Arce Isaac Noticias
Luis Manuel Arce Isaac
Algunas personas se preguntan si la mejor opción para Donald Tump es mantener preso a Nicolás Maduro, quien se considera prisionero de guerra y no como lo califican de narcotraficante, y mantener además la falsa narrativa de que el petróleo venezolano es suyo y gobernará al país suramericano desde Washington por tiempo indefinido.
Para responderla, es necesario recordar primero que el secuestro es el punto culminante de un largo proceso de injerencia, conspiración y sabotaje dirigido por Trump desde al menos el año 2019.
Fue él quien activó una política de hostilidad abierta contra Venezuela, impuso sanciones unilaterales a la industria petrolera que redujeron los ingresos nacionales en más de un 99%, generando un impacto devastador sobre la vida social y los derechos humanos del pueblo venezolano fue una de las causas estructurales de la diáspora venezolana.
Trump fue quien bloqueó comercialmente a Venezuela e impidió que las empresas de bienes y servicios de su país operaran allí. Fue Donald Trump quien se negó a reconocer las instituciones republicanas y cerró el diálogo con el gobierno, inventando un gobierno paralelo y títere encabezado por un agente nacional llamado Juan Guaidó.
Todo porque Venezuela posee la principal reserva petrolera certificada del mundo, vastas reservas de gas, oro, coltán, cobre y plata, además de una inmensa biodiversidad, grandes reservas de agua dulce y una posición geoestratégica privilegiada, y así lo acaba de revelar en una declaración el ministro de Comunicación de Venezuela Freddy Ñañez dirigida a la Reunión Extraordinaria Intercontinental del Movimiento Poético Mundial (WPM).
EEUU necesita petróleo en grandes cantidades
Al margen de lo que acaba de denunciar Ñañez, hay muchas y muy variadas respuestas que se acercan al dilema de Trump por escoger la fuerza bruta como vía para ocultar las debilidades estratégicas que muestra Estados Unidos en esta época de cambios.
Una de ellas es la que sostiene que Estados Unidos necesita petróleo en grandes cantidades una parte del cual debe traer desde Arabia Saudita y otros lugares lejanos, cuando lo tiene tan cerquita y de forma abundante en Venezuela, México y Canadá, y algo también en Groenlandia que, por cierto, no es solo hielo, sino un gran conjunto de minerales y un malecón desde el cual presionar a Canadá.
En sus cálculos, obtener un petróleo extranjero barato y abundante que compensa los altos costos de su industria extractiva basada en los esquistos bituminosos y la técnica del fracking, es una muy beneficiosa opción que no puede poner en peligro. Los términos que propuso a esos tres países para garantizar el suministro -al parecer apuntaban a una pérdida de soberanía sobre sus recursos naturales respectivos- no encajaron en los proyectos de la revolución bolivariana ni de la IV Transformación mexicana. Canadá ha mostrado también rechazo, aunque más diplomático.
Trump confronta a Venezuela, México y Canadá
De esas tres naciones, aunque Trump las confronta a todas, la que más ojeriza despertó en él fue Venezuela, no porque Nicolás Maduro se negara a negociar un acuerdo petrolero de beneficio mutuo por la intolerancia del mandatario a manifestaciones de independencia, sino porque desde la presidencia de Hugo Chávez el pueblo bolivariano consideró como asunto de seguridad nacional la preservación del petróleo como propiedad del Estado, y así quedó constituido.
Lo enfermizo de Trump es que, como develó Ñañez, todos los acuerdos discutidos con posterioridad a los ataques con la presienta en funciones Delcy Rodríguez habían sido ya propuestos previamente por el presidente Nicolás Maduro Moros, quien insistió de manera permanente en el diálogo y en una salida política y diplomática frente a la amenaza militar y, sin embargo, presentó la propuesta venezolana formulada en el diálogo pacífico, lo presentó como una victoria militar.
No era necesario el secuestro ni los muertos
Si hubiera aceptado lo negociado entonces, no tendrían que haber muerto 100 soldados venezolanos y cubanos, no tendrían que estar heridos más de 100 civiles, no tendrían que estar heridos decenas de soldados norteamericanos ni haberse puesto en riesgo la paz continental. Fue la arrogancia supremacista quien se impuso y cruzó las líneas rojas de lo moralmente aceptable y lo legalmente tolerable, como expresó el ministro Ñañez.
En lugar de negociar y llegar a acuerdos aconsejables, los sucesivos gobiernos estadounidenses, demócratas o republicanos, fijaron como meta del imperio recuperar el control del crudo que mantuvieron por años hasta el último gobierno neoliberal encabezado por el demócrata cristiano Rafael Caldera, y el diálogo fue casi imposible por la campaña de violencia social ejecutada por la oposición política, incluido un fracasado golpe de estado en 2002 contra Chávez, y las criminales guarimbas estimuladas por la guerrerista y ultraconservadora María Corina Machado, auspiciadora de la invasión de Trump en su malcondición de Premio Nobel de la Paz. Pero ninguno llegó al extremo de Trump, lo cual demuestra su incapacidad para seguir gobernando a Estados Unidos.
Obsesión contra los BRICS y China
Con la llegada de Trump a la Casa Blanca en 2016, esa meta se renovó y comenzaron a aplicarse numerosas sanciones económicas y políticas para quebrar la revolución bolivariana, y se acentuaron a niveles de locura en esta segunda tanda trumpiana, más agresiva que su primer gobierno porque ya no se trataba solamente de Venezuela, sino del avance de China en el hemisferio mediante la agrupación de países que se les unieron, como Brasil, Rusia, India y Sudáfrica (BRICS), para contrarrestar la guerra económica lanzada por el gobernante republicano.
No hubo habilidad -sino soberbia-, ni en la Casa Blanca ni en el Departamento de Estado para enfrentar con inteligencia el gran escollo que les significaba el BRICS por las ventajas en armonía que estaba proponiendo no solamente a latinoamericanos y caribeños, sino también a africanos y asiáticos, y no lograron impedir que Venezuela se integrara a ellos cuando, incluso en esas circunstancias, se escucharon voces cercanas a Trump de bloquear al nuevo instrumento integracionista con un mejoramiento de la relación política y económica con los latinoamericanos y caribeños, pero no con las armas.
Hizo todo lo contrario y optó por la violencia en lugar del diálogo, la negociación y el respeto a la soberanía e independencia de sus vecinos, lo cual sí hacían los líderes del BRICS al no poner condición alguna a quienes voluntariamente decidieran formar parte del bloque.
Venezuela y la Doctrina Monroe
Sin considerar el repudio latino a la Doctrina Monroe, prefirió desempolvarla y tomarla como escudo de un plan expansionista muy agresivo y abierta piratería a un costo político tan alto que podría terminar con su carrera. Es un porqué de la pregunta que se hacen ya muchos en las propias filas republicanas: ¿esa fue la mejor opción en el caso venezolano?, y no se puede ocultar que, en las instancias del Estado, e incluso en el sistema partidista, se está levantando una nube de polvo alrededor de Trump que lo puede ahogar.
Hay mucho miedo tanto entre demócratas como republicanos, e incluso hasta entre empresarios petroleros, que ya ponen en dudas si les beneficiará convertirse en cómplices de Trump en el robo del petróleo venezolano y en lo que se está desatando a nivel global. Temen también a la forma aplastante y sin bulla de la reacción china, que se siente atacada ella misma con la invasión y secuestro del presidente de un gobierno aliado al que unen contratos y convenios muy firmes. Y esta es otra de las dudas que genera la pregunta de marras.
El temor a China
China condenó el secuestro y violación de la soberanía de Venezuela enérgicamente, con estilo y paciencia, sin alterarse, pero dejando ver bien claramente que lo sucedido es de su incumbencia, y por eso extraña que, en las declaraciones públicas, Trump hable de venderle a Xi Jinping petróleo venezolano robado, aun cuando Beijing sea uno de los mercados más importantes para el gobierno bolivariano.
El dragón asiático no hace bulla como el león de la Metro en la Casa Blanca, pero genera respeto. Su aliento caliente derrite la nieve que cae en Washington y Nueva York. Los bancos que se sostienen con el dólar, tiemblan, los financistas que necesariamente pasan por los mostradores del yen se persignan porque cualquier cosa puede ocurrir en las transacciones financieras que pueden convertirse en glaciales, y hasta el sursuncorda de la transmisión digital se muerde las uñas nervioso ante el temor de que la State Gris Corporation of China, apague la red eléctrica más grande del planeta, de la que dependen proveedores americanos de equipos eléctricos.
En medio de todo, en momentos de exceso de oferta y déficit de demanda mundial, los petroleros se preguntan si es bueno tener secuestrado al hombre que propuso negociar e forma justa y atractiva la compra-venta de crudo, o que lo tenga secuestrado quien, por el contrario, pretende quedarse con todo el dinero que genere el fruto robado.
Y ¿qué hará la China National Petroleum Corporation, la empresa estatal más grande del mundo, si esgrime su poderosa arma energética y anula contratos de suministro de petróleo con refinerías americanas y las deja como al gallo de Morón, sin plumas y cacareando? Es otra inquietud.
De nuevo a la pregunta
Entonces, vuelven a la pregunta: ¿qué es mejor, soltar a Maduro y regresar a un estatus de negociaciones y dejar en paz finalmente a los venezolanos, o jugar con el mono y no con la cadena hasta provocar una catástrofe en el mercado y en las líneas de suministro que pueda terminar en un estrangulamiento energético de EEUU?
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Y finalmente, otra pregunta más. ¿Y si Trump busca hacer lo mismo con México como ha dicho? ¿Se quedarán solamente sin aguacates, o sin luz también?