos seguirán imponiendo la suya con ’sus propias reglas’. Cuánta razón tenía Porfirio Díaz al ser tan drástico para aplicar la ley contra aquellos delincuentes-no revolucionarios-que se resistían a respetarla. ’La sangre que se derramó, decía, mala; la que quedó, buena’. Desde luego que este método no les pareció a muchos, como tampoco quizá ahora, pero… ¡Acaso hay que esperar a llorar en casa, para entonces pedir ’todo el peso de la ley contra los agresores? ¿De qué servirá llorar después si el daño irreparable ya está hecho? Ojalá se entendiera…
Amable lector: tal vez seamos un poco pesimista, duro y hasta cruel al plantear esta alternativa, pero con una Guardia Nacional y policía maniatadas por las propias leyes que les impide hasta el absurdo de esposar a los delincuentes, y mucho menos someterlos por la fuerza, es necesario considerar todas las posibilidades si queremos salir bien librados de esta galopante y apocalíptica amenaza de todos los días, de todas horas, de cada momento y en cualquier lugar.
La CNDH, por su parte, por ese malentendido de no saber realmente a quiénes proteger ante la violación de sus más elementales derechos, por cuestiones políticas y populistas, se inclina más por los infractores que por los perjudicados. De ahí que, ante el grave atropello a la ciudadanía, ese ’candado legal’ del que se valen los delincuentes tiene que ser suprimido para evitar más abusos.
Comparados con el resto de la población, los delincuentes son unos cuántos. ¿Por qué permitirles tanto? ¡Son ellos, o nosotros! ¿Usted qué opina, amable lector?

diegoalcalaponce@hotmail.com


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